Anna Freud junto a su padre en París en 1938
Anna Freud junto a su padre en París en 1938 - ABC

Anna Freud, el «demonio negro» en el diván del psicoanálisis

La hija de Sigmund Freud fue su paciente durante seis años antes de centrar su carrera en la terapia de menores

Actualizado:

A Anna Freud la sombra de su padre le acompañó de por vida. La hija pequeña de Sigmund Freud fue su paciente entre 1918 y 1924 y también su más digna sucesora. La relación entre ambos estuvo marcada, transversal y verticalmente, por el psicoanálisis que ha situado a ambos en los libros de historia. «Mirándote me doy cuenta de lo viejo que soy, porque tienes exactamente la misma edad que el psicoanálisis. Los dos me habéis causado preocupaciones, pero en el fondo espero de tu parte más alegrías que de la suya», llegó a decir Sigmund a su pequeña en 1920.

Anna centró su carrera en la terapia de menores y se convirtió en la figura más destacada y principal representante de la escuela de Viena. Para que haya trauma, decía la hija de Freud, hacen falta dos golpes; el primero y lego la representación del mismo en la psiquis. A su trayectoria, Google dedica hoy su Doodle en el 119º aniversario del nacimiento de Anna Freud.

Doodle de Anna Freud
Doodle de Anna Freud

Esta particular sintonía entre padre e hija se refleja en lacorrespondencia entre ambos que se publicó hace apenas unos meses. En ella se evidencia que más allá del lazo familiar había un objetivo terapéutico.

El libro «Sigmund Freud, Anna Freud. Correspondance 1904-1938» permite, según su editorial, descubrir detalles de ese doctor en medicina e investigador, considerado el padre del psicoanálisis, tanto en su vida cotidiana como en su faceta profesional. Las cartas van encabezadas de un «Mi querida Anna» o «Querido papá», y dejan vislumbrar igualmente cómo en los inicios del psicoanálisis esa práctica se probaba en los círculos de los iniciados y en familia.

Y con ellas se comprueba cómo el psicoanálisis marcó a la menor, que se implicó en la Asociación Psicoanalítica Internacional, se dejó cortejar por algunos alumnos de su padre y acabó dedicada a la terapia de menores, llegando a ser en ese campo la principal representante de la escuela vienesa.

«Blanco y Negro» recogía en febrero de 1967 la condecoración con el grado de «Commander of the British Empire» que se le otorgó en el Reino Unido. Anna Freud tenía entonces 71 años y llevaba 15 dirigiendo la Clínica de Terapéutica Infantil de Londres. «Pese a la honda resonancia de su apellido, ha permanecido en un discreto segundo plano y ha eludido participar en la ola de controversias en torno a la obra del doctor Freud», reseñaba la revista, que subrayaba cómo Anna colaboró con su padre cuando éste enfermó de cáncer de garganta.

Anna Freud falleció el 9 de octubre de 1982 en Londres. Una placa la recuerda en la Casa Museo Freud de la capital británica.