El doctor Carracedo, en el laboratorio del Hospital Clínico de Santiago
El doctor Carracedo, en el laboratorio del Hospital Clínico de Santiago - MIGUEL MUÑIZ
entrevista al laureado cATEDRÁTICO DE MEDICINA LEGAL

Ángel Carracedo: «Hay margen para elevar la esperanza de vida, pero lo importante es la calidad»

El esfuerzo de este investigador ha convertido a Galicia en un referente mundial en los avances en medicina forense y genómica. Se hizo cargo de casos tan mediáticos como el de Las Quemadillas o las niñas de Alcàsser (Valencia)

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Con una larga lista de premios y reconocimientos a sus espaldas, el doctor Ángel Carracedo (Santa Comba, 1955) es a día de hoy uno de los investigadores más brillantes del mundo. Desde la capital gallega, este apasionado de la pesca y la naturaleza lidera investigaciones punteras a nivel internacional en el campo de la genética forense. Mentor de profesionales de alto nivel, quienes comparten día a día con él lo perfilan como un genio humilde e inagotable. En su despacho de la unidad de genómica del CHUS, Ángel Carracedo habla del presente y el futuro de la medicina desde la primera línea científica.

—La genómica centra las investigaciones de los grupos de trabajo que están a su cargo, pioneros a nivel mundial en este ámbito, pero ¿qué aplicación tiene en nuestro día a día?

—Nosotros hacemos genómica trasladada a la solución de problemas de la vida real. Tenemos varias áreas diferentes, una es la de la genética forense, donde resolvemos los problemas que nos piden los jueces y que tienen que ver con el uso del ADN, como pruebas de paternidad o casos criminales. Ese grupo es el de mayor producción científica del mundo y nos llegan casos de todas partes, como los del tsunami, el de Las Quemadillas o el niño Enmanuel secuestrado por las Farc.

—La medicina forense permite poner pruebas científicas e irreprochables sobre la mesa de los tribunales.

—Absolutamente. Pero no siempre salen resultados, por eso hay que hacer más investigación para mejorar lo que somos capaces de ofrecer. A través de una muestra de contacto de la investigación policial podemos conocer el origen geográfico o las características físicas de la persona, como el color de los ojos o de la piel. Eso lo podemos saber por una mancha o una huella. Ahora estamos avanzando en técnicas para conocer la edad de esa persona.

—Otro de los grupos que dirige se dedica a la genómica clínica, la que da soluciones a los problemas médicos. ¿En qué dolencias se centran?

—Damos servicio de genómica a los hospitales del Sergas. Es un gran laboratorio donde se atiende a más de 20.000 pacientes al año. Básicamente trabajamos en cáncer y en enfermedades genéticas (hay más de 6.000). Aquí se diagnostican muchas de ellas prenatalmente. Ligado a eso hay grupos que se dedican a la genética de enfermedades psiquiátricas y del cáncer.

—¿Hasta qué punto el mapa genético condiciona las enfermedades que una persona desarrollará en su vida?

«El cáncer tiene un origen hereditario, pero no es tan alto»

—Depende del grupo de enfermedades. Las personas somos una mezcla de genética y ambiente. Las enfermedades mendelianas son heredadas de padres a hijos. En ellas el ambiente influye poco. Pero en enfermedades comunes como el asma, la hipertensión, la esquizofrenia o el cáncer siempre se trata de una mezcla de genes y ambiente. El cáncer tiene un origen hereditario, pero no es tan alto. El de pulmón es casi todo ambiente y el de mama tiene un 25% de genética. Pero la esquizofrenia, por ejemplo, tiene el 80%. Las enfermedades mentales tienen mucha carga genética, al contrario de lo que muchas veces se piensa.

—Si por una muestra de ADN se puede conocer el mapa genético, ¿es posible saber qué enfermedades se padecerán a lo largo de la vida y bloquearlas antes de que se desarrollen?

—De momento, desgraciadamente, eso es ciencia ficción, pero será posible en el futuro. Por ahora tenemos una capacidad muy limitada para deducir el riesgo, salvo en enfermedades hereditarias. En las comunes, incluso en las que más se conocen como el cáncer de colon o de mama, somos limitados en la predicción de riesgo. Entendemos poquísimo de la interrelación entre el gen y el ambiente. Pero se llegará, y se llegará a poder clasificar las enfermedades de otra manera, no basadas en síntomas como hasta ahora sino en su base molecular.

—¿Qué puede aportar la genómica en esta evolución?

—Lo que puede ofrecer es orientar esas enfermedades a una medicina personalizada, y en lo que más se está prosperando es en cáncer. La idea es centrarse en las características de la enfermedad en ese individuo en concreto.

—Uno de los retos de la medicina actual es prolongar la esperanza de vida de la gente. La mejora de la alimentación y los avances médicos y farmacológicos lo lograron en las últimas décadas, pero el organismo tiene límites.

—Sí, hay un límite. La biología está programada para que se mueran células e individuos. La muerte es consustancial a la vida. Si nuestras células no muriesen, nuestros intestinos medirían 500 kilómetros. Todavía hay margen para aumentar la esperanza de vida, los límites teóricos son discutibles. Pero yo creo que es más importante aumentar la calidad de vida. Una señora de mi pueblo gritó a otra la peor maldición que he oído: «Que nunca saúde teñas, e nunca poidas morrer».

—Vive rodeado de investigadores, muchos de ellos jóvenes. ¿Cómo les ha afectado la crisis?

—Lo hemos notado como todo el mundo, quizás nuestro grupo un poco menos porque tenemos fuentes de financiación de proyectos nacionales e internacionales. Somos grupos competitivos y nos estamos beneficiando de proyectos europeos a los que la crisis no ha tocado. Pero entiendo que es una excepción y que algunos de los grupos más débiles de nuestro entorno sí la han padecido.

—Hace unos días el rector de la USC asumía que los problemas de financiación de la universidad podrían hacerla desaparecer.

«La clave está en retener el talento y también en captarlo»

—La universidad tiene problemas serios y uno que no es menor es la financiación. Es un motor de la sociedad y hace falta un esfuerzo por parte de los poderes públicos en general. La clave está en captar la excelencia. Si yo tuviese que dedicar los esfuerzos económicos a algo, los dedicaría a retener a gente muy válida. Siempre se ha ido gente buena al extranjero, pero tenemos que ser capaces de retenerla. Vivimos y nos sostenemos gracias a que somos capaces de captar lo mejor.

—Su equipo cuenta con colaboradores de muchos países.

—De 15 distintos, es una pequeña ONU.

—¿Hay diferencias entre cómo se investiga aquí y cómo se hace fuera?

—A veces hay diferencias de medios, pero no de cómo se hace. Antes sí las había, yo recuerdo que cuando fui a Suecia hace treinta y tantos años la diferencia era brutal. Yo destilaba agua con un alambique y allí abrías un grifo y ya salía agua destilada. Ahora las diferencias se han acortado mucho. Sigue habiendo más medios en algunos países como Estados Unidos, Reino Unido, Holanda, Suiza, pero no hay diferencias en la manera de enfocar los problemas. Podemos ser competitivos con todos ellos.

—La medicina forense es un buen ejemplo de este exitoso pulso.

—En EE.UU. están por atrás en medicina forense. Se puede competir perfectamente hoy día desde Galicia. Pero sí que cuesta un poco más. Lo que hace falta es potenciar esa excelencia, saber quitarle rendimiento. Es vital retener talento y quedarse con él. Con una gente formada en el momento de mayor producción económico no tiene sentido que vayan a producir para otros.

—Competitividad al margen, ¿a qué proyecto dedicaría todo su tiempo?

«Se le ha prestado muy poca atención a problemas como anorexia o autismo»

—A entender mejor las enfermedades psiquiátricas en edad infantil. Me gusta pescar y en cáncer quedan pocos peces, hablando de genes. Pero en enfermedades psiquiátricas hay muchos peces, solo que no sabemos dónde están, ni cómo se pescan. Me refiero a enfermedades como el autismo, la anorexia, con las que la gente lo pasa mal. Se le ha prestado muy poca atención a los problemas psiquiátricos y quizás es lo que más me ilusiona.

—¿Se está avanzando en la cura del cáncer?

—Se están curando cada vez más. El progreso en el cáncer es impresionante, yo no sé si la gente es consciente de lo que han mejorado porque sigue asustando mucho, pero cada vez hay más supervivencia. Es complejo y la investigación es cara, pero el progreso es evidente. El cáncer va a ser algo consustancial en las personas, pero muchos de ellos se curan. Otros se cronifican, otros no. Claro que al ser una enfermedad que está muy ligada al envejecimiento, aumenta porque crece nuestra esperanza de vida.

—¿Cambiará algún día el laboratorio por el faro?

—No me importaría para nada trabajar desde un faro. Yo creo que con los datos que tenemos podría dedicar el resto de mi vida a reflexionar sin necesidad de más laboratorio. Sin duda, la actividad científica la seguiría ejerciendo porque eso lo lleva uno en el alma. Lo que sí que me gustaría es poder pescar más.