ARCO'12: entre la denuncia social y un cierto optimismo
ISABEL PERMUY

ARCO'12: entre la denuncia social y un cierto optimismo

Crisis, malversaciones, rescates financieros... Nada es ajeno al arte actual. Pese a ello, dicen, España va bien

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Segunda visita a ARCO. Es el primer día de apertura de la feria (ayer y hoy, solo para profesionales, a partir del viernes para todo el público). A las 10 de la mañana estaban invitados a un desayuno vip los más vips, o sea los coleccionistas. Se les veía por los «stands» preguntando, anotando...

Hoy se lo piensan más antes de comprar, pero ya a primera hora había puntos rojos. Instituciones como la Fundación Cristina Masaveu o el Banco Sabadell habían adquirido algunas obras. La primera, de Marlon de Azambuja y Ellen Kooi. La segunda, dos obras de Elena Asins a Helga de Alvear, que ya había vendido otras piezas de Prudencio Irazábal y Ettore Spaletti. Y ella misma ha adquirido una de Charlotte Posenenske. La Fundación Coca-Cola, por su parte, ha comprado siete obras de José Guerrero, Teresa Solar, Cristina Lucas, Adriana Molder, Bleda y Rosa y Gabriela Albergaria

Algunos coleccionistas fueron premiados ayer en la feria por la Asociación de Amigos de ARCO: la Fundación Banco Santander (coleccionismo corporativo), Han Nefkens (coleccionismo internacional) y Victorino Rosón (coleccionismo privado). Antonio Escámez, presidente de la Fundación Banco Santander, subrayó el apoyo al arte que lleva a cabo la institución que preside: atesora una gran colección de más de mil obras, que aglutina cinco siglos de arte, desde el Renacimiento hasta la actualidad. Desde hace unos años acoge en su sede de Boadilla del Monte a las mejores colecciones de arte contemporáneo del Mundo: Daros, Sandretto y, en estos momentos, la Rubell Family Collection.

El empresario gallego y abogado Victorino Rosón comenzó a coleccionar en los 90. «Este es el reconocimiento a una labor estimulante. Colecciono arte contemporáneo porque se crea en mi tiempo, y refleja sus incertidumbres, inquietudes y euforias. Me hice coleccionista en ARCO hace ya muchos años. Pese a sus crisis y altibajos, siempre ha ido a mejor. Es nuestro estandarte, un escaparate, una escuela y germen de muchos coleccionistas. Hay que apoyarlo».

Han Nefkens (Rotterdam, 1954), afincado en Barcelona, entiende el coleccionismo así: «Hacer de una pasión privada un beneficio público». Cree que el arte «es un bien preciado, pero vulnerable. Un país civilizado debe proteger lo que es vulnerable. Los recortes poco meditados que está sufriendo la cultura en países como España y Holanda pueden tener efectos irreversibles. Un mundo con menos arte se convierte en gris y vacío. Nuestra responsabilidad con el arte debe ser más fuerte que nunca».

Otra apasionada coleccionista, Elena Ochoa, se estrena este año como galerista en ARCO. Ayer la veíamos en el «stand» de Ivorypress impecable, con un sombrero de ala ancha, recibiendo a coleccionistas, a quienes mostraba las piezas de Los Carpinteros (un espectacular cuarteto de música que se va derritiendo), libros de artista de Kapoor y Anthony Caro, o seis obras de Ai Weiwei: espectaculares cerámicas, junto a una pieza realizada a mano en madera Huanghuali, usada para la fabricación de muebles durante la era Qing. Para Elena Ochoa, «ARCO es una feria muy querida, una plataforma perfecta, he descubierto allí a muchos artistas, tiene un potencial increíble».

Hirst, hasta en la sopa

Y hablando de artistas influyentes, Damien Hirst —resucitado gracias al dios Gagosian y su próxima exposición en la Tate— exhibe en el «stand» de Paragon Press de Londres algunas de las obras de puntos multicolores que se muestran simultáneamente en todas las galerías Gagosian del mundo. Las hay desde 1.340 euros (edición de 55 ejemplares). Este año sí vemos piezas potentes de artistas como Saraceno, Viola, Kounellis, Rondinone... La nómina en Guillermo de Osma es apabullante: Richard Serra, Schwitters, Torres-García... Juan Várez, gran coleccionista de arte contemporáneo, se interesa en Carreras y Múgica por una pieza en cemento de Asier Mendizábal que ya estuvo expuesta en el Reina Sofía. Su precio: 29.000 euros.

Muy interesantes, las propuestas de La Fábrica (Marina Abramovic y Francesca Woodman); Max Estrella (Lozano-Hemmer, Bernardí Roig, Pablo Valbuena, Daniel Canogar); o PalmaDotze. En esta última, dos artistas «muy Borja-Villel», Miralda y Muntadas, con sus obras reivindicativas. Del primero, «No hay pan para tanto chorizo». Es una impresión en tinta comestible sobre oblea. Del segundo, cuelga una obra en la que reza: «España va bien». Ironías aparte, a su lado, un vídeo de su serie «Celebracions»: el Barça, entre otros equipos de fútbol, celebra sus no pocos triunfos. También de Muntadas, pero en la galería Moisés Pérez de Albéniz, se exhiben tres carteras ministeriales inexistentes pero que, en opinión del artista, deberían existir: la del Ministerio de Derechos Humanos y Justicia, la de Desarrollo Social y la de Investigación e Innovación. Cada una, 14.000 euros.

Este año hemos visto menos caras conocidas en el primer día de feria. Sí pasaron por ARCO Norman Foster, Alaska y Mario Vaquerizo, José Lladó, Rosario Nadal, María Porto, Nuria March, María Chávarri, Cristina Valls-Taberner, Enrique de Ybarra, Lourdes Fernández... Esta última, exdirectora de ARCO, ha sido elegida recientemente directora artística de la Alhóndiga de Bilbao. Tiene muchos proyectos en mente que aún no quiere desvelar. También pasaron ayer por ARCO artistas como Eduardo Arroyo, Alberto Corazón, José Hernández, José María Yturralde... Este último, en el «stand» de López/Sequeira, ve ARCO «muy estimulante, un privilegio para los artistas: es necesario para que el arte sobreviva y el oficio continúe». José Manuel Ballester tiene obra en cuatro galerías en ARCO. Sigue trabajando mucho en China. Ha participado en un proyecto con varios fotógrafos internacionales: han retratado la recuperación de la zona que fue arrasada por el terremoto de Sichuan en 2008. «Se han levantado pueblos enteros, es un proyecto más espectacular que los Juegos Olímpicos de Pekín», dice. El Gobierno chino va a abrir un centro de arte en Madrid a finales de este año o comienzos de 2013.

Hasta ayer por la mañana, al menos, seguía sin vender la carta de Santiago Sierra a Sinde rechazando el premio Nacional de Artes Plásticas. Es pieza única (vamos, que sacó una sola copia de impresora). Su precio: 30.000 euros. La misma cantidad con la que estaba dotado el galardón que no quiso recibir. La jugada es maestra: se habló de él mucho más al rechazar el premio, se ganó a los indignados y antisistema, y ahora consigue el dinero que perdió (el pellizco que hubiera ido para Hacienda irá para PrometeoGallery). Un genio del marketing, que el viernes presentará en Matadero su «No, Global Tour».

ARCO ha decidido que había que hacer algo más que un vídeo como homenaje a Tàpies. Ha instalado un muro donde se invita a los visitantes a que dejen mensajes que serán entregados a la familia del pintor al acabar la feria.