La escritora estadounidense Fran Lebowitz
La escritora estadounidense Fran Lebowitz - ZUMA PRESS

Fran Lebowitz: «Me consideran escritora, pero mi profesión es tener razón»

La estadounidense, opinadora mordaz y azote de lo políticamente correcto, visita Madrid para dar una charla en el marco de una de las exposiciones de PhotoEspaña

MadridActualizado:

Los quince minutos de fama de Andy Warhol (1928-1987) a Fran Lebowitz (Morristown, Nueva Jersey, 1950) le han durado cuarenta años. Y lo que le queda. Icono de la cultura que huye del esnobismo, porque sabe que la frivolidad, como la arruga, también puede ser bella, ha hecho de su vida un arte. Hablar de ella es hablar de vanguardia. De Nueva York. De literatura. De periodismo. De moda. De política. Y hablar con ella es, también, tocar todos esos temas. Es como consultar el oráculo de Delfos, pero más divertido.

El humor, ese recurso que sólo dominan los que se saben inteligentes pero no tratan al otro como un tonto, es en ella marca de la casa. Lo despliega en sus artículos, en sus charlas, en sus libros y, por supuesto, en sus entrevistas. También en esta, concedida con motivo de su visita a Madrid, donde ayer mantuvo un encuentro con la marchante Gracie Mansion a propósito de la exposición de Peter Hujar y David Wojnarowicz que puede verse en LOEWE Gran Vía, en el marco de PHotoESPAÑA.

Conoció a Peter Hujar en Manhattan, en 1971. ¿Por qué se mudó a Nueva York, desde su Nueva Jersey natal?

Me mudé a Nueva York probablemente en 1970, para ser escritora. Tenía 20 años. Cuando era muy pequeña, me encantaba Nueva York. Incluso siendo niña decía que cuando fuese mayor viviría en Nueva York. Nadie me hacía caso.

Pero lo consiguió. ¿Qué pensó la primera vez que estuvo allí?

Cuando me mudé, el índice de criminalidad era el más elevado. Nueva York era muy peligroso, estaba sucio. Y me encantaba. Si alguna vez vives en un lugar sucio y peligroso, es mejor ser joven. El caso es que sigo teniendo todas las costumbres de mi juventud, como la de vivir en una ciudad peligrosa. Pero Nueva York ya no es peligroso. Vivo en un edificio que tiene muchos conserjes abajo. Tengo tres cerrojos en mi apartamento, y me dicen: «Estás loca, ¿para qué son todos estos cerrojos?». Hubo una época en la que era muy emocionante. No es tan bueno como antes, pero sigue siendo Nueva York. Me sigue gustando mucho Nueva York.

¿A pesar de Trump?

Sí. Solo hay algo bueno en el hecho de que Trump sea presidente, y es que no vive en Nueva York.

Pero tienen la Torre Trump en plena Quinta Avenida...

Nadie en Nueva York reparó nunca en la Torre Trump hasta que se convirtió en presidente.

¿En serio?

Sí. Nadie pensaba en él. Los neoyorquinos ni siquiera pensaban que era promotor inmobiliario, porque no lo es. La gente pensaba que era un ladrón. Es un delincuente. La idea de que es presidente de EE.UU. es lo más impactante de mi vida. Nunca lo superaré. Puede que el país nunca lo supere. Puede que el mundo nunca lo supere.

No hay esperanza, entonces.

Depende de cuánto tiempo sea presidente. Si mañana por la mañana se desvanece en el aire, el daño que ha hecho a EE.UU., a su Constitución, a la democracia, a la prensa, en todo el mundo... Seamos sinceros: cien mil personas han muerto por culpa de Donald Trump en todo el mundo. Y lo peor es que el 90% del Partido Republicano le apoya. Cuanto peor es, más le quieren.

¿Tendrá un segundo mandato?

