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La cruel historia de la única mujer que conquistó a Cary Grant, el galán de Hollywood

Ni las cinco mujeres con las que se casó ni los rumores sobre sus escarceos con hombres pudieron ocultar al que fue su verdadero amor: la madre que le habían arrebatado

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«Todo el mundo quiere ser Cary Grant. Incluso yo quiero ser Cary Grant. He pasado la mayor parte de mi vida fluctuando entre Archie Leach y Cary Grant; sin estar seguro de ninguno, desconfiando de ambos. Fingí ser alguien que deseaba ser, hasta que finalmente me convertí en esa persona. O él se convirtió en mí», reconocía el actor, tal y como replica Marc Eliot en «Cary Grant: La biografía» (Lumen, 2007).

Apuesto galán con medio Hollywood a su favor, Cary Grant era una persona diferente fuera de la gran pantalla. Curtido por una infancia difícil marcada por la ausencia materna y los delirios de un padre alcohólico, en cuanto pudo dejó atrás el nombre de Archie, y se labró su propia historia, un papel protagonista más en su extensa filmografía. Pero ni todos los papeles que interpretó le permitieron escapar de su pasado.

Grant creció pensando que su madre, Elsie, había muerto mientras él estaba en el colegio. Su familia tejió una red de mentiras, ocultando una cruel realidad que el famoso actor terminó sabiendo más tarde.

Fue durante un reencuentro con su padre, Elias. Apenas tres cervezas el bastaron a su progenitor para soltar romper los cimientos de la vida de Cary Grant. «Bueno, hijo, ¿te gustaría ver a tu madre?». El intérprete no entendía nada, y le preguntó a su padre si se trataba de una broma. Pero no, después de enterrar en la memoria a su mujer, decidió rescatar su recuerdo y contarle la verdad a su hijo.

Su madre no estaba muerta, sino recluida contra su voluntad en Fishponds, una institución para deficientes mentales de un condado a las afueras de Bristol. El pequeño Archie se vio privado de la presencia materna porque esta había sufrido una grave «crisis nerviosa», según el propio Elias, que prefirió ahorrarle el dolor de ver a su madre así haciéndole creer que en realidad había muerto ya que creía que la estancia de su mujer en la institución mental Fishponds duraría de por vida.

Un alicaído Grant salió del pub en el que se había encontrado con su progenitor, arrastrando los pies, devastado. Ni siquiera Virginia Cherrill, su mujer por aquel entonces, pudo consolarlo.

La vida del actor se tambaleó. Su padre, al que siempre había adorado, se convirtió en el villano de la película de su vida, en alguien que injustamente le había arrebatado a su madre. En cambio, su madre pasó de desaparecida a trágica heroína, abandonada, marginada, alejada de todos por la fuerza. Los principios de Grant, que durante años había creído que esta lo había abandonado, se tambalearon: dejó escapar el odio que sentía contra su madre y transofmró la impotencia de conocer tan tarde la noticia en ira contra su padre.

Después de una noche agitada, Grant aclaró sus ideas. Instó a Elías para que dispusiese lo necesario para citarlo con su madre, compensándole así la relación arrebatada.

Quince tortuosos minutos de trayecto en taxi hasta Fishponds. La verja del manicomio emergía al fondo del camino y, dentro, su madre esperaba. El actor no pudo contener la emoción. Ella, de cincuenta y seis años, y él, de treinta, se reunieron por fin. La vida le devolvía a Grant a alguien que creía muerta.

Enseguida se percató de los cambios. La piel, el pelo... las huellas de haber vivido bajo el yugo de la demencia dejaron su rastro en Elsie. Ella, alegre, acariciaba a un conmocionado Grant, que lloraba como un crío, como ese pequeño Archie que ella seguía viendo en él. Pero su mente estaba en una especie de Limbo, presente pero lejos, perdida. Ni siquiera sabía cuánto tiempo había transcurrido, ni que su hijo había dejado ya hace tiempo, tras su ausencia, de ser el pequeño Archie para convertirse en una de las grandes estrellas de cine de la historia.

Cary Grant jamás divulgó la artimaña de su padre ni su posterior reencuentro con Elsie. Tan solo Cherrill conoció el secreto y, más tarde, sus memorias.

Y entre la desesperación y el odio, siempre el amor. Boda de por medio —la quinta del actor, que siempre deambuló entre los brazos de mujeres que se lo disputaban y, según el crítico de moda Richard Blackwell, también de hombres como el actor Randolph Scott, con quien vivió durante 12 años—. Y, por fin, Elsie Leach fue declarada «oficialmente sana» diecinueve años después de su confinamiento.

La turbia historia de la única mujer que verdaderamente conquistó al galán más solicitado de Hollywood. Un guión de película que Grant no seleccionó como tantos otros. Uno que trastocó para siempre la vida del actor, sumiéndolo en un alcoholismo que superó a base de sesiones psicodélicas y transformándolo en un firme defensor y divulgador de los beneficios del LSD en la meca del cine.