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Los errores históricos de «The Spanish Princess», la serie norteamericana que ridiculiza a Isabel la Católica

El carácter manipulador de Catalina de Aragón, la ausencia de Fernando el Católico y la armadura de su consorte

«The Spanish Princess» presenta a Isabel la Católica (Alicia Borrachero) con armadura y espada
«The Spanish Princess» presenta a Isabel la Católica (Alicia Borrachero) con armadura y espada
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El destino de Catalina de Aragón pudo ser bien diferente. La muerte de Arturo Tudor un año después, con quien la hija menor de los Reyes Católicos llevaba prometida desde los cuatro años, apuró el ingenio de la Corte británica, que, con la intención de mantener la alianza con España y dado que todavía se adeudaba parte de la dote del anterior matrimonio, encontró la alternativa para la joven madrileña en su otro hijo, el futuro Enrique VIII, hermano del difunto príncipe de Gales y el protagonista del acontecimiento más significativo de su historia: la ruptura de Inglaterra con la Iglesia Católica.

Frecuentemente representada en la ficción como una persona con gesto adusto y morena (por ejemplo, en la película «Las hermanas Bolena»), Catalina era rubia y de ojos azules, y el príncipe enseguido se quedó prendado de ella. El temprano amor que la belleza española despertó en el británico bastó para acallar los rumores sobre si había consumado su anterior matrimonio pero no para apaciguar sus ansias de tener un heredero varón, lo que terminó motivando la humillación de la hija de los Reyes Católicos a la que Enrique VIII repudió para casarse con Ana Bolena.

Todo esto lo cuenta «The Spanish Princess», la serie norteamericana de Starz que ha estrenado HBO España. Basada en dos novelas de Philippa Gregory, este drama del siglo XVI representa a la princesa Catalina desde su llegada a Inglaterra hasta su posterior matrimonio con los dos príncipes ingleses. Aunque replica algunos de los sucesos que marcaron esa época, es también palpable la visión chovinista con la que encara ciertos eventos, con errores de bulto como la inexplicable ausencia de Fernando II de Aragón en el argumento o representar a Isabel la Católica (interpretada por la española Alicia Borrachero) con armadura gótica y espada en mano contra el Rey de Granada y los infieles. Resulta paradójico cuando hubiese sido más simple invertir sus roles, ya que sin presentar batalla, Fernando sí se enfundó en una armadura. Para guardarse las espaldas, eso sí, justifica su falta de rigor advirtiendo al final de cada capítulo que «algunos eventos históricos y personajes han sido alterados en la serie para un propósito dramático».

De este modo, «The Spanish Princess» retrata a la última hija de los Reyes Católicos como una persona manipuladora y dispuesta a mentir para conseguir lo que quiere, planteando que ulitiza sus ardides para quedarse en Inglaterra y desposarse con Enrique VIII, asegurando que se mantuvo virgen pese a desposarse con el príncipe Arturo. No es consecuente la ficción que emite HBO España con el pasado al abordar este debate sin contar lo poco que le importó esta cuestión a Enrique VIII a la hora de casarse con ella con el fin de perpetuar una dinastía tan reciente como la de los Tudor en Inglaterra, pero que se convirtió en la excusa perfecta para solicitar su nulidad matrimonial cuando le interesó el divorcio.

Lejos de la mujer culta e inteligente que fue, el carácter con el que «The Spanish Princess» retrata a la Reina consorte contrasta, además, con su lema –«Humble et loyale» (humilde y leal)– y con las palabras, entre otros, de William Shalespeare, para quien era «la Reina de todas las reinas y modelo de majestad femenina». Pese a ser repudiada por el Rey Tudor, Catalina siempre fue respetada y querida por el pueblo inglés, que todavía lleva granadas a su tumba.

Frente a los gazapos referentes a la española, la ficción es bastante rigurosa con Enrique VIII, con la salvedad de permitirse una licencia narrativa al envejecerlo por motivos de guión para evitar saltos temporales durante los episodios, ya que cuando conoce a Catalina tenía diez años y en la ficción se le representa como alguien mayor.

La fidelidad histórica brilla por su ausencia cuando se incluye a un escolta musulmán de Isabel I de Castilla que reza a Alá. Se trata de un error pensar que la comitiva real habría acogido entre sus filas a un musulmán, cuando lo coherente hubiera sido que se convirtiera al catolicismo.

Sí acierta la ficción al integrar en la comitiva de Catalina a Catalina de Cardones, una joven de origen africano y nacida en Motril (Granada) que renunció, entre otras cosas, a su religión fe musulmana. Sin embargo, su vestuario parece más apropiado para alguien de la nobleza que para una doncella.