«Estamos ante una inflación diagnóstica de TDAH en la infancia»

Más de 110 asociaciones piden la retirada del protocolo catalán para los niños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

MADRIDActualizado:

Un total de 112 asociaciones de profesionales, docentes, trabajadores sociales y familiares han pedido la retirada del protocolo para el manejo del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) infantil y juvenil presentado por el Sistema Sanitario Catalán. Para ello estas entidades, entre las que destacan la Asociación Española de Neuropsiquiatría, la Asociación Nacional de Enfermería de Salud Mental, la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, o la Sociedad Española de Psicología Analítica, han elaborado un manifiesto en el que explican sus razones.

En su argumentario dichas asociaciones denuncian que este protocolo supone «patologizar y medicalizar la vida en general y la infancia y adolescencia en particular»: «No podemos pensar que estamos ante una epidemia, pero si ante una una inflación diagnóstica en estas dos etapas de la vida», matiza Mikel Munarriz, presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría.

Sobre el tratamiento psicológico

Una de las razones podría estar, señalan los denunciantes, en que el protocolo define el TDAH como un trastorno del neurodesarrollo, lo que para estas asociaciones supone «falta de rigor en cuanto que no existen -aseguran-, marcadores biológicos que evidencian esa causalidad». En este sentido Muñarriz sugiere que el protocolo catalán se ciñe demasiado a un «modelo médico», cuando a su juicio podría ser más «integral», puesto que «la incidencia de la citada enfermedad tiene que ver con muchos más factores como puedan ser la dificultad de aceptar ciertos modelos de comportamiento en niños, determinados entornos familiares, dificultades en el medio escolar... No todo lo podemos ceñir al cerebro. El sujeto es algo más, son sus relaciones, es el entorno... Existen más factores que influyen en el aumento de la cifra de TDAHs».

Pero el protocolo, prosigue el manifiesto, también restringe la variedad de diagnóstico y tratamiento del TDAH, que circunscribe a la terapia cognitivo-conductual para niños y adolescentes, y el entrenamiento en técnicas de la misma orientación para padres. Los firmantes consideran que esta afirmación «es un ejemplo más de lo que a fuerza de repetirse no necesita demostración alguna ni citar los estudios en los que se basan».

«Pero lo que nos parece más grave -añaden- es la descalificación institucional al resto de tratamientos psicológicos existentes, a los profesionales clínicos que los llevan a cabo y a las diferentes teorías psíquicas -como vías del conocimiento- en las que se basan las diferentes prácticas clínicas, oficial, y socialmente reconocidas». De ahí que las instituciones firmantes consideren que el Protocolo para el manejo del TDAH significa «un atentado contra la libertad de elección de los pacientes».

Sobre el tratamiento farmacológico

En los aspectos clave del protocolo, continuan en el manifiesto, se afirma que el tratamiento farmacológico basado en los psicoestimulantes Metilfenidato y la Atomoxetina presentan una «elevada eficacia y seguridad». «Como información a los pacientes, familiares y educadores, se dice que estos fármacos "están entre los más estudiados y seguros de todos los que se utilizan en niños y adolescentes". También se afirma que en un 79% y 80% de los casos mejora su rendimiento escolar y su comportamiento. Y que por lo tanto, "por su seguridad, alta eficacia y escasos efectos secundarios se recomienda el tratamiento farmacológico para el tratamiento de estos pacientes"».

A este respecto se hace evidente, aseguran los firmantes del manifiesto, «que en esta sesgada información los riesgos se minimizan, los beneficios se exageran y los costes se ignoran. Pero, lo que queremos destacar es la irresponsabilidad institucional de tales afirmaciones. Ante todo, porque se dan por conocidos los efectos farmacológicos en un organismo en desarrollo como es el de un niño y adolescente». Tal y como reflexiona Munarriz, «en la actualidad los aspectos biológicos ligados a los tratamientos farmacológicos han crecido mucho, y lo psicológico y lo social se ha atendido menos. Es posible que antes hubiera más reparo en dar medicamentos a los niños».

Por estos motivos, concluyen las citadas asociaciones, «pedimos que Salud retire el Protocolo y elabore en el Plan Director de Salud Mental una guía clínicamente consensuada entre todos los centros asistenciales de salud mental infantil y juvenil de Cataluña y en coordinación con los departamentos de Enseñanza y de Bienestar Social y Familia».