Houllebecq, en la portada de la revista satírica «Charlie Hebdo» (Detalle)
Houllebecq, en la portada de la revista satírica «Charlie Hebdo» (Detalle)
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En contra de Michel Houllebecq

Para la periodista y escritora Inés Martín Rodrigo, el escritor francés es un payaso que se ha vuelto previsible

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En la última entrevista a Houellebecq que apareció publicada en este suplemento (en septiembre de 2014), el autor francés se quejaba amargamente de que «la prensa nunca ha dicho una sola verdad sobre mí». Pero les aseguro que esto es verdad de la buena, puritita verdad: no me gusta Houellebecq, ni como escritor ni como personaje. «Uy, lo que ha dicho», dirán algunos, defensores de la modernez que obliga a promulgar a santos literatos sin revisar, con el paso del tiempo, las condiciones del contrato. «Hala, por fin lo dije», les respondo yo, y me quedo más a gusto, casi, que cuando renuncié a seguir leyendo «Serotonina». Sí, hay novelas, y escritores, a los que una puede abandonar sin miedo al arrepentimiento, porque se lo han ganado a la fuerza.

Perejil de todas las salsas

En mi caso, renuncié al supuesto talento de Houellebecq después de «Plataforma», y eso que «La posibilidad de una isla» y «El mapa y el territorio» no me disgustaron. Pero él, su personaje, ese que ha terminado devorando a la persona, me empachó hasta estomagarme. Reconozco que su voz primeriza me impactó, aquella descarnada, y descarada, manera de contar que desplegó en «Las partículas elementales» y que nos dejó a todos con la boca abierta. Hoy, ni siquiera logro intuir en su narrativa al escritor que un día descubrí. Se ha dejado arrastrar por el histrionismo físico que siempre le acompaña y, convertido en perejil de todas las salsas, no sabe en qué berenjenal mediático meterse para llamar la atención («Donald Trump es un buen presidente», escribe en el número de enero de «Harper’s Magazine») de los medios, más interesados ya en sus barrabasadas que en la crítica de sus obras. Dicho esto, coincido con lo que afirma Thierry Clermont en «Le Figaro»: «Serotonina» es «aburrida» y está «mal armada». Y añado: lo peor que le puede pasar a un payaso es que se vuelva previsible.