Justo y Lucía, con hijos, nietos y biznietos
Justo y Lucía, con hijos, nietos y biznietos - familia galindo rodríguez

Más de 80 años casados

Justo Galindo y Lucía Rodríguez contrajeron matrimonio en 1932. Toda una vida después, con 104 y 101 años, respectivamente, disfrutan juntos del cariño de los suyos en el que siempre ha sido su hogar en Valdelacasa (Cáceres)

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«Ya han bajado un poco», responde Justo Galindo Rodríguez cuando se le pregunta por el estado de salud de sus padres, una pareja extremeña que se ha convertido en uno de los matrimonios más longevos de Europa. Justo Galindo y Lucía Rodríguez se casaron el 2 de septiembre de 1932, hace 80 años y 5 meses. Hoy Justo ha perdido algo de oído, pero a sus 104 años -cumplirá 105 el 13 de abril- continúa tomándose su vaso de vino en las comidas. «Ha estado yendo a la plaza hasta hace muy poco. Ahora le cuesta más, pero si hiciera buen tiempo saldría a sentarse a la puerta de casa. Casi montaba a caballo con 98 años», asegura su hijo, que a sus 75 años lo mismo le toca cuidar de sus nietos que de sus padres.

«Mi madre está algo más delicada. Le operaron de colon», continúa Justo. Claro que ya han pasado 28 años de la intervención y hasta los 95 años era ella la que cocinaba cada día. «Comen de todo y solos, cocido... de lo que les pongas, como todo el mundo», añade. Sus palabras destilan admiración: «Él tiene una salud... Jamás le he visto tomarse un Almax y si se resfría le das un Gelocatil y al día siguiente ya está bueno».

Han vivido más de un siglo, pero no han perdido la memoria. «Conocen a todo el mundo en el pueblo. Cuando alguno va a verlos, enseguida le dicen “eres hijo de fulano”», continúa.

La casa donde comenzaron su vida en común hace más de 80 años en Valdelacasa de Tajo, un pequeño pueblo de Cáceres próximo a la provincia de Toledo, sigue siendo testigo de la sencilla rutina de los Galindo-Rodríguez. Para Justo, ése es el secreto de sus padres: «Siguen en su casa».

Una nieta va cada mañana para ayudarles a asearse, se toman su zumo y su desayuno, después de comer se echan la siesta («no mucho rato») y por la tarde acude a verles la mujer de su hijo mayor, ya fallecido y a menudo un biznieto de 9 años «que les alegra mucho». Siempre le dicen: «Cuánto hace que no te he visto». Atrás han quedado los años en los que Justo se dedicaba al trato de ganado y viajaba a menudo, a veces incluso hasta la frontera con Portugal mientras Lucía cuidaba de los niños en Valdelacasa. «Han trabajado mucho por defender a sus hijos, por darnos una educación y que vivamos decentemente», dice Galindo Rodríguez.

Tres años en la guerra

A él, que nació en 1938, su padre le conoció a los 6 meses. Lucía, «que ha tenido siempre un temperamento fuerte... y lo sigue teniendo», atravesó el país con su hijo mayor y con él en plena Guerra Civil hasta la frontera portuguesa donde habían destinado a Justo para que conociera a su nuevo retoño. «Pasó tres años en la guerra, primero en África y luego aquí». Fueron años difíciles. «Hambre no hemos pasado, pero no era como ahora», recuerda su hijo.

Siempre activo, Justo repite a quien quiera oírle: «No te jubiles nunca». Él aún sigue preguntando por el ganado y por las tierras y sabe de quién son las fincas de unos y otros. Su mensaje a las generaciones venideras se resume en que uno debe ser honrado y cumplir la palabra dada. «Cuando mi padre daba la mano a una persona, no hacían falta papeles. Ahora la gente no es así. Él hizo innumerables tratos y jamás tuvo un problema con nadie», subraya su hijo al que aún hoy las amistades que hicieron sus padres le siguen abriendo puertas.

Hoy ven crecer con orgullo a sus cinco nietos y sus 7 biznietos mientras esperan el nacimiento de una más que viene en camino y que se llamará Lucía, como su bisabuela.

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