Así fue la restauración del Pórtico de la Gloria: alcanzar el cielo con las manos y curar las heridas de mil años

ABC subió en 2009 al andamio con los restauradores que han redescubierto el monumental friso en todo su esplendor

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La Reina Doña Sofía asistirá hoy a la inauguración de la restauración, concluida ya, del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela. Hace 9 años, con los trabajos recién comenzaos, ABC tuvo la oportunidad de subirse a los andamios con los restauradores, expertos en piedra y en arte románico, que trataban de curar las heridas de mil años de intemperie sobre el conjunto monumental en el dintel de Santiago. Y así lo contábamos:

Por primera vez pueden verse estas esculturas desde tan solo unos centímetros. Por primera vez nos acercamos hasta no perder detalle. Subidos a un andamio, a más de 6 metros de altura, mil años nos contemplan. El tiempo se deshace entre las manos, los ropajes, los pies y los rostros de estas dulces creaciones que representan el cielo, presidido por el Pantócrator. Los encontramos vivos, palpitantes, tal y como los contemplaron los artesanos que en el siglo XII comenzaron a esculpir estas moles de granito, bajo las órdenes del Maestro Mateo.

Goya decía que el tiempo también pinta. Visto lo visto, diríamos que también sabe de escultura. Porque el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela siente la pátina de polvo y soles, de humedades y fríos que durante un milenio han dado en la piel de la piedra. Por ello estamos aquí, porque la Fundación Barrié de la Maza ha decidido que la obra maestra de Mateo sea el monumento más estudiado y cuidado de España.

El andamio, hecho a medida, permitirá que los expertos dirigidos por la conservadora del IPCE, Concha Cirujano, estudien la situación de las esculturas y el comportamiento de la estructura del conjunto al menos durante un año, para tener datos de las cuatro estaciones. El equipo multidisciplinar ha instalado detectores y testigos (fisurómetros, inclinómetros, medidores climáticos y de vibraciones) que irán arrojando información para que finalmente, en 2010, se tome la decisión más acertada en cada caso: intervenir y limpiar en ocasiones y otras veces sólo prevenir, abriendo más las puertas para ventilar la humedad entre otras medidas.

El sol y el rocío se alían

Según explica Cirujano, el clima lluvioso y las grandes afluencias de visitantes potencian las condiciones fluctuantes, de condensación y de temperatura, y de la humedad absorbida por ósmosis desde el subsuelo y el escombro que colmata la torre. Los restos de policromía sufren porque contra ella se alía el rocío con el sol, que da de lleno en el conjunto al atardecer, en una epifanía de luz que el maestro Mateo buscaba para su representación de la Jerusalén celeste.

Mientras llega el final del diagnóstico la fundación gallega organizó visitas guiadas para compartir con la sociedad esta visión increíble de una de las grandes obras de arte de la historia. Cuando los técnicos no necesiten estar sobre el andamio, y el culto de la catedral compostelana lo permita, grupos de 10 personas ascendían por la escalera angosta del andamio, a esta representación de los cielos. Absténganse los que padecen vértigo.

Los diez «elegidos» de cada visita, en grupos de mañana y tarde, no podían tocar nada, claro, pero viendo desde tan cerca la delicada gloria de este Pórtico, patrimonio de la humanidad, casi se hace realidad el dicho de «tocar el cielo con las manos». Cuando Mateo y su taller, su obradoiro, esculpieron el Pórtico, no estaba previsto que nadie lo viese con tanto detalle.

Los 6 metros que separan el suelo del dintel sobre el que se yergue el tímpano historiado son demasiados para apreciar la meticulosidad del artesano. Sin embargo, a pocos centímetros, cada rostro, cada pie, cada pliegue de las túnicas es un espectáculo, un alarde de observación del natural. Y aún cabe imaginar las esculturas policromadas para apreciar cómo fue el original.

Mateo salta los límites del románico. No sólo es la famosa sonrisa del profeta Daniel que rompe el molde del hieratismo bajomedieval (la primera sonrisa del gótico). Son muchas las figuras que se salen de los elementos arquitectónicos, de las arquivoltas tanto como de las rígidas ideas que nos llevaron a pensar que el románico es puro arcaísmo. Lo cierto es que, desde aquel tiempo de monjes, trovadores y caballeros, de monasterios y de amor y fe de hierro, la calidad de los maestros canteros ha sabido atravesar los siglos. Y aún nos impresiona.

La catedral es un libro de piedra. En el arco de la nave derecha, algunas almas se condenan, con gestos de pavor. Las almas justas son como niños que los ángeles conducen en brazos junto al Señor. Aquí y allí se aprecia un movimiento y una factura increíble. Tanto que los instrumentos musicales que portan los ancianos, fueron reconstruidos por la Fundación Barrié siguiendo exactamente su «retrato» en el Pórtico y volvieron de su noche de piedra, al sonido y la resonancia de la madera y la cuerda.

A partir de hoy, los restauradores del pórtico han curado sus heridas para que todos volvamos la vista casi mil años atrás.