Cultura, gitano, «cocreta», procrastinar, bizarro y plebiscito, las palabras más buscadas

Las estadísticas de la página web de la Real Academia Española registraron en 2015 un ligero aumento de usuarios. El pasado febrero, 60 millones de consultas

MADRIDActualizado:

El avance de la gripe se detecta en nuestro mundo antes por Google que por los consultorios médicos. Según dicen los expertos en la cartografía que surge del «big data», los técnicos que bucean en los datos que circulan por internet, la búsqueda de la palabra «gripe» va marcando el avance de la infección desde Asia y los Urales hasta España y puede contemplarse en riguroso directo. Si hay en el mundo hispánico una web que permite tomar el pulso y competir con Google, realizar un «mapa español» del mundo, sin duda es la web del Diccionario de la Lengua Española de la RAE. Allí (en dle.rae.es) también se siente respirar a los hablantes, agobiados por la ortografía o sencillamente convertidos en buscones de las palabras que saltan a la actualidad, que se ponen de moda o incluso que definen los demonios de cada país.

[ Vídeo de las estadísticas del diccionario, por Jesús García Calero]

60 millones

Dicho y hecho. Para concebir la inmensidad de este océano de datos, basta decir que cada mes se registran 60 millones de visitas en la web de la RAE, con más de 10 millones de usuarios, dato muy actual, del pasado febrero. Todo un continente del idioma español que se dibuja con claridad, las 24 horas del día, en los servidores de la RAE. Y con tantísimas idas y venidas, parece lógico que los ingenieros que sostienen una de las webs de más éxito del mundo puedan dibujar algunos rasgos generales –y otros específicos de cada país– que definen (nunca mejor dicho) a los hablantes de esta comunidad de 500 millones de personas que andamos por los cuatro puntos cardinales buscando esa definición que nos falta.

De momento se sabe que desde España llega entre el 40% y el 60% de las consultas. Que el segundo país en realizar búsquedas es México, con un 20% de media, y un poco por debajo, aunque destacados, Colombia, Estados Unidos, Chile y Argentina.

Mapa del idioma

Las consultas llegan de los más de doscientos países que existen en el mundo. Llegan continuamente, a la velocidad de las redes, que es la de la luz, para iluminar cada vez una hoja de este árbol del español. En el mapa del idioma, una palabra basta para satisfacer la curiosidad sobre un significado, un concepto, un matiz, una acepción. Y el diccionario lo consultan no solo escritores mientras crean sus historias, sino ciudadanos de todo tipo, televidentes que oyen algo nuevo en la televisión, escuchantes radiofónicos, estudiantes del mundo entero que quieren conjugar sus dudas con el amigo fiable que resulta ser el diccionario, líderes de la vieja y la nueva política y baqueteados ciudadanos llanos.

En la fotografía del idioma existe un mapa político que indica que muchas veces al ciudadano puede llegarle a tranquilizar conocer mejor el significado de las palabras empleadas en el debate público. En España en 2015 una de las voces más buscadas fue «plebiscito» (101.731 consultas) –con la que estaba cayendo en Cataluña hacían tanta falta sinónimos de referéndum como aire fresco en los discursos–. De igual modo, un año antes, en junio de 2014, se había detectado un subidón de búsquedas de la palabra «abdicación» (85.251 en ese mes), coincidiendo con el anuncio de que Don Juan Carlos cedía el trono a su hijo Felipe VI.

Mientras tanto, en Argentina, otro ejemplo de las huellas políticas en el diccionario, lo que más se buscaba el año pasado era la palabra «presidenta»(29.293 consultas), tal vez al llegar el final del polémico mandato de Cristina Kirchner.

Pero la cosa viene de lejos. Ya en 2011 se detectó un gran subidón de la voz «majunche», que alcanzó más de 65.000 búsquedas en pocos días. Poco después se supo que el hervor de ese insulto que significa «de calidad inferior, deslucido, mediocre» lo había producido el presidente venezolano Hugo Chávez, que empleó por entonces ese término, que se usa lo mismo que boludo en Argentina, para denigrar a un opositor durante un discurso.

Y si hablamos de discursos, qué no pensar de las jornadas de intensa actividad política que España vivió las pasadas semanas. Es de suponer que durante el debate de investidura habrá habido una gran demanda sobre nuevos significados, por ejemplo: la definición exacta del término «bluf» con el que Rajoy calificó la actuación de Pedro Sánchez. Por no decir también «charnego», ese insulto clasista que la burguesía catalana dedicaba a los inmigrantes y que se hizo famoso tras la estelar intervención del diputado Rufián que nos imputa inopinadamente su uso al resto de españoles. ¿Y de la voz «rufián» no se habrá buscado a mansalva este último mes? Pero sorprende que ya no busquemos «corrupción». La conocemos como la palma de la mano.

Gitano, retocado

Aparte del mapa político, también otros debates escoran el diccionario hacia palabras a las que grupos de hablantes exigen una evolución. Años atrás fue el machismo de algunas voces el motor de considerables polémicas. Pero el año pasado la palabra más sacudida en este campo fue «gitano» (117.000 consultas), porque estuvo en el centro de una enorme polémica debido a su acepción de «trapacero», que la RAE consigna debido al uso que existe entre los hablantes. No obstante, tras toda la polvareda y diversas iniciativas y debates, se decidió retocar esa acepción, añadiendo que resulta «ofensivo y discriminatorio» en la versión online del diccionario. Ya solo queda esperar que el hablante deje de emplearla como insulto. Pero no parece que nadie tenga mucha prisa por hacerlo.

Procrastinar

Precisamente cuando uno no cede a la prisa que imprime alguna acción y la retarda o difiere lo que hace es ni más ni menos que «procrastinar», una voz cuyo éxito resulta bien difícil de explicar (97.677 consultas en España, pero entre las más buscadas en México, Colombia, Perú o Chile... con lo que sin duda es una de las más solicitadas del idioma). La pereza de dejar para mañana lo que podríamos hacer hoy no nos ha permitido explicar mejor ese éxito todavía.

Cultura, la más deseada

Pero no es solo uno el misterio del «big data» del diccionario académico. Resulta harto difícil explicar la persistencia de un buen número de palabras para cuyo éxito no se ha encontrado una explicación clara. Puede hablarse de varias de ellas, pero la principal es, precisamente, la que encabeza la lista: «cultura» (144.410 consultas). A todos nos gustaría titular con eso de que «cultura es la más buscada», pero no sabemos a ciencia cierta cómo explicarlo en un país de pocas lecturas y el éxito incontestable de tantos grandes hermanos televisados. Tampoco desde la RAE se aventuran más que hipótesis, desde que es una palabra cuyo gran número de acepciones podría empujar a buscarla a menudo hasta que podría estar por defecto en muchas webs en las que el diccionario tiene una ventana de búsqueda y cada vez que alguien se conecta para consultar salta la cultura como primera posibilidad. Sin embargo, la RAE tiene puesto por defecto la voz «diccionario», que no está en la cabeza de la lista. Lo dicho: un misterio.

Una de las más evidentes utilidades del diccionario de la RAE en internet es, sin duda, comprobar el uso correcto de la ortografía. Existen numerosas dudas que han alcanzado los puestos de cabeza en las búsquedas. No se puede interpretar de otro modo la presencia en los puestos de cabeza de palabras como «coger» (103.368 consultas), cuya escritura con g muchos pueden llegar a dudar. Lo mismo que la fatídica hache muda pero estridente cuando no se usa bien, como es el caso de «haya» (de haber: 96.381 consultas),«hostia» (siempre con hache, 96.007 búsquedas) o «haber» (91.337 registros para saber que se escribe con hache y con b). También figura en esa cima del buscador de la RAE el verbo «ir» (con 100.668 búsquedas totales).

Etario, misterio de 2015

Por países, el mapa se llena de matices. Hay muchos lugares del español donde el «amor» es muy buscado (EE.UU., Venezuela, Ecuador, Costa Rica...) y otros que buscan su propio «paradigma»(México, Argentina, Perú...). Algunos países quieren diferenciar el «bizarro» del español frente a su acepción inglesa (todos menos España), y lugares donde las conjugaciones dan dolor de cabeza (sobre todo en EE.UU. donde 7 de las 10 primeras son verbos en infinitivo). También hay algunos que dudan entre la s y la z de algunas formas verbales como «has /haz». Pero el mayor misterio de 2015 fue «etario», buscada en todo el Cono Sur con fruición, sin que exista una explicación por el momento, salvo su uso en estadísticas para dividir la población en rango etario.

Todo es idioma. No solo cuando hablamos lo utilizamos, también mientras pensamos en silencio. Tal vez no podemos despegarnos de la duda que nos contagian las palabras, que son portadoras de afectos y desafectos, del virus de la curiosidad y, últimamente, de un sabor salado propio de un mar de datos.