El régimen chavista blindó la alianza entre ETA y las FARC hasta después de la tregua
ABC El etarra Cubillas, empleado de las administración chavista, gestionó campos de entrenamiento en Venezuela para experimentar con las granadas Jotake-Handia, usadas luego, en 2003, en el atentado contra el cuartel de Aizoaín, y con misiles tierra-aire, como los incautados después a «Mikel Antza»
Domingo , 07-03-10
ETA y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han compartido cursos sobre prácticas terroristas en campos de adiestramiento de Venezuela y con protección del régimen chavista, al menos, hasta 2008, pese a que la banda había reventado la tregua.
Lo cierto es que de Cuba parte la colaboración de ETA con las FARC, alianza sobrela que también orbitan agentes del aparato del Estado chavista. La conexión de esos tres elementos la ha revelado el juez Eloy Velasco en el auto en el que procesa a seis etarras y a otros siete narcoterroristas de las FARC, y en el que denuncia la «cooperación gubernamental venezolana» en la «ilícita colaboración» de las dos organizaciones terroristas.
El magistrado sustenta el nexo en documentos internos de ETA -la banda se refiere a Venezuela con la clave «Andrés» y a Cuba con la de «José»-, en los correos que almacenaba el ordenador del narcoterrorista Raúl Reyes y en las investigaciones realizadas por la Jefatura de Información de la Guardia Civil y de la Comisaría General de Información de la Policía. Son precisamente los «papeles» de ETA los que sitúan el origen de la «amistad» entre la banda y las FARC en la Cuba castrista. El primer paso lo dio Jokin Gorostidi Artola (ya fallecido), cuando residió en la isla y era miembro de la comisión de deportados etarras. Mantuvo entonces una reunión con un comandante de las FARC y sus impresiones las plasmó en una carta que, fechada en febrero de 1993, dirigió a ETA. Su encuentro con el narcoterrorista lo tachó de «muy interesante» y destacó la disposición de ambas partes a realizar «trabajos conjuntos».
De este primer contacto se tuvo datos en el material intervenido en 1993 a los etarras «Pedrito de Antoain», y José María Dorronsoro. Seis años más tarde, tras la captura de «Kantauri», se obtuvo la segunda prueba de la conexión ETA-FARC, ya que se incautó un documento en el que José Ignacio Echarte, alias «María Antonia», residente en Cuba, pedía permiso a la banda para efectuar «pruebas en Venezuela sobre le lanzamiento de proyectiles del tipo granadas o morteros dotados de 40 kilogramos de sustancias explosivos con los que pretendían alcanzar una distancia de 600 metros desde el punto de lanzamiento».
##5«Andrés» y «José»
El citado documento señala que «María Antonia» [Echarte Urbieta] y otro compañero tenían solicitado permiso [a la dirección etarra]. Para hacer las pruebas querían venir a Andrés [clave con la que ETA se refiere a Venezuela] y claro el que está en la otra parte, el que está con los de José [clave para identificar a Cuba], no moverse».
Estas dos experiencias impulsaron que en noviembre de 1999 el «comité ejecutivo» de ETA elevara a la categoría de «oficiales» sus relaciones con las FARC. El objetivo que perseguía era, según el juez Velasco, «exportar al extranjero sus tácticas y técnicas en la causación de terror y aprender experiencias ajenas en ese ilícito campo».
En esta nueva fase ETA trabajó desde Cuba para que ese maridaje continuara viento en popa. De esa misión se encargó José Ángel Urtiaga, deportado por Francia en marzo de 1984 a Panamá, desde donde se desplazó dos meses después a la isla caribeña. Desde el año en que llegó hasta 1998, Urtiaga fue el jefe del colectivo de refugiados, puesto que le sirvió para ampliar sus contactos con las FARC para propiciar sobre todo, «experimentos conjuntos con artefactos explosivos». El testigo lo recogió José Miguel Arrugaeta, etarra que sigue residiendo en Cuba desde 1984.
Una vez que ETA dio rango oficial a sus contactos con la FARC, los encargados de realizar tales intercambios fueron Emiro del Carmen Ropero Suárez, «Rubén Zamora», comandante del Frente 33, por parte de los narcoterroristas (actúa en el departamento Norte Santander fronterizo con Venezuela), y Arturo Cubillas Fontán, por parte de ETA. éste reside en Venezuela desde mayo de 1989.
Al año de llegar al país suramericano, Cubillas se casó con la venezolana Goizeder Odriozola Lataillade, quien ha ostentado cargos en el Gobierno desde que en febrero de 1999 Chávez llegó al poder. Los favores del dictador bolivariano también alcanzaron a Cubillas, al que nombró en 2005 director adscrito a la Oficina de Administración y Servicios del Ministerio de Agricultura y Tierras de Venezuela. Cubillas compaginó su trabajo de directivo del Gobierno con el de responsable del colectivo etarra y con el de coordinador de las relaciones con las FARC.
Esta triple misión le permitió organizar entre el 14 de julio y el 12 de agosto de 2003 adiestramientos de miembros de ETA en los campamentos de Noel Matta y Luciano Martín Arango, en la frontera con el estado venezolano de Zulia. Organizado y gestionado por Cubillas, en uno de estos cursillos «un miembro de la Dirección de Inteligencia Militar de Venezuela y un vehículo escolta con soldados venezolanos» custodiaron por tierra a los etarras desde Maracaibo hasta el campamento dirigido por Martín Arango. El cursillo consistió en prácticas sobre fabricación y empleo de las granadas Jotake-Handia. La primera vez que las empleó fue en el atentado contra el Cuartel del Ejército de Aizoain (Navarra), el 18 de octubre de 2003.
##5Atentar en España
El segundo entrenamiento con las FARC fue en diciembre de 2003. Cuatro etarras se adiestraron en el uso de misiles tierra-aire. Al año siguiente, se incautaron a «Mikel Antza» y Soledad Iparraguire dos SAM-7 con los que ETA quiso matar a Aznar. ETA, por su parte, instruyó a las FARC sobre «técnicas modernas de guerrilla urbana», confección de artefactos activados por movimiento y mediante teléfonos móviles. Estos entrenamientos conjuntos, comenzados en 2003, se prolongaron hasta 2008.
Además, Cubillas fue intermediario entre la dirección de ETA y el cabecilla de las FARC Raúl Reyes para que mantuvieran una entrevista a finales de 2004. Al final, la banda no acudió por motivos de seguridad.
En contraprestación y aprovechando esos contactos, las FARC pidieron a ETA colaboración para localizar en España, además de al ex presidente Pastrana, a la ex embajadora Sanin al ex candidato presidencial Antanas Mockus, al vicepresidente Francisco Santos y otros cargos colombianos con el fin de asesinarles. Posteriormente, las FARC añadieron a esta lista al al presidente de Colombia Alvaro Uribe. ETA se mostró dispuesta a colaborar.

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