Busto del general en la exposición del Museo del Ejército
Busto del general en la exposición del Museo del Ejército - ana pérez herrera

La faceta menos amable del general Prim

Sería injusto no admitir que como militar era un excelente conductor de hombres y con un valor auténticamente temerario. Pero no es menor cierto que es preciso conocer otras facetas de su vida que nos ayuden a tener un juicio más completo y objetivo del personaje

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Acaba de cerrar al público en el Museo del Ejército la exposición que ha recreado la vida del general Prim, importante militar y político del siglo XIX. Juan Prim y Prats nace en Reus el 6 de diciembre de 1814 lo que supone que el pasado año fuera el 2º centenario de su nacimiento y en estos momentos se esté conmemorando dicho bicentenario, durante un año, en el que oficialmente hay una serie de acontecimientos que pretenden realzar y dar a conocer su figura.

Ciertamente hay que reconocer que se trata de la figura política, a pesar de ser militar, sí militar (hoy día sería para asignarle una buena excomunión y un entredicho que él se pasaría por el arco de triunfo, pues nunca se consideró católico aunque lo fuera), más importante del siglo XIX.

Igualmente sería injusto no admitir que como militar era un excelente conductor de hombres y con un valor auténticamente temerario. Pero no es menor cierto que es preciso conocer otras facetas de su vida que nos ayuden a tener un juicio más completo y objetivo del personaje. Lo dicho es tanto más necesario en cuanto que el gran público no conoce su vida, y por otro, sólo se conoce aquella parte de su vida que salpica la Historia de España mal o incompletamente enseñada en y por un sistema de enseñanza que deja bastante que desear.

Pasaremos como sobre ascuas en la parte de su vida en la que combate durante la primera guerra carlistas y en la que demuestra su valor casi temerario, pero en la que aún no tiene responsabilidades suficientes para darnos a conocer su “otra cara”.

En mayo de 1843 siendo coronel se levanta en Reus contra el poder constituido y posteriormente ese mismo año nombrado general por el nuevo Gobierno y siendo gobernador de Barcelona es encargado de que suprima una revuelta radical en la que estaban implicadas varias ciudades catalanas, entre las que estaban Barcelona y Reus, su ciudad natal. Barcelona fue sometida, al cabo de dos meses, después de un bombardeo en el que cayeron varios miles de granadas sobre una ciudad indefensa y en la que la población civil tuvo su bien cumplida ración de daños colaterales. El aplastamiento de la sublevación tuvo no pocos episodios de encarnizamiento y crueldad, así considerados por sus contemporáneos.

Luego veremos más episodios similares pero no conviene olvidar que estuvo implicado en un atentado contra Narváez. Sería largo hablar del asunto, pero sus amigos debieron de estar cerca para que saliera indemne, aunque esto no fue totalmente posible ya que Narváez, el Espadón de Loja, era mucho Narváez y se le castigó desterrándolo, cuando en ese tiempo te asignaban por menos de nada un pelotón de fusilamiento.

En 1847 se le nombra capitán general de Puerto Rico actuando como un auténtico virrey, olvidándose durante su gestión de las instituciones políticas de dicha provincia española (Este será mi Reino, serán palabras dirigidas a su madre) y aprovechando para rehacer su patrimonio a costa de la provincia, pues cuando allí llegó estaba casi arruinado.

Estando destinado de capitán general en Puerto Rico se produjo en la Martinica (bajo soberanía francesa) un levantamiento antiesclavista negro. A fin de controlar la sublevación en su jurisdicción promulgó el Código Negro en el que se establecían unas medidas de represión contra los negros realmente crueles, y el que se despreciaba con escarnio a “esa raza negra”. En otro levantamiento similar, en una colonia danesa próxima, masacró a los negros “daneses”, haciendo lo mismo con los líderes negros de Puerto Rico. Huelga decir que los daneses le asignaron la correspondiente medalla.

En 1851 se volvió totalmente catalanista, poniendo como chupa de dómine a los gobiernos de Madrid que habían promovido su carrera militar y favorecido su “lícito y muy honorable enriquecimiento” en Puerto Rico.

En 1853 interviene en la guerra de Crimea, apoyando al Gobierno de la Sublime Puerta (hoy le acusaríamos de ser mercenario).

En 1857 está detrás de las insurrecciones previstas en Zaragoza, Valencia y Barcelona, estando implicado en nuevos preparativos insurreccionales en 1864 y 1865, completando todo ello con lo ocurrido en 1866 que se concretó con el pronunciamiento de Villarejo de Salvanés (Madrid) y la sublevación del cuartel de San Gil en Madrid.

En la guerra de África, declarada el 22 de octubre de 1859, se dará el acto más conocido y renombrado de Prim. No obstante en dicha guerra hay asuntos que no quedan claros cuando los imbricamos con otros hechos que ocurrieron al mismo tiempo, o casi, y con interés en los que nuestra amiga Francia estaba por medio.

Hay que decir que el general O’Donnell no contaba inicialmente con Prim en los planes de la guerra. Parece ser que fue requerido a África porque el general Prim, que a la sazón se encontraba en Madrid, estaba implicado en el movimiento de San Carlos de la Rápita que costó la vida al general Ortega, capitán general de Baleares y cuya finalidad era que Francia y España (Napoleón III estaba detrás) se repartieran en ese momento el norte de África -aquí nos han vuelto a vender otra película-. El reparto llegaría unos decenios más tarde, dejándonos el norte de lo que hoy es Marruecos (el estrecho para España por no ofender a Alemania y por ser nuestro país una potencia de tercer orden). Esto lo camuflarían envolviéndolo con el amago de un movimiento carlista.

En el año 1868 en compañía de general Serrano de la Torre y almirante Topete dan el golpe de estado llamado La Gloriosa utilizando la flota que en Cádiz estaba preparada para combatir la sublevación de las provincias de ultramar, todo ello en un auténtico ejercicio de patriotismo.

Por si lo expuesto no fuera suficiente hay que decir que, preparando el golpe antes citado, el general Prim y Sagasta, estuvieron a finales del año 1867 buscando un sustituto a Isabel II (la que le había nombrado general, virrey de Puerto Rico y Grande de España con ocasión de la guerra de África –batalla de los Castillejos-) y pensaron en el pretendiente carlista D. Carlos, poco después Carlos VII para una parte de españoles. Lo que ellos pretendían era un pelele, a lo que el general Cabrera, en la reunión que tuvieron en su casa de Inglaterra, les vino contestar que don Carlos tenía un programa propio, no lo que ellos quisieran imponerle; en suma, que no era un títere.

En lo que era el asunto cubano (ya entonces empezaba a estar candente, y los E.E.U.U. sembrando cizaña) propuso la independencia de la provincia cubana si así se aprobaba por referéndum cubano y previa compensación a España de los E.E.U.U., todo ello para sanear las finanzas públicas. Cuando el asunto se plantea de verdad y se pretende la venta expone: “la isla de Cuba no se vende porque su venta sería una deshonra para España”. ¿Coherencia, oportunismo?

Cuando visto el desastre de la 1ª República deciden que tiene que haber un Rey, ponen la Corona de España en almoneda y después de ser responsables indirectos de la guerra franco-prusiana, se la ofrecen a Amadeo de Saboya. Aquí nuestro protagonista tendrá una importancia crucial, pues se opuso encarnizadamente a sus compañeros de golpe, llegando a decir que “mientras él viviera los Borbones no reinarían en España”: acababa de asignarse un cargador para él solo. Huelga decir que el general Prim, siendo Presidente del Consejo forzó el parecer de sus compañeros Serrano y Topete a fin de proponer a Amadeo de Saboya e imponiendo su criterio a los diputados, en un Congreso dominado por él, a fin de que votaran las propuestas necesarias para que viniera el hijo del rey de Italia. Como acabamos de ver no es oro todo lo que reluce ni siquiera en los personajes históricos que tal vez declinan un poco cuando se analiza su otra faceta, que también es verdadera. Si analizamos con detalle lo expuesto nos encontramos con alguien que no era un inmoral, sino un perfecto amoral. Como excusa creo que no vale decir que fue un producto de su tiempo y época, pues verdad que no fue el único, ya que también hubo cantidad de hombres públicos que actuaron con auténticos criterios éticos y morales.