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Claves para no amargarse la vida y aprender a ser feliz

La psicóloga Mila Cahue explica en su último libro cómo el cerebro puede lograr que las personas adquieran el hábito de ser felices en la vida

MADRIDActualizado:

Muchos no estarán de acuerdo, pero sí se puede ser feliz, sólo hay que aprender cómo y establecer el hábito de convertirse en una persona positiva y satisfecha con su vida. Y para ello existe un gran aliado, nuestro cerebro, como expone la psicóloga Mila Cahue en su último libro «El cerebro feliz» (Ed. Planeta). Como ella misma explica, Cahue ha querido ofrecer un manual de instrucciones, muy práctico y con un lenguaje muy accesible, «para comprender cómo funcionamos, qué herramientas llevamos todos de serie en nuestro cerebro y sacar el máximo rendimiento de ell0». Y plantea todo un reto por delante: «Responsabilizarnos de nuestra propia vida y hacer con ella nuestra propia obra de arte personal».

Y eso que los españoles no llevamos nada mal sentirnos bien, como considera Mila Cahue. «Tenemos cierta facilidad para disfrutar de la vida —afirma—, algo a lo que ayuda también el contexto: un clima privilegiado, hábitos de socialización extendidos, hábitos de vida más hacia el exterior y la calle que hacia el interior. Además, gozamos de un buen sentido del humor. Todo esto ayuda mucho a relativizar incluso en las situaciones más difíciles».

Portada del nuevo libro de Mila Cahue
Portada del nuevo libro de Mila Cahue

Sin embargo, siempre existen circunstancias, situaciones, riesgos... que pueden echar al traste nuestro estado de bienestar. «Por lo general, nuestras expectativas a veces chocan mucho con la realidad, o con nuestras capacidades, y cuando no se cumplen solemos sentirnos infelices. Hay que aprender a ajustarlas mejor, y aprender a marcarse objetivos que podamos cumplir. Eso contribuirá mucho a nuestra felicidad», señala Cahue.

Y que nadie se engañe, se puede ser feliz, afirma la psicóloga. Solo hay que, primero, «tomar la decisión de querer ser felices. Segundo, valorar los pequeños gestos cotidianos. Si aprendemos a tomar ese desayuno que tanto nos gusta, a ir caminando por un lugar que nos agrada, rodearnos de gente con la que nos sentimos a gusto.... todo ello es un sumatorio que al final del día nos hace sentir felices. Por lo general, lo que nos llena más de felicidad es la calidad de las relaciones que mantenemos. Cuanto mejores sean, más felices nos sentiremos».

En uno de los capítulos de su libro, Mila Cahue, ofrece estos consejos para no amargarse la vida. He aquí algunas de sus propuestas:

1. Desarrolla tu paciencia. «Creo que es la clave de la sabiduría», explica Cahue. «Debemos recuperar la función de saber esperar plácidamente, permitiendo que todo siga su curso, hasta que sea precisa nuestra intervención». La paciencia evitará que las prisas nos jueguen una mala pasada, tomar decisiones precipitadamente, seguir un ritmo más adecuado para actuar...

2. Rodearse de personas y circunstancias positivas. «Es un asunto de absoluta trascendencia», considera Mila Cahue. Tener cerca a gente positiva o que nos hace sentir y vivir bien resulta muy beneficioso. Así «podemos tranquilamente olvidar a quien no nos quiere, pues, por fortuna, en este mundo hay sitio para todos», afirma.

3. Decorar la vida a tu gusto. Potencia la creatividad y el arte. Sea de gustos o preferencias por las letras y bellas artes, o por la ciencia, no hay excusa, según Cahue, para llevar a cabo una autoexploración personal, para crear soluciones diferentes a los problemas cotidianos, para sorprender a quienes queremos con bonitos detalles, para dar explicaciones a nuestros hijos sobre temas complejos y para relajarnos con ensoñaciones de evasión.

4. Ríete hasta de tu sombra. La risa es vital para la salud y la felicidad. «El sentido del humor, como cualquier otra conducta, se aprende, se practica y se enseña», indica Cahue, quien advierte de sus beneficios: «No hay mejor antídoto para la ira que una buena risa»; «es la mejor manera de establecer comunicación y vínculos»; reduce el estrés, fortalece la motivación individual y colectiva, estimula la toma de decisiones, favorece el aprendizaje... El juego es una de las formas para desarrollar el sentido del humor.