La mayoría de la gente me considera una escritora, pero yo considero que mi profesión es tener razón. Sí, siempre tengo razón. Antes de las elecciones, me pasé un año yendo por todo el país diciendo que no había ninguna posibilidad de que ganase Trump, ¡ninguna! Me equivoqué. Los primeros meses después de las elecciones, cada vez que salía de mi apartamento, la gente en la calle me gritaba que estaba equivocada. «Lo sé, lo siento. Créame, lo siento».

Tampoco podía hacer nada.

Nunca se me pasó por la cabeza. ¿Que si creo que conseguirá un segundo mandato? Me parece muy improbable. El problema es que a sus seguidores, cuantos más datos les das sobre Trump, menos se los creen. Le quieren porque defiende el racismo. El tema principal de su presidencia es el racismo.

Basta de Trump. Quiero hablar de cultura. ¿Cómo ha cambiado la escena artística en Manhattan en 40 años?

Ha sido el mismo cambio que en todo lo demás. El mundo del arte se ha convertido en el mercado del arte. El cambio en todo ha sido el dinero. Hay dinero en todo. Los estadounidenses siempre han amado al dólar. Pero solía haber valores. Ahora no hay nada. Mi problema es que odio el dinero y me encantan las cosas. Si odias el dinero, también deberías odiar las cosas. Odio el dinero, pero me encanta la ropa, los muebles...

Y necesita dinero para comprarlos.

Hablar todo el tiempo de dinero es muy aburrido. No hay nada más aburrido que el dinero. En EE.UU. se tiene la idea de que la gente rica es muy lista:«Tienes que ser muy listo si eres tan rico». La gente que piensa eso nunca ha conocido a una persona rica, ni a una persona lista. Si tuviese que hacer una lista de las diez personas más ricas que he conocido, no habría ni un solo listo.

¿Qué echa más de menos del Nueva York que conoció cuando llegó?

La juventud. Esa época era mejor para ser joven que ahora. Era más divertido entonces. Los jóvenes siempre dicen: «Nueva York debía de ser tan divertido en la década de los 70... Ojalá hubiese vivido allí». Cuando yo era joven, nunca pensábamos que Nueva York debía de ser muy divertida en la década de 1930. Es muy triste que la gente joven mire hacia atrás. La labor de la gente joven es mirar hacia delante. Está muy claro que mi generación ha fracasado.

¿Por qué?

Porque Donald Trump es presidente. Hemos fracasado. Hay muchas cosas que no hicimos. Algo bueno para los jóvenes es que tienen mucho trabajo que hacer. Mucho.

Pero esos acontecimientos sociales, políticos y artísticos que protagonizaron siguen teniendo repercusión.

Evidentemente, por eso estamos aquí ahora. El problema es que no es posible poner esas cosas dentro de un contexto. Miras fotografías de los 70, pero no conoces el contexto de esa época. Antes, la gente tenía más preparación, los colegios eran buenos. No sé aquí, pero ahora los colegios públicos en EE.UU. son tan increíblemente malos que me sorprende que sepan leer. Es terrible.

¿Cree que la cultura ha perdido su poder, su influencia, en la sociedad?

No, pero también sé que es difícil creerlo en este momento. Ayer fui al Prado y es un tesoro de la humanidad. Miras esos cuadros y siguen teniendo el mismo poder para mí. Las cosas que son muy buenas siempre tienen poder.

¿Y cómo se puede motivar a la gente frente a las noticias de cada día, frente a la indignación que provocan líderes mundiales como Trump o Putin?

La gente tiene que saber la verdad. Lo más importante es saber la verdad. Y por eso la prensa de verdad, la prensa libre, es tan importante. También tienes que entender qué es una mentira. Esto siempre ha sido el núcleo del fascismo, una gran mentira. Da igual el país que sea, es lo mismo. Naturalmente, hay muchas diferencias en la gente a escala internacional, pero la naturaleza humana es la misma mala naturaleza en todas las partes del mundo.