Cultura - Música

El disco de Joaquín Sabina, «Lo niego todo», canción por canción

El músico de Úbeda combina en su nuevo disco el tono crepuscular con el estilo pop materializado por Leiva, productor del álbum

Joaquín Sabina
Joaquín Sabina - ABC

Joaquín Sabina es uno de esos autores que no deja indiferente a nadie, que arrastra multitudes a golpe de versos –aquí y allende los mares– y que provoca titulares con cada declaración. Así que la publicación de su decimoctavo disco de estudio, «Lo niego todo» –a la venta el 24 de marzo–, merecía una buena puesta en escena. En las oficinas de Sony en Madrid se reunió el pasado jueves a una serie de invitados para saborear estas nuevas canciones, con la presencia del propio autor, quien explicó que se ha rodeado de gente nueva, especialmente Leiva –también agradeció la ayuda en las letras de su colaborador habitual, Benjamín Prado– porque «a mis musas les habían salido varices y les olía ya el aliento».

«Hacía mucho que no sentía este entusiasmo», señaló. Tanta es su alegría que reconoció que, al contrario que otras canciones, donde no lograba materializar lo que tenía en la cabeza, con estas «no solo no me da vergüenza escucharlas, sino que estoy muy orgulloso de compartirlas». A continuación pasamos a analizarlas una a una.

«Quién más, quién menos»

Abre el álbum con el tono intimista y confesional que impera en el álbum. «Mi espada de Damocles era afilada,/ cortaba en dos mitades la madrugada,/ un pie en el tango y otro en el más allá», nos dice. En este comienzo se nota mucho el gusto «americano» de Leiva, guitarra «slide» incluida.

«No tan deprisa»

El ritmo es más vivo, abandona el aire confesional y Leiva toma también un protagonismo especial a través de la producción. La música no está tanto al servicio de la voz, sino que parece más el trabajo de una banda. Además del aire americano, hay cierto swing bluesero, como no podía ser menos en un explícito homenaje a J. J. Cale. En la letra, se alternan ripios y aciertos: «Cose mi estrella en la bandera del desertor»; «vendo una rima/ cámbiame el clima».

«Lo niego todo»

Primer single y tema apropiado para emocionar a sus fans. La nostalgia impregna la canción, con un piano que acentúa esa tristeza. Se van añadiendo arreglos que dan esa impresión de «crescendo» que, lógicamente, aumentan el impacto emocional. Sabina se retrata negando estereotipos, y habla de lo innombrable, de Hacienda: «He defraudado a todos/ empezando por mí».

«Postdata»

Otra vez el tono crepuscular, pero ahora con música tex-mex y ambiente de verbena popular, como para bailar «agarrado pero sin apretar». Describe un desamor con esos versos clásicos «sabinianos»: «De tanto ser felices se me olvidó quererte»; «ni tú eras para tanto ni yo soy para ti»; «cuando te haya olvidado aún te echaré de menos»

«Lágrimas de mármol».

Segundo single y una magnífica letra crepuscular. La voz llega justita y saca a colación enfermedades pasadas: «Dejé de hacerme selfies al ombligo/ cuando el ictus lanzó su globo sonda». Es preciso en sus descripciones: «El futuro es cada vez más breve y la resaca más larga». Deja el último verso, «si me tocó bailar con la más fea,/ viví para cantarlo» como un torero dando un último muletazo.

«Leningrado»

En este momento se recupera al Sabina vividor. Narra una conquista en un lugar tan improbable como la antigua Unión Soviética: «Me doctoré en tus labios de pasión/ en una sórdida pensión de Leningrado». Quizás sea todo una metáfora: «Porque la revolución/ tenía un talón de Aquiles al portador».

«Canción de primavera»

El paso del tiempo es de nuevo protagonista, pero vuelve el «estereotipo» de depredador sexual: «Conseguí llegar a viejo verde mendigando amor/ ¿qué esperabas de un pendejo como yo?»; «si se te olvidan las bragas/ en mis últimos jardines/ te regalo una biznaga de jazmines». Es un tema menos pop, y con la música puesta al servicio del fraseo peculiar de Sabina.

«Sin pena ni gloria»

Aquí se impone el poeta de toda la vida, en música y letra, con versos de nuevo en primera persona, hablando de todo y de nada: «Mientras subo del abismo/ mientras el miedo se enfría,/ mientras solo soy yo mismo/ de cara a la galería».

«Las noches de domingo acaban mal»

Vuelven los aires rockeros. Sabina utiliza el recurso de describir cada día de la semana con el humor que le es característico: «Algunos lunes duran todo el año/ algunos martes soy un animal/ los miércoles son húmedos y extraños/ de algunos jueves es mejor no hablar/ lo viernes dan películas de miedo/ los sábados te vas y yo me quedo...».

«¿Qué estoy haciendo aquí?»

Quizás la mayor sorpresa por el género escogido para vestir la canción: reggae. Describe varios personajes urbanos, entre ellos un bróker que «juega al primer toque con el Dow Jones, el Ibex y el Nikkei», y una pareja de relación tóxica: «Encarna y Charly han vuelto a las andadas/ vaciando una botella de coñac./ Se gritan porque ya no hay nada que hablar./ Al alba Encarna llora en la comisaría/ su ojo es una mancha de sandía». Temática dura para esos aires caribeños.

«Churumbelas»

A ritmo de una rumba que recuerda muy obviamente a «19 días y 500 noches», nos encontramos con la canción más fresca y divertida: «Yo que espío desde mi ventana/ cada mañana a las sultanas de Lavapiés/ me estoy muriendo de ganas/ de casarme con las tres».

«Por delicadeza»

Leiva comparte micrófono con Sabina en esta balada que cuenta la típica historia de desamor, sello inconfundible de la casa: «Ayer te quise por amor al arte, hoy por delicadeza». Un final apropiado.

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