Entre ferraris y tierra batida

Entre ferraris y tierra batida

ROSA BELMONTE
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En Mónaco hay ferraris estrellados. En Madrid, huevos estrellados. Y, además, un torneo de tenis Master 1000 obligatorio. Pero para los tenistas, no para los famosos. Es más probable que una celebridad internacional de paso por la capital de España vaya a Lucio o a El Landó a cenar que a la Caja Mágica. El muestrario de negritas en el aún bisoño Mutua Madrileña Madrid Open es de andar por casa. Todo lo más, internacionales caseros como Cristiano Ronaldo o Paulina Rubio. Y no entrando en concurso la Familia Real, claro (ayer estuvieron presentes Doña Sofía y la Infanta Elena, que entregaron los trofeos).

Sin embargo, el Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1 es un muestrario social y universal de relumbrón. Y eso sin necesidad de contar al Príncipe Alberto que, como el Pato Donald, iba con sus tres sobrinos: Andrea, Carlota y Pierre Casiraghi, ejemplares más vistosos que Jorgito, Juanito y Jaimito.

Si cualquier carrera, aunque se corra en un quinto pino tipo Singapur, tiene un paddock cuajado de celebrities, Mónaco, por ser vos quien sois y por estar a tiro de diamante del Festival de Cannes, es un enjambre de negritas de toda categoría. De la categoría petarda. Ejemplo: Paris Hilton. De la categoría cinematográfica. Ejemplos: Michael Douglas, George Lucas o Gerard Butler. De la categoría cantante. Ejemplo: Mick Jagger.

También estaba en Mónaco Jennifer Lopez, a medio camino de unas y otras categoría. La chica del Bronx lleva unos días en la Costa Azul