El presidente de la Academia de la Lengua Mexicana, Gustavo Celorio, durante su intervención en el Congreso Internacional de la Lengua Española
El presidente de la Academia de la Lengua Mexicana, Gustavo Celorio, durante su intervención en el Congreso Internacional de la Lengua Española - EFE

La polémica con México y el lenguaje inclusivo conquistan el Congreso Internacional de la Lengua Española

Otra vez, el debate sobre el perdón se coló en el CILE, donde se discutió, también, sobre las gracias y desgracias de los desdoblamientos de género

Enviado especial a Córdoba (Argentina)Actualizado:

La conquista, o mejor dicho, las conquistas, en plural, volvieron a sobrevolar el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), que este año se celebra en Córdoba (Argentina). La conquista en pasado, presente y futuro. O, dicho de otra manera, y siendo más claros: la polémica del perdón con México, el avance del español en el Reino Unido en tiempos del Brexit, y la guerra del lenguaje inclusivo. Hechos y deseos, por resumir.

Mario Vargas Llosa abrió las puertas del Teatro San Martín a Andrés Manuel López Obrador, convirtiendo su discurso inaugural en una respuesta al presidente mexicano. Entró y se quedó, porque ayer el primer acto de la jornada estaba presidido por el mismísimo director de la Academia Mexicana de la Lengua, Gonzalo Celorio, inesperada celebrity del día, perseguido por cámaras y grabadoras en sus quince minutos de fama mediática, como pronosticó Warhol. «Sabe qué le vamos a preguntar, ¿verdad?», anunciaba la prensa. Asentimiento mudo y respuesta.

«Lo que quiero decir es que el mío es un país muy contradictorio que no ha acabado de asumir que la historia fue como fue, y no como hubiésemos querido que fuera», comenzó. ¿Pero y el famoso perdón? «No creo que España tenga que pedir perdón. En primer lugar, porque eso pasó hace quinientos años. En segundo lugar, porque no eran los Borbones, si no los Austrias. Y en tercer lugar, porque ha habido un proceso de conquista espiritual tan fuerte que nosotros, los mexicanos, somos de alguna manera los responsables de la marginación que sufren los indios», aseveró, siguiendo así la línea marcada por el Nobel peruano. «Es que es curioso. Con la independencia política empezamos a magnificar a los indios muertos, hicimos grandes museos de las grandes culturas prehispánicas, a quienes les otorgamos valores de clasicismo e identidad nacional, pero al mismo tiempo seguimos despreciando a los indígenas vivos, los seguimos marginando, los seguimos humillando».

Hubo desmarques, claro, porque si el español es variado, sus hablantes lo son todavía más. La veterana escritora argentina Luisa Valenzuela, que compartió mesa con Celorio, se fue a un lugar bien distinto, aunque también remoto. «Desde los albores del siglo XVI los llamados ‘conquistadores’ y quienes le sucedieron irrumpieron en nuestras costas supuestamente para ‘civilizar’ a los ‘salvajes’. Lo digo con trepidación, entre comillas. Nos legaron esta, nuestra lingua franca, tan útil y rica, a costa de ir diezmando, junto con la población, la enorme variedad y riqueza de las lenguas locales», espetó. Y por si faltaba algún ingrediente más para la salsa picante, añadió: «Esos hombres no se privaron de "polinizar" a las nativas. Así nacieron los criollos, quienes, a su vez, aún hoy, siguen polinizando la lengua madre original». Ea, la controversia revive.

En el Reino Unido llevan tiempo viviendo en controversia, pero el hispanista Trevor Dadson no quiso hablar «del maldito Brexit». No. Se fue a otra conquista, y con ella entró el presente en el orden del día. «El español es ya la segunda lengua extranjera en el Reino Unido, solo por detrás del francés. En cinco o diez años será la primera», vaticinó, con perfecta dicción peninsular. Por lo visto, el de Europa no es el único problema que tienen en la islas, un lugar que adolece de falta de profesorado. «El factor que puede frenar ese avance es la gran falta de profesores de lengua extranjera en nuestra educación secundaria. Faltan unos cuatro mil maestros. De esos cuatro mil, la mayoría los necesitamos para el español», lamentó. Antes de despedirse, lanzó un dato incontestable, que da buena cuenta de la estupenda salud de la lengua de Cervantes por esas tierras: «Casi no hay familias inglesas que no hayan pasado las vacaciones en la costa española». Pues eso: los hechos también hablan.

De los deseos para el futuro se ocupó María Teresa Fernández de la Vega, que se sentó para hablar de la lengua en el mundo jurídico y terminó haciendo un alegato por el lenguaje inclusivo. «El idioma no es neutro. La palabra da forma al pensamiento, y las feministas sentimos que la sociedad ha funcionado con un lenguaje que ha respondido fundamentalmente a un modelo político dominante que sigue vigente en la actualidad, como es el modelo patriarcal», advirtió la presidenta del Consejo de Estado. He ahí el diagnóstico. Ahora la receta. «Para cambiar el modelo necesitamos también utilizar la vía del lenguaje, un lenguaje en el que todos nos veamos reflejados. Especialmente, quienes hasta ahora solo han formado parte del modelo en posición de subordinación. Ha llegado ya el momento de emprender esa empresa (sic). Muchas gracias», zanjó. Algo antes, por cierto, Valenzuela había dicho que «muchos le temen al lenguaje inclusivo porque amenaza la supremacía masculina y quizá hasta al propio monoteísmo»…

Celorio, que ya había despachado el tema de la conquista, se enfangó en este debate. «El único género excluyente es el femenino, no el masculino», afirmó. Luego, el ejemplo de turno: «Si yo digo las niñas, no incluyo a los niños. Si digo los niños, incluyo a las niñas. El desdoblamiento a veces resulta terriblemente artificial. Ahora para ser políticamente correcto uno tendría que decir: ‘El perro y la perra son la mejor amiga y el mejor amigo de la mujer y del hombre indistintamente y no siempre respectivamente’. Carajo. No. No es natural. No mamemos, porque no se puede pronunciar».

Y otro diagnóstico, el suyo, bien distinto al los anteriores: «Esos desdoblamientos solo se hacen cuando hay un micrófono de por medio. Es una forma de corrección política que se da en el lenguaje formal, en el lenguaje público, pero que no se da en la lengua natural. Una lengua no se habla por decreto, surge de la naturalidad del habla». Valenzuela lo vio de manera distinta: «La RAE va incorporando neologismo y localismos con académica parsimonia. Viaja en carroza mientras la lengua galopa».

Lo que también surge con naturalidad son las polémicas, que cabalgan, y más en un sarao que junta a más de doscientas cabezas pensantes y parlantes. Por si tenían dudas, ahí va otra muestra. El Primer Congreso Internacional de la Epiglotis y Alrededores, que «casualmente» coincide en el tiempo con el CILE, se anuncia así por las señales y los semáforos de Córdoba: «La epiglotis está antes que la Lengua, así como los comechingones estaban antes que lo (sic) Españoles». Por reivindicar, que no sea. Todo muy digno de Les Luthiers, estrellas de la velada de anoche con un show al aire libre.