Carro de combate de las Divisiones «Panzer»
Carro de combate de las Divisiones «Panzer»
II guerra mundial

La «Wehrmacht» se impone en el Oeste con un «golpe de hoz»

De nuevo tronaron los cañones en Flandes y Francia. La ilusión de la «Falsa Guerra» se desvaneció súbitamente: los Panzer y los Stukas se lanzaban al ataque mientras un reguero de paracaidistas y comandos se hacían con el control de los puntos clave. La Blitzkrieg se volvía contra Europa Occidental

VÍCTOR JAVIER GARCÍA MOLINA
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La campaña de mayo de 1940 constituye el más sonoro éxito del ejército alemán. La contundencia y velocidad de los Panzer, el impacto psicológico de la Blitzkrieg, derrumbó la resistencia de los ejércitos holandés, belga, francés y británico (de nuevo la BEF, British Expedicionary Force). Durante cerca de un año, habían estado preparándose los aliados para el ataque. Tras la frontera y la aparente invulnerabilidad de la Línea Maginot, habían tenido tiempo de incrementar su efectivos, aumentar los dispositivos defensivos, coordinar planes… Y sin embargo, en apenas quince días, Bélgica y Holanda habían capitulado, el ejército británico había sido forzado a embarcarse en Dunkerque, totalmente derrotado, y el ejército francés estaba literalmente aplastado.

El 10 de mayo se ponía en marcha la Operación Fall Geb: en Holanda y Bélgica, los Fallschirmjäger (paracaidistas) se hacen con el control de puentes y fortalezas, como la de Eban Emaël, imprescindibles para el paso de las tropas germanas, mientras franceses y británicos, siguiendo su plan —el Dyle-Breda— se dirigen rápidamente a su encuentro. Todos esperan una repetición de las operaciones de la Primera Guerra Mundial… Todos, menos los alemanes.

En contraste con el plan aliado, el operativo alemán, nacido del genio militar del general Von Manstein, aprovecha todas las posibilidades tácticas que las armas modernas ofrecen. La idea es sencilla. Simulando una nueva versión de la ofensiva de 1914 en esa misma zona, se atraerá a lo mejor de los ejércitos aliados hacia el corazón de Flandes mientras el grueso de las fuerzas acorazadas alemanas, se introducen a través de las «impasables» Ardenas, presentándose en Sedan, donde cruzarán el «infranqueable» Mosa, pudiendo después tomar por la retaguardia a los aliados en su avance, y así dejarlos copados.

La Linea Maginot, esquivada. Tan sólo tres días después de la haberse iniciado la ofensiva, las tropas panzer han establecido sólidas cabezas de puente a lo largo del Mosa, las principales, en Dinnant (Rommel) y Sedan (Guderian). Los franceses están atónitos y tardan en reaccionar. La maniobra que acaban de ejecutar los alemanes era teóricamente «imposible».. Pero la presencia de los panzer en la orilla izquierda del Mosa resulta real. Los contraataques franceses son inútiles. El solo rumor de la presencia de los carros germanos hace que las unidades francesas abandonen sus posiciones. Cruzada la barrera del Mosa y esquivada la Línea Maginot, las Divisiones Panzer son libres de maniobrar en campo abierto.

Desastre. Comienza entonces la ejecución de la segunda parte de su plan, el movimiento conocido como La Hoz o La Guadaña: en lugar de dirigirse hacia el suroeste, hacia París, las Divisiones Panzer se lanzan —no sin fuertes discusiones en el alto mando— hacia el Canal de la Mancha prácticamente sin oposición. En el Mosa, no sólo se ha roto una línea defensiva, sino que se ha quebrado la voluntad de resistencia del ejército francés.

El 14 de mayo, tras el bombardeo de Rotterdam, Holanda capitula. La situación en Bélgica es similar. Pero lo peor está aún por venir. El caos aliado es total. Las fuerzas móviles alemanes realizan avances de cerca de 60 km al día. El frente cambia continuamente, las carreteras se llenan de refugiados, multitud de soldados se rinden sin hacer un disparo, aterrorizados ante el avance de los tanques germanos por su retaguardia, conjugados con los bombardeos de los Stuka… Para empeorar las cosas, las comunicaciones son difíciles y las disensiones entre franceses y británicos alcanzan un punto crítico.

El 20 de mayo los alemanes alcanzan el Canal de la Mancha por Abbeville. Los mejores ejércitos aliados quedan rodeados. El 21, un desorganizado contraataque francobritánico en Arras intenta forzar una brecha de escape, pero es contenido fácilmente. Bélgica se rinde el día 28. Uno a uno los puertos del canal van cayendo en manos alemanas. Solo Dunkerque está aún en poder aliado y hacia allí se dirigen los restos de sus ejércitos vencidos con vistas a su evacuación. Será la última fase de un desastre sin paliativos.