ES NOTICIA EN ABC

James Bond contra la corrección política

El anuncio de Daniel Craig de que la próxima será su última película como James Bond abre una crisis en la serie

Todos los Bond. De izquierda a derecha: Roger Moore, Timothy Dalton, Daniel Craig, Sean Connery, George Lazenby, Pierce Brosnan - ABC / Vídeo: Craig confirma su despedida como agente 007
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Hace unos meses, James Bond se personó en el cuartel general de la CIA en Virginia. La visita de Daniel Craig a Langley para asesorarse sobre espionaje fue la prueba de que el actor finalmente ha aceptado protagonizar su quinta película como 007, la número 25 de la saga. Había dudas sobre su permanencia, por serias discrepancias con el director elegido por los productores, Danny Boyle («Trainspotting»). Bond, como suele hacer, ganó el pulso, eligió su propio reemplazo para Boyle y de paso anunció que ésta será su última película en el papel, reabriendo una vez más el eterno dilema de la serie.

¿Quién puede ser el nuevo Bond? ¿Debe ser alguien de raza negra? ¿Una mujer? ¿Por qué no un transexual? Estas no son preguntas inventadas. Todas han sido trasladadas por críticos, seguidores y colectivos de todo tipo a la productora Eon, responsable de la saga Bond y que dirige Barbara Broccoli.

En agosto, tras el anuncio de que Craig abandonará el MI6, Broccoli insinuó que tal vez es hora de que James Bond sea de raza negra. «En algún momento tiene que suceder», dijo en un evento en Londres. Inmediatamente el tabloide británico «The Daily Mail» publicó: «Abierta la puerta al primer Bond negro». Idris Elba, actor negro, nacido en Reino Unido, de 45 años y complexión atlética tuiteó, jocoso: «Mi nombre es Elba, Idris Elba».

Según Bruce Feirstein, guionista de «GoldenEye», «El mañana nunca muere» y «El mundo nunca es suficiente», es posible: «¿Acaso es inimaginable que hoy mismo, en la vida real, haya un británico negro elegante, galante e implacable de misión en Londres o en cualquier lugar exótico, armado con una Walther PPK que trabaja en el Mi6?». Feirstein, por cierto, fue el responsable de elegir a la primera jefa mujer de Bond, Judy Dench.

El propio Elba, sin embargo, no se contentó con postularse. Si no era él, ¿por qué no una mujer? «Podría ser una mujer, podría ser una mujer negra o una mujer blanca. ¿Por qué no hacer algo realmente diferente?», dijo en una entrevista con «Variety». Inmediatamente, otro tabloide, «The Evening Standard», propuso dos nombres: Emily Blunt («El regreso de Mary Poppins») y Gillian Anderson («Expediente X»).

¿Por qué no una mujer?

Ahí, sin embargo, los productores se plantaron. Broccoli tuvo que salir a desmentir que estuviera organizando ya un casting de actrices: «Bond es un hombre. Es un personaje masculino. En las novelas es un hombre y creo que es muy probable que siga siendo un hombre».

Desde que en 1962 se estrenara «James Bond contra el Dr. No» los productores de la serie han ido corrigiendo poco a poco el cada vez más anacrónico comportamiento del protagonista. El mundo ha cambiado mucho tras 57 años y 25 películas. Las andanzas de Sean Connery y Roger Moore no quedan en buen lugar vistas ahora mismo.

Los guionistas también han ido renovando su entorno: le han añadido al espía aliadas, enemigas y hasta jefas mujeres con las que han intentado demostrar que sí, saben que Bond es un machista, pero que así fue creado.

El mejor ejemplo es la primera reunión que tiene Pierce Brosnan con Dench en el estreno de ambos como Bond y su jefa, M, en «GoldenEye» (1995). Ella le dice: «Creo que es usted un dinosaurio sexista y misógino, una reliquia de la Guerra Fría». Bond asiente, dándole la razón a su jefa y a los guionistas.

Un eterno candidato a ser Bond, el actor Dominic West, se propuso rizar el rizo y las pasadas navidades proclamó en una entrevista en «The Times»: «A lo mejor un Bond transexual no sería mala idea. Bond debería ser transexual porque hay muchos transexuales en los ejércitos».

Aquella afirmación le dio leña a las llamas de la prensa populista de EE.UU., como «Breitbart News», que publicó: «Los activistas transgénero están presionando para que Bond sea transexual». O «The Washington Examiner», que dijo: «Un Bond transexual sería una afrenta a la masculinidad».

Este tipo de polémicas no son, desde luego, nuevas. Cada tiempo tiene las suyas, con sus propios candidatos. Según recuerda el historiador de la saga John Cork, en 1994 la productora se planteó fichar al cómico norteamericano Eddie Murphy. En los 80 también estuvo sobre la mesa el nombre de la actriz Kathleen Turner. Y en 1969 generó cierto revuelo que George Lazenby fuera elegido para sustituir a Connery en «007 al servicio de Su Majestad» porque era australiano.

Las razones comerciales

Según otro historiador de la saga, Jeremy Black, autor del libro «El mundo de James Bond», puede haber razones comerciales de peso para no hacer grandes cambios en el personaje. «Si se considera a James Bond como un producto comercial, el mercado principal es EE.UU., pero una parte creciente es oriente y el sudeste asiático y otras partes del mundo donde los valores son diferentes. Son sociedades más centradas en el hombre. Y en esas sociedades sería difícil presentar un agente secreto femenino. Eso puede cambiar en 20 o 30 años, pero hoy por hoy esas razones comerciales deben tenerse en cuenta».

Hay razones también intelectuales para mantener a Bond tal y como fue escrito por Ian Fleming en 1952. Las detalló la filósofa feminista Drucilla Cornell en una entrevista publicada por «The New York Times» recientemente: hay que entender a Bond, como a todo lo demás, en su contexto. «James Bond es un mentecato. Un buen comienzo es verle a través de la lente de su creador, Ian Fleming. En las últimas películas, Bond ha perdido a la mujer que ama y está desesperado. Es un lacayo del Gobierno británico, un funcionario público glorificado», dijo.

El último largometraje de Craig como Bond, dirigido por Cary Joji FukunagaBeasts of No Nation») aún no tiene título y se estrenará en 2020.