«Tempestad»: un Shakespeare juguetón
Una escena de «Tempestad» - ABC

«Tempestad»: un Shakespeare juguetón

Sergio Peris Mencheta dirige esta adaptación, que pretende acercar al autor al público de hoy

MADRID Actualizado:

Sergio Peris-Mencheta comenzó su trayectoria teatral como actor y director de forma paralela. Pero tuvo que decantarse por la primera faceta, pues, como él mismo señala, «es la que me daba de comer». No obstante, nunca abandonó la segunda, en la que recientemente presentó «Incrementum», versión escénica de un relato de George Pèrec. Ahora dirige y adapta La tempestad, de Shakespeare, en una propuesta muy personal, alejada de la más ortodoxa que de la misma pieza realizó hace tiempo: «Vengo dando vueltas a esta obra muchos años -apunta Peris-Mencheta-, por lo que esta versión está muy meditada, muy trabajada con el corazón, con el cerebro y con las tripas. Aunque, naturalmente, mantiene la esencia shakespereana, es nuestra "Tempestad", por eso le hemos quitado el la. Se han introducido pasajes que no están en el original y se incrementa su aspecto metateatral. No quisiera que se destacase el que esté interpretada exclusivamente por hombres -como era habitual en el teatro isabelino. Lo que pretendemos fundamentalmente es hacer más cercano a Shakespeare al público, quitarle solemnidad, despertar al niño que todos llevamos dentro. Nos hemos pasado más de seis meses, más que ensayando , jugando con Shakespeare, dejando volar la imaginación, pues esta pieza se presta mucho a ello».

«La tempestad» fue la última obra escrita por el dramaturgo británico, considerada su testamento. «Es -prosigue su director- una gran metáfora de la transformación, muy acorde con los tiempos que vivimos. Por eso cinco actores interpretan a veintidós personajes, con dobletes que no son gratuitos, y en todos se produce una tempestad interior. Shakespeare se desnuda en la obra no solo a través del mago Próspero, sino también a través de Calibán y Ariel. Para mí, Shakespeare es sinónimo de teatro por antonomasia. Sugiero, como uno de esos buenos propósitos de principio de año, leer todas sus obras: nos permitirán conocernos mucho mejor a nosotros mismos».