Los ex mandatarios británicos John Major y Tony Blair
Los ex mandatarios británicos John Major y Tony Blair - REUTERS

Blair y Major advierten de que el «Brexit» podría romper el Reino Unido

En un relevante gesto, alertan juntos desde la Universidad del Ulster de que llegaría un segundo referéndum escocés y una frontera entre las dos Irlandas

LONDRESActualizado:

La campaña por la permanencia en la UE empleó ayer una de las cartas más importantes que guardaba en la manga: una dramática comparecencia conjunta de los ex primer ministros John Major, de 73 años, y su sucesor Tony Blair, un tory y un laborista (o más o menos en el caso del segundo). Desde la Universidad del Ulster, advirtieron de que el «Brexit» podría romper el Reino Unido. Los escoceses son mayormente europeístas y si allí gana el «Remain» y en el conjunto de Gran Bretaña el «Leave», «un segundo referéndum será políticamente irresistible», reconoce Blair. Además, aseguró que la salida de la UE obligaría a plantar controles fronterizos y aduanas entre Irlanda del Norte y la República Irlandesa.

Major gobernó el país de 1990 a 1997 y Blair, de 1997 a 2007. Ambos jugaron papel muy relevante en el proceso que pacificó el Ulster en los años noventa. Su alerta contra el «Brexit» fue concluyente: «La dura verdad es que la propia unidad del Reino Unido estará en la papeleta de dentro de dos semanas», resumió gráficamente Blair. Un buen espaldarazo para Cameron, porque además el público suele valorar positivamente que políticos de partidos rivales se pongan de acuerdo en nombre de una causa mayor. Los dos ex mandatarios también señalaron que la salida de la UE «pondrá en riesgo la actual estabilidad de Irlanda del Norte»; es decir, los acuerdos de paz.

Contra la comparecencia

El discurso conjunto de Blair y Major, que mostraron gran sintonía y se trataron de «John» y «Tony», volvió a mostrar, un día más, la enorme fractura en el corazón del Partido Conservador. En seguida una integrante del Gobierno de Cameron, la secretaria de Estado para Irlanda del Norte, Theresa Villiers, puso por delante su condición de simpatizante de la campaña del «Leave» y salió a criticarlos: «Espero realmente que figuras con un papel tan grande en el proceso de paz sepan que el Brexit no va a debilitarlo de ningún modo». DUP, el partido unionista que gobierna en Irlanda del Norte, partidario también de dejar la UE, tachó a Blair y Major de «irresponsables y desestabilizadores».

Theresa Villiers considera «descabellado» el razonamiento de Blair de que si el Reino Unido sale de la UE habrá que instaurar controles fronterizos entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. La secretaria de Estado invocó un acuerdo de 1923 y dijo que tras cien años sin trabas a la circulación, no se impondrían ahora en ningún caso.

Argumentos de peso

Pero el argumento de Blair es difícil de rebatir. Recordó que una de las ideas-fuerza de «Vote Leave», en realidad casi su médula, es que Gran Bretaña debe salir de la UE para poder poner coto a la inmigración con controles fronterizos y desvinculándose de la libre circulación. Dado que la única frontera terrestre del Reino Unido con un país de la UE es la de Irlanda, Blair señaló que será obligado establecer aduanas en caso de Brexit, «pues de otro modo carecería de sentido todo el argumento de Leave, que se basa en acabar con la libertad de movimientos de UE».

Major, que sucedió a Thatcher en el Número 10, es un europeísta convencido y un tory atípico. Hijo de un trapecista, no solo no pasó por el tradicional vivero de primeros ministros, Eton-Oxfordbrige-, sino que ni siquiera acudió a la universidad. Él fue quien rubricó el tratado de Maastricht en 1993. Aquello desató una revuelta en sus filas y fue el germen de la herida Europea que desde entonces emponzoña el alma del Partido Conservador. Cameron ha convocado el referéndum por puro interés partidista, para tratar de zanjar por fin el debate. Pero no ha hecho más que agitar las aguas. Sus «brexiters» incluso han empezado a pedir que se someta a una moción de confianza si no gana por una ventaja de al menos veinte puntos.

Sir John Major tachó el Brexit de «error histórico», porque desatará un segundo referéndum en Escocia que «puede tener un resultado diferente al de 2014», cuando el sí a la Unión ganó por diez puntos. Desde «Vote Leave» lo acusaron de utilizar los mismos argumentos de los separatistas del SNP.

En contra del «Brexit»

Un relevante observador externo, Bill Clinton, ha concordado con las tesis de Major y Blair. En un artículo en la revista de izquierdas «The New Statesman», expresa su preocupación «por el futuro de paz y prosperidad de Irlanda del Norte si el país vota Leave».

Por la noche, la polémica continuó en televisión con un debate que enfrentó a Boris Johnson con otro político de carisma, la primera ministra escocesa, Nicola Sturgeon. Paradójicamente, Sturgeon, que defiende la ruptura nacionalista cuando se trata de Escocia, apela a las bondades de permanecer unidos en lo que hace al Reino Unido y la UE.

La campaña de Cameron se ha beneficiado en las últimas horas por la deserción de una diputada conservadora y un diputado laborista, que han dejado Leave y votarán por la permanencia. La primera fue la tory Sarah Wallaston, una médico de 54 años que preside la comisión de Sanidad de los Comunes, quien ha cambiado de idea por considerar que Boris Johnson miente en las cifras sobre el dinero del Reino Unido que va a la UE. La segunda deserción es la de Khalid Mohamood, diputado laborista nacido en Pakistán, que ha anunciado en el «Daily Telegraph» que deja Leave «decepcionado por su énfasis en la inmigración y el racismo». En concreto, le han molestado la crítica de Boris Johnson a Obama señalando que su padre era de Kenia y el tono de Farage, el líder xenófobo de UKIP. El tono abiertamente nacionalista de Leave, con manejo tendencioso de los datos, ha mejorado sus opciones demoscópicas, pero ahora abre debate en su seno.