Michel Houllebecq, siempre controvertido
Michel Houllebecq, siempre controvertido
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A favor de Michel Houllebecq

Su última novela, «Serotonina», ha vuelto a despertar la polémica. La poeta y novelista Luna Miguel defiende al escritor francés

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Las palabras más acertadas sobre la misoginia de Michel Houellebecq se las he leído a Virginie Despentes. En una conversación con Antonio J. Rodríguez, la escritora aseguraba que, al contrario de lo que se piensa, el autor de «Plataforma» es una voz crítica con el machismo. De hecho, buena parte de sus reflexiones alrededor de la masculinidad tienen que ver con su ocaso, con las exigencias de la sociedad sobre el comportamiento masculino e, incluso, sobre la impotencia de no saberse dentro de los cánones, absolutamente decrépito, deprimido, inútil. Despentes lo dijo así: «No creo que Houellebecq tenga cariño por su discurso de odio a las mujeres, es más bien el síntoma de una masculinidad blanca que no puede ir más allá».

Autoparodia

Vale la pena recuperar esta precisión ahora que se publica «Serotonina», un artefacto tan complejo y susceptible de ser malinterpretado como lo fue «Sumisión», no ya por la cuestión política, sino por su retrato de la torpeza del hombre blanco heterosexual y de mediana edad a la hora de entender al género opuesto, precisamente en un momento en que el centro del debate es el feminismo. También escribió Adam Kirsch, a propósito del terrorismo del movimiento Incel, que, bien analizadas, las obras de Michel Houellebecq son «más urgentes que nunca». «Su misoginia -apuntó el periodista- debe leerse con la sospecha y la resistencia que tales ideas merecen». Pero es importante la asquerosidad, la genitalidad, la autoparodia y el óxido desde el que habla el novelista. Algunos dirán que su obsesión con los personajes machistas o con la exposición descarnada del sexo es pura provocación. Y sí. Pero me gustaría pensar que, además de unas cuantas risas y arcadas, lo que su narrativa provocará es un verdadero cambio.