Es Noticia

Christian Bale: «Me vi obligado a actuar para mantener a mi familia»

El lunes aspira a un Globo de Oro por interpretar al exvicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney en la película «El vicio del poder»

Christian Bale, en la piel de Dick Cheney en la película «El vicio del poder»
Christian Bale, en la piel de Dick Cheney en la película «El vicio del poder» - ABC
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Christian Bale podría ganar un Globo de Oro el próximo lunes gracias a su interpretación de Dick Cheney en «El vicio del poder». El actor brilla en su actuación del exvicepresidente estadounidense. En esta ocasión, su transformación exigió engordar veinte kilos y varias horas de maquillaje diarias. No es la primera vez. Para interpretar al insomne cojo en «El maquinista», de 2004, el actor perdió 30 kilos y en apenas unos meses recuperó sus músculos para dar vida a Batman. En Los Ángeles, ABC charla en exclusiva con Bale sobre su segundo trabajo a las órdenes de Adam McKay tras «La gran apuesta».

—¿Por qué decidió interpretar este personaje?

—Por la locura que significa que yo interprete a Dick Cheney. Además, aunque todo el mundo sabe su papel como Secretario de Defensa, como maestro en la sombra, me despertó curiosidad conocer los detalles. Me pareció un tipo fascinante, una figura consecuente con la situación que vivimos hoy. Al mismo tiempo, me permitió fracasar, y eso te da una fuerza interior alucinante. Poder fracasar estrepitosamente me motiva, porque si haces algo, debes hacerlo a lo grande y si fracasas, fracasas de una forma masiva. Eso me encanta

—¿Qué le sorprendió de Cheney?

—Que por mucho que me obsesionara con el personaje, era imposible entender realmente ese nivel de poder. Dick Cheney se levanta cada día dirigiendo el mundo, y esa carga y responsabilidad son inmensas. Su capacidad para manejar ese poder... yo no podría, huiría. Aprendí a aceptarle; no es ni un santo ni un villano, es un tipo con las ideas muy claras que sigue su propio instinto. No es James Mason, ni lleva una esvástica en la frente. Su poder surge de su carisma, de entender las debilidades ajenas. No he querido enfrentarme al personaje como si fuera un villano, hubiera sido demasiado predecible. Ya hay un grupo de liberales en Hollywood atacándome porque dicen que solo me entrevisté con personas que le conocían. Además, yo no le veo como un demonio. Otros le ven como un criminal de guerra. Yo no le defiendo, pero he abordado el personaje con objetividad, tal y como el director me ha pedido.

—Cheney tiene dos rostros: el hombre dedicado a su familia y el político ambicioso que no se detiene ante nada.

—Es un hombre con muchas caras, y yo lo tuve que condensar en dos horas. Es un papel maravilloso, pero no tuvimos tiempo para desarrollarlo todo. El director tenía muy claro lo que quería incluir en la película. Con él es maravilloso colaborar, porque te da respuestas, incluso en esos momentos en los que el personaje de Cheney era tan hermético que no sabía qué camino tomar.

—¿Puede explicar el cambio físico al que se sometió para interpretarle?

—Vi cientos de vídeos de Dick Cheney y escuché miles de entrevistas. Soy un actor muy lento en la preparación y pasé mucho tiempo estudiando a Cheney hasta dar con su lenguaje corporal.

—¿No le molesta subir y bajar tanto de peso por un papel?

—Sí, claro que me molesta. Es importante, mentalmente, entender la fisicidad del personaje. Desde luego, quería agrandar mi cuello, porque en las entrevistas que he visto su cuello desaparece y sus orejas están prácticamente en los hombros. Siempre digo que no voy a volver a ganar peso para un personaje, pero siempre repito.

—¿Qué fue determinante para entender que había conseguido acertar con la interpretación del personaje?

—Adam es quien cuenta la historia, es el director, es su punto de vista. No sería muy interesante que yo diera mi opinión del personaje. No sería justo. Cheney es un hombre de fuerte personalidad, que nunca ha expresado ningún remordimiento por nada de lo que ha hecho y que ha afirmado que volvería a hacerlo. Adam y yo hicimos un pacto para que yo estuviera del lado de Cheney, para que me metiera en su piel hasta entender los motivos por los que hizo lo que hizo. Tuve la oportunidad de defender a Cheney, porque así teníamos una historia interesante que contar.

—¿Ha tenido la oportunidad de conocer a alguien relacionado con Cheney?

—Sí. Todos los que fueron al colegio con él se quedaron sorprendidos de que se convirtiera en vicepresidente. Sin embargo, nadie se sorprendió del éxito de su mujer, Lynn. Ella es la ambiciosa de la pareja. Dick se convirtió en devoto seguidor de los sueños de ella.

—¿Cómo entiende la política de Dick Cheney?

—Es muy impaciente, quiere mover las cosas rápidamente. Su obsesión por tomar decisiones en secreto le convirtió en un glaciar de la democracia. Creo que fue Churchill quien dijo que el mejor argumento para no defender la democracia es hablar cinco minutos con un ciudadano normal. Por eso Cheney opera en las sombras.

—¿Es capaz de verse como actor y separar la imagen de Cheney de su personalidad cuando ve el resultado en la pantalla?

—Tengo que ver, al menos, dos veces la película para que eso ocurra, pero también porque la primera vez descubro las escenas que el director ha cortado o las que ha cambiado de lugar en la sala de edición. La primera vez es de sorpresa, la segunda puedo identificar más la interpretación.

—¿Le inspiró el Churchill de Gary Oldman a la hora de crear el personaje?

—Déjeme decirle que Gary Oldman es el actor que más me ha inspirado en mi vida, y es porque cuando empecé como actor, lo odiaba. La mía fue una decisión económica, porque mi madre no tenía dinero y yo era el que lo traía a casa. Me vi obligado a actuar para mantener a mi familia y eso me provocó cierto resentimiento hacia esta profesión. Yo no quería ser actor siendo tan niño, pero necesitábamos el dinero. Luego, cuando me di cuenta de que estaba atrapado en esta profesión y no podía escapar, me dediqué a mirar a mi alrededor intentando entender y conseguir algo que mereciera la pena, algo que me hiciera sentirme orgulloso. La respuesta fue Gary Oldman. Siempre le he admirado, siempre me he fijado en él como fuente de inspiración profesional. Cuando veo sus películas, siempre reconozco que es una estrella y me digo que si pudiera ser tan bueno como él, si pudiera tener en alguien el impacto que él provoca en mí, entonces merecería la pena ser actor. No solo me gustó en «Churchill», sino en todo lo que ha protagonizado, de hecho le llamé y se lo dije. Para interpretar a Cheney le pedí consejo y fue muy generoso conmigo. Hace dos semanas, le dije que siempre ha sido mi inspiración y lo importante que ha sido en mi vida como actor. Además, me identifico con Gary porque él creció no lejos de donde yo crecí y, si él pudo venir a Estados Unidos a triunfar, ¿por qué no yo?

—¿Sueña con el Globo de Oro, con el Oscar, tal vez?

—No, pero si los premios ayudan a la promoción de la película, pues bienvenidos. Yo no elijo ningún papel pensando en galardones.