Estanislao Figueras, en una caricatura
Estanislao Figueras, en una caricatura - ldefonsosuarez.es/

El presidente republicano que se hartó de los españoles y huyó del país

La esperpéntica espantada de Estanislao Figueras puso fin al breve primer gobierno de la Primera República

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Gobernar España nunca ha sido una tarea fácil. A lo largo de la historia del país, muchos políticos han tenido que hacer frente a grandes crisis y situaciones de inestabilidad de muy difícil solución. Estos problemas llevaron a algunos de esos líderes a rendirse y abandonar sus cargos, pero ninguno lo hizo de forma tan estrambótica como el primer presidente de la Primera República Española, Estanislao Figueras y Moragas.

Para conocer los detalles de este singular suceso que rescata el blog «Curistoria», tenemos que retroceder hasta 1873. En febrero de ese año, la renuncia de Amadeo I de Saboya al trono español en medio de una gran inestabilidad social había supuesto la proclamación de la Primera República y, con ella, el nombramiento de Figueras como su primer presidente.

Sin embargo, la tarea de Figueras no iba a ser sencilla. La crisis económica, las intrigas políticas, tanto fuera como dentro de su propio partido, y los problemas territoriales, en medio de una fiebre de federalismo, al frente del que se encontraba una Cataluña separatista, le llevaron a tomar una decisión inédita hasta entonces en la política española: tomar el camino de la frontera francesa y huir del país sin previo aviso.

Según cuentan las crónicas de la época, todo sucedió en una reunión del Consejo de Ministros celebrada el 9 de junio de 1873. Después de numerosas discusiones sin llegar a ningún acuerdo para superar la crisis institucional que atravesaba el país y que le había llevado a sufrir varias crisis de gobierno y numerosos intentos de golpe de estado en menos de cinco meses, al parecer, Figueras había agotado su paciencia y, en un momento de la sesión, el presidente exclamó «Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros». Acto seguido, abandonó la sala.

Al día siguiente, al ver que no se presentaba en el Ministerio, los ministros Castelar y Pi y Margall ordenaron que fueran a buscarle a su casa. Allí, los criados aseguraron a los enviados que la noche anterior Figueras había hecho las maletas y había salido con la intención de tomar un tren con destino a Francia. Cosa que, efectivamente, había hecho.

Una vez superado el estupor de que el máximo responsable del país hubiese huido sin importarle lo que dejaba atrás, Francisco Pi y Margall fue nombrado presidente de la República Española. Figueras regresó unos meses más tarde, pero su prestigio ya nunca pudo recuperarse de aquella espantada nacional fruto de un auténtico hartazgo.