«Se han ensañado injustamente con Godoy»

POR NATIVIDAD PULIDOFOTO: JULIÁN DE DOMINGOMADRID. Cuatro generaciones han pasado desde que Carlota Luisa, hija de Godoy, se casara con el principe italiano Camilo Rúspoli. Tenemos cita en el Casino

POR NATIVIDAD PULIDO. MADRID
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Cuatro generaciones han pasado desde que Carlota Luisa, hija de Godoy, se casara con el principe italiano Camilo Rúspoli. Tenemos cita en el Casino de Madrid con uno de sus descendientes, autor del estudio preliminar y edición de estas suculentas Memorias.

-Usted publicó hace unos años «Godoy. La lealtad de un gobernante ilustrado». Ya entonces negaba cualquier traición de su antepasado a Carlos IV y a la patria. -El Rey le pide a Godoy que, mientras viviera su hijo, no publicara sus Memorias. Mantuvo esa promesa; fue absolutamente leal a esta petición, que significaba la renuncia a defenderse. Fernando muere en 1833 y es entonces cuando inicia sus Memorias. Que un político renuncie a defenderse es bastante insólito. También fue leal a la patria. Pero se le presentó como traidor a ella porque en el Tratado de Fontainebleau se acuerda que en el reparto de Portugal se le dé el principado del Algarve. Eso se entendió como que había accedido a la entrada de Napoleón. Pero lo que hizo fue amparar al Rey con el Ejército: quería llevarlo a Sevilla y a Cádiz.

-Otra deslealtad que siempre ha llevado a cuestas es el adulterio con la Reina María Luisa.

-Fue uno de los principales motivos del desprestigio de Godoy: creer que accedió al Gobierno por sus amoríos con la Reina. Ese bulo lo iniciaron los republicanos. La Reina tuvo veintitantos embarazos y 13 partos. Cuando la conoce Godoy tiene 17 años más que él, no tiene dientes... No era apetecible para un joven de 21 años. Y era muy difícil que las reinas fueran infieles. Fue una manipulación tremenda.

-«Mi vida entera ha sido calumniada», dice Godoy...

-Y añade: ni siquiera han sido capaces de reconocer un solo logro de mi mandato. La primera calumnia fue la de los amoríos. La segunda, decir que no era de familia noble, que era un patán, un choricero... Procedía de una familia noble de provincias.

-Fue tomado como chivo expiatorio... ¿por Napoleón, por Fernando VII, por la nobleza?

-Por Napoleón yo creo que no. Lo que quería era derribarlo y lo consigue. Todo procede de la camarilla de Fernando VII, que le mete en la cabeza al joven príncipe que su padre no le quiere, que su madre es una adúltera...

-No le perdonaron a Godoy su ascensión meteórica...

-Eso no lo perdona nunca la nobleza. Pasa siempre.

-El lunes se celebra el bicentenario del Motín de Aranjuez. Un buen momento para revisar la Historia.

-Sí, y creo que es un acierto reeditar antes estas Memorias. La disculpa del Motín de Aranjuez fue derribar a Godoy, que le vino muy bien a Napoleón y a la camarilla de Fernando VII.

-Usted habla de la soledad de Godoy. ¿No le apoyó nadie?

-La lealtad de Godoy a Carlos IV fue tan absoluta que derivó en una soledad total. El Rey quiso evitar depender de los partidos de Floridablanca y de Aranda y crear a alguien a su imagen. Eso significaba que Godoy no tendría ningún apoyo. El único que tiene es el del Rey. Pero esa soledad de Godoy es también la soledad de los Reyes. Godoy creía que la Monarquía era intangible y que eso derivaba en su propia intangibilidad. Se equivocó. Fue su error personal: menospreciar la opinión pública y la fuerza de las otras facciones.

-Dibuja a Godoy como un hombre ilustrado, mecenas de las artes... ¿Su defecto fue la ambición?

-En sus Memorias dice que nada de lo que logró fue por ambición, sino por el deseo del Rey de elevarlo. Lo nombra Príncipe de la Paz, lo casa con su prima, lo hace generalísimo. Ser nombrado almirante con el título de Alteza Serenísima colmó los ánimos.

-¿Cuál fue su relación con Goya?

-Pudo conocerlo a través de su mujer, porque había pintado a su familia. Godoy le hizo muchos encargos. El más relevante, la Maja desnuda, que tenía en su gabinete privado; después la vestida. En ese gabinete tenía también la «Venus del espejo», de Velázquez, que le regaló la duquesa de Alba.

-Uno de esos encargos fue «La condesa de Chinchón», propiedad de su familia, y que vendieron al Estado español por 4.000 millones de pesetas. Hoy está en el Prado. ¿Fue una buena venta?

-Fuera de España hubiera valido mucho más, pero como era inexportable no nos pusimos en contacto con ninguna institución extranjera. Comparado con los precios de Inglaterra era bajo; con los españoles, batió todos los récords. Esa venta supuso para mí un gran dolor. La legislación española no favorece las herencias. Había que pagar unos impuestos de sucesiones tan brutales... Es una confiscación a segunda generación.

-¿Conserva usted aún algunos bienes de Manuel Godoy?

-Muy poco. Le quitaron prácticamente todo. Lo que nos quedó es lo que tenía el infante don Luis y la condesa de Chinchón.

-¿Cómo fue la relación de Godoy con su esposa, María Teresa de Borbón, y con Pepita Tudó, con quien tuvo dos hijos?

-La suya fue una boda de Estado; él mismo lo dice en la carta que le envía a la condesa de Chinchón, que tenía 16 años y estaba en un convento, pidiéndole que se casara con él. Fue una decisión de Carlos IV. Godoy ya conocía a Pepita Tudó. Durante un tiempo intenta apartarla, pero después vuelve con ella. Es evidente que fue infiel.

-¿Cree que la Tudó fue la modelo de las Majas?

-Se ha defendido con verosimilitud. No creo que sea la duquesa de Alba. Aunque podría serlo, porque parece que Godoy tuvo una historia con la duquesa de Alba, según unas cartas.

-Isabel II firmó la rehabilitación de Godoy en 1847, pero éste murió en el exilio y en la miseria.

-Vivió 41 años en España y 43 en el exilio. Somos muchos los que queremos que se rehabilite, pero creo que los tópicos son muy fuertes e irracionales. En las escuelas se sigue enseñando lo mismo. La mayoría de los historiadores del periodo defienden su figura. Cuando publicó las Memorias tuvo defensores como Blanco White, Larra... Se dudó incluso de la autenticidad de las Memorias. Son muy interesantes y conmovedoras.

-El Ayuntamiento de Badajoz pretende repatriar los restos de Godoy desde Francia a su ciudad natal. ¿Está de acuerdo?

-Sí, totalmente. Se pusieron en contacto con mi familia, porque somos los descendientes y tenemos que dar la autorización. La hemos dado los tres hermanos. El propio Godoy expresó en su testamento el deseo de ser enterrado en Badajoz. Esa ciudad, en 1807, cuando le nombran almirante, decide erigir un monumento en una plaza. No se hizo nunca. Ahora quiere hacerse. Ya están hechos los trámites para que se devuelvan los restos.

-¿La Historia se ha ensañado especialmente con Godoy?

-Cuando yo estudiaba, había dos personajes con los que se ensañaban: el conde-duque de Olivares y Godoy. Con el primero la reivindicación llegó, sobre todo, gracias a Elliott. Con Godoy no tenemos desgraciadamente a ningún Elliott. Pero sí se han ensañado de manera tremendamente injusta con Godoy. Es muy difícil en 30 años de silencio poder rebatir todas las calumnias.

-Paradójicamente, la caída de un caballo supuso su ascenso.

-Lo cuenta su hermano Luis. Yendo en la escolta de la Reina un caballo lo derribó. Por lo visto, Godoy se alzó tan valiente y viril que fascinó a la Reina. Pero no es necesario verlo desde el punto de vista erótico.

-«Razón y verdad nunca envejecen». Son palabras de Godoy.

-Me encanta esa frase. La escribe en una carta a Martínez de la Rosa. Seguro que pensó que no pasaría tanto tiempo.