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Isaki Lacuesta vuelve gitano, trágico y documental con «Entre dos aguas»

Además de «Entre dos aguas», la competición presentó «High Life», lo último de Claire Denis, una directora con tanta capacidad para sumar entusiasmo como para producir tedio

Reparto de High Life
Reparto de High Life
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Isaki Lacuesta sigue su proceso de investigación sobre la raya que une, o separa, el cine documental del de ficción, y presenta en la competición sus últimos avances en la pureza, o impureza, de esa raya. La película se titula “Entre dos aguas”, una referencia musical tan potente como aquella de su primera película, “La leyenda del tiempo”, cuyos personajes y espíritu recoge aquí con una perfecta elipsis de una docena de años. Los hermanos Gómez Romero, entonces adolescentes, ya son adultos y han recibido los tatuajes pertinentes de ese malvivir de una década larga. Isra y Cheíto tienen una segunda oportunidad, y la cámara suelta y despreocupada de Isaki Lacuesta se encarga de seguirlos para contarnos la complejidad y la dificultad de aprovechar las segundas oportunidades. Lo interesante de este trabajo de Isaki Lacuesta es apreciar la rectitud de la raya, lo serio que se pone el director para que lo documental y la ficción se devoren mutuamente. Lo que hay de calculado por él (texto, personalidad y actos) para darle sentido a la ficción, y ese margen de “frescura” que les deja a sus personajes para decir, dialogar y ser ellos para darle sentido al documental. Dejados al azar, improvisación o su albedrío, los personajes rellenan de repeticiones y vacíos parte de sus diálogos, lo cual no importa (si no te importan esas cosas en el cine o en la vida), y al tiempo se aprecia cómo se conducen las riendas de la tragedia no desde el interior de los personajes, sino en el cálculo del guion. Su situación ante los ojos del jurado y en el Palmarés, pues dependerá de dónde pongan la raya.

Además de “Entre dos aguas”, la competición presentó lo último de Claire Denis, una directora con tanta capacidad para sumar entusiasmo como para producir tedio. Se titula “High Life” y supuestamente es una peculiar entrada en el terreno de la ciencia ficción con una historia que transcurre en una nave viajera más allá de nuestro sistema solar. No vamos a entrar en lo paupérrimo de su propuesta visual y técnica, pero sí en su descacharre argumental y en lo simple de sus tesis y propuesta narrativa: dos viajeros, un hombre y un bebé, y la nociva desaparición de todos los demás que formaban parte del “experimento”. Todo es soporífero, salvo alguna escena ridícula y orgásmica del personaje de Juliette Binoche y dos o tres grescas como de partida de mus. ¡Ay el futuro!