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Los relojes más famosos de la IIGM, cada domingo con ABC

La colección consta de doce entregas que incluyen una reproducción de los cronómetros y un fascículo expliactivo

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En la Segunda Guerra Mundial, Gerald Imeson no era más que un teniente de la RAF al que su sueldo no le permitía cometer demasiados excesos. Sin embargo, y como otros tantos pilotos, decidió adquirir un flamante Rolex para sustituir el reloj que le ofrecía el ejército. Lo más llamativo es que hizo el pedido después de ser capturado por los alemanes y de ser enviado al Stalag Luft III (un campo de prisioneros que los nazis habían levantado en Polonia). El británico aprovechó que, para demostrar su compromiso con los aliados, la marca ofreció enviar uno a todos los presos que hubiesen perdido el suyo a manos de los nazis. Con su nuevo y preciso juguete, el aviador cronometró el tiempo que los guardias tardaban en hacer su ronda de vigilancia, un trabajo clave para que el resto de reos construyeran un túnel para escapar de aquella prisión. Su gesta quedó inmortalizada en la película «La gran evasión».

El Rolex de Imeson fue uno de los miles de cronómetros que los soldados usaron en la Segunda Guerra Mundial. Aviadores, artilleros, capitanes de navío... Todos ellos llevaban siempre a su fiel amigo en la muñeca. Unas veces, para saber el momento exacto en el que debían iniciar una andanada de obuses. Otras, para orientarse en mitad de los mares. Fueron, en definitiva, unos compañeros inseparables de los militares y unas herramientas tan básicas como los fusiles a la hora de enfrentarse al enemigo. Es por ello que, a partir de este domingo, ABC ofrecerá a sus lectores una oportunidad única: conseguir todos los domingos una réplica de los relojes utilizados por ambos bandos a lo largo de esta contienda. La misma que costó la vida, aproximadamente, a cincuenta millones de personas.

Cada entrega (hasta un total de doce) podrá adquirirse por 11,95 euros en los quioscos e incluirá, además, un folleto con la descripción detallada de las reproducciones. Los suscriptores del diario, por su parte, tendrán la posibilidad de hacerse con la colección completa con un 20% de descuento si la solicitan vía telefónica. Para terminar, el 21 de abril será posible adquirir un estuche en el que exponer estas pequeñas joyas.

La colección echará a volar con el «Flieger» que la « Luftwaffe» (la fuerza aérea alemana) entregaba a sus soldados durante la contienda. Tal y como queda recogido en el fascículo explicativo que incluye la primera entrega, estos relojes fueron una parte esencial del equipamiento de los bombarderos y de los cazas germanos. Aunque dentro de la tripulación también había clases. Los pilotos, por ejemplo, tenían el privilegio de llevar complejos cronómetros de muñeca, mientras que sus compañeros debían conformarse con piezas más sencillas. Nadie los veía como objetos decorativos, pues eran cruciales en tareas tan diversas como determinar cuál era la posición del avión en un mapa o sincronizar los explosivos que se iban a lanzar sobre las posiciones enemigas. Por desgracia, también fueron básicos para lograr, por ejemplo, que Londres fuese asolada con 24.000 toneladas de bombas en apenas un año.

Por tierra, mar y aire

El último reloj (que se entregará el 14 de abril) será también uno de los más llamativos. Y es que se corresponderá con una réplica del que llevaban los Kamikaze japoneses (un grupo de pilotos suicidas que tenía el sagrado deber de estrellarse contra los portaaviones enemigos). Aproximadamente 2.500 se sacrificaron por el Emperador en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, cuando la contienda ya estaba perdida para su país. Y la mayor parte de ellos lo hicieron con un cronómetro «Seikosha» (una rama de la conocida compañía Seiko, que ha producido relojes militares desde el siglo XIX) en su cabina. En la actualidad es casi imposible adquirir uno original, pues quedaron sepultados por los mismos buques que mandaron al fondo del mar.

Con todo, la colección no se olvida de que las fuerzas de tierra y mar también utilizaron relojes de pulsera. Por ello, los lectores de ABC podrán adquirir cronómetros como los que fueron entregados, por ejemplo, al Ejército Rojo o a la Regia Marina Italiana. Esta última contaba con una unidad de élite (la 10ª Flotilla MAS) cuyos miembros lucieron el mismo «Radiomir» que se pondrá a la venta el 24 de marzo. Su tarea consistía en atacar barcos enemigos con un torpedo llamado «Siluro Lenta Corsa» (SLC). Aunque no lanzándolo desde la lejanía, sino dirigiéndolo ellos mismos hasta los buques aliados. El funcionamiento era tan sencillo como peligroso: cuando los tripulantes estaban cerca del objetivo, fijaban el explosivo al casco y salían de allí a nado antes de que estallase.

Ya fueran utilizadas por tierra, por mar o por aire, todas estas piezas ayudan también a reivindicar la historia de un objeto que pasó de ser un mero complemento a adquirir un papel determinante en la Primera Guerra Mundial. Y es que fue a partir de entonces cuando su versión de bolsillo (menos manejable en batalla) quedó a un lado en favor de un modelo que pudiera llevarse en la muñeca y que permitiera a los oficiales ordenar los ataques cuando la artillería hubiera lanzado su último proyectil.