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«Big Little Lies»: la fuerza de las supervivientes

La serie sorprende con un final que se explica completamente solo si has leído el libro de Liane Moriarty

Una secuencia del final de «Big Little Lies»
Una secuencia del final de «Big Little Lies» - HBO
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[Ojo, está lleno de spoilers]

A quince minutos del final del séptimo capítulo de «Big Little Lies» sigues mordiéndote las uñas. ¿Quién será el asesino? ¿Y la víctima? Esta serie basada en un libro homónimo de Liane Moriarty sabe engancharte desde el principio usando una estrategia muy particular: no sabes quién es el atacante (lógico), ni la víctima (sorprendente) ni, por supuesto, el móvil. Imposible hacer quinielas. Sin embargo, esto pronto pasa a un segundo plano, porque los interrogatorios destacan los claroscuros, o más bien solo la negrura, de un barrio de California lleno de millonarios triunfadores. Bajo el brillo de las lujosas casas frente al mar (planos en los que el director se regodea) se esconden matrimonios infelices, maltrato, bullying, violaciones, traumas... Sí, otra serie que demuestra que los ricos también lloran.

Cada protagonista "carga" con su propia cruz. Madeleine (interpretada magistralmene por Reese Witherspoon) es una madre obsesionada con mostrar una imagen íntegra y perfecta. Sin embargo, está llena de inseguridades: su exmarido a dejó por otra, Bonnie (Zoe Kravitz), su hija adolescente no quiere vivir con ella y además fue infiel a su actual pareja, Ed, que es un buenazo (yo temí que fuera la víctima, la verdad), y no se atreve a contárselo. Tienen conversaciones que harían temblar a cualquier enamorado. "¿El matrimonio no es también fingir?", se preguntan.

Su mejor amiga, Celeste (Nicole Kidman, que va de menos a más, hasta el máximo) vive con Perry, un rico banquero con quien tiene a sus gemelos. Ella dejó su trabajo para dedicarse a su familia, pero vive atrapada en una relación altamente tóxica. Aunque ella tarda varios capítulos en reconocerlo, Perry la maltrata física y psicológicamente: no quiere que trabaje, controla sus amistades y cuando la agrede promete que cambiará. Un retrato realista de esta lacra social que, reflejada en una serie, quizás ayude a alguna mujer a hacer saltar las alarmas. "Esto le puede pasar a cualquiera", recuerda en el libro Celeste.

También Jane (Shailene Woodley), la tercera madre en discordia, tiene sus fantasmas: su hijo, Ziggy, fruto de una violación, es acusado de bullying por una despiadada madre (Laura Dern). Mientras, ella vive obsesionada con encontrar a su agresor.

En el último episodio, durante una gala benéfica, todo estalla: Celeste descubre que el verdadero acosado es su hijo, víctima al "copiar" la conducta de su padre y decide dejar a Perry. Durante su pelea Jane recuerda que él fue también el violador y forcejean. Entonces Bonnie aparece en la escena y lanza a Perry por la escalera. En dos minutos y unos flashback resuelven el misterio. Tiempo que a mí, que había pasado seis deliciosas horas con estas mujeres que pasaron de darme envidia a pena, me supo a poco.

Hay una pregunta final que la serie no descubre (su mayor pero, además de las voces que la tachan de ser demasiado contemplativa, por su ritmo lento y seductor) y sí lo hace el libro: ¿Por qué Bonnie? La respuesta la da Liane Moriarty, y es que Bonnie fue maltratada por su padre. Todas encubren a la joven asesina. En el fondo, todas son supervivientes, aunque aparentemente lo tuvieran todo. Y se hacen fuertes juntas (¡bravo!). Si no se protegen entre ellas...¿Quién lo hará? Un mensaje combativo con el machismo y universal.