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«Rebelde entre el centeno» El libro maldito que sirvió de amuleto para los asesinos

Además de Chapman, que cosió a balazos a John Lennon, otros ilustres descerebrados confesaron su admiración por «El guardián entre el centeno». Se cuenta que Robert John Bardo, que asesinó a la actriz Rebecca Schaeffer, llevaba consigo este libro. También John Hinckley, que intentó matar a Ronald Reagan, declaró su obsesión por la obra

Nicholas Hoult en la película «Rebelde entre el centeno»
Nicholas Hoult en la película «Rebelde entre el centeno»
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Mark David Chapman lo llevaba en su bolsillo el 8 de diciembre de 1980, cuando decidió coser a balazos el cuerpo de John Lennon. Ninguna crónica dejó escapar el detalle. Ese mismo año fue el libro más prohibido en los institutos de Estados Unidos. También el segundo más recomendado. Era lo que se dice una obra encantadoramente maldita. Hablamos, claro, de «El guardián entre el centeno», una novela que le debe tanto a su autor, J. D. Salinger, como a toda la mitología que se ha creado su alrededor y que ha impedido que con el paso de los años (67 desde su publicación) haya perdido un ápice de provocación.

La historia que narra es bien simple. La resumió perfectamente el propio Salinger cuando, diez años antes de publicarla, le contaba a una amiga que estaba escribiendo las peripecias de «un chico de instituto durante las vacaciones de Navidad». Y el libro no dice más que eso. Lo que pasa es que ese «chico de instituto» se llama Holden Caulfield y es uno de los personajes más memorables de la literatura reciente: un adolescente dolorosamente insoportable (como todos en su momento) que lleva hasta las últimas consecuencias sus ansias de libertad rebelde, por otra parte un tema muy cinematográfico…

Caufield es tan sensible como exagerado, dice tacos, fuma, bebe, odia el orden establecido y no cree en las convenciones. Desde que lo expulsan del instituto emprende la aventura de perderse en Nueva York, literal y metafóricamente. No sabe quién es y juega a ser adulto (algo que también odia), una actitud que en él se cifra en sexo, decadencia y prostitutas. El libro, en efecto, fue toda una provocación, pero se convirtió en el relato de iniciación por antonomasia, ese que retrata como pocos los meandros de la adolescencia, ese mar de dudas que el autor dibuja con una prosa tan ágil como exacta. Su fuerza se resume en un dato: a día de hoy la novela ha vendido más de 65 millones de ejemplares.

Salinger también se convirtió en un icono: el del escritor misterioso, celoso de su intimidad, misántropo y alérgico al éxito que él mismo había cultivado. Como decíamos, el libro le debe tanto a su autor como a la mitología que se ha generado a su alrededor: el texto y el contexto, el hombre y sus circunstancias. Además de Chapman, otros ilustres descerebrados confesaron su admiración por «El guardián entre el centeno». Se cuenta que Robert John Bardo, que asesinó a la actriz Rebecca Schaeffer, llevaba consigo este libro. También John Hinckley, que intentó matar a Ronald Reagan, declaró su obsesión por la obra.

Y quizás todo ese aura de malditismo contribuyó a sublimar el éxito de una obra que la crítica ha juzgado como excelente. Quizás el centento tenga tanto que decir como el guardián y por eso ni la obra ni su creador han dejado de sacudir lectores desde hace más de medio siglo.