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«Egolité»: «Socialité» cumple dos años

El programa, presentado por María Patiño, celebra dos años como una necesidad objetiva

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Socialité - TELECINCO
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Cumplió dos años «Socialité», la revista del corazón del fin de semana. Había un riesgo real de que en las horas que van del «Deluxe» al «Viva la vida» se le pudiese olvidar algo al espectador de Telecinco, así que «Socialité» es una necesidad objetiva.

Es un programa modesto de medios, pero efectivo y a la mayor gloria de María Patiño, de quien ya conocíamos el registro de la vena en el cuello y que aquí fusiona la presentadora con la comentarista. Ella da la noticia y ella la interpreta desde el yo de Patiño o desde la cantidad de Patiño que contuviera la pieza. Es casi imposible que no hable en primera persona: «Pues yo creo», «A mí me pasa que», «Mi queridísimo Fulanito»... Al repaso a los famosos y sus instagrames, Patiño responde con ego y con esa idea suya del periodismo entre Bob Woodward y Aurelio Manzano.

Patiño lo vive y los reporteros, que deben de flipar, exhiben abiertamente su devoción: «María, que nadie me separe de ti», «¡Qué gran alegato, María!», cosas que ella acepta con absoluta normalidad. Telecinco es como una cascada o un zigurat de adulación. Belén adora a Jorge Javier y a la Cúpula; Patiño adora a Belén; y otros adoran a Patiño... Pero ¿no es así la vida?

Esto se ha visto en la boda de Belén Esteban, en la que solo Diego Arrabal ejerció de malo oficial (un poco como Cristóbal Soria en el Chiringuito). Es curioso que tratándose del mundo del corazón el malo sea el paparazi y se vea normal que Belén ofrezca una boda en la que no aparece el novio (El Migue, ahora Miguel) y en la que tampoco sale «lo que ella más quiere» ni «la pareja de lo que ella más quiere». Solo se dejó por pixelar a la «abuela de lo que ella más quiere».

Citando a cierta concursante de «Supervivientes», se queda uno «en estado de stock» porque Belén, talento aparte, se hizo famosa hablando y de lo lindo de Jesulín, el último torero famoso de verdad, y luego en esas guerras que ya parecen del Peloponeso con la Campanario, que era la mala malísima aunque el tiempo, juez casi igual de grande que la Patiño, la haya convertido en La Perfecta Casada de Fray Luis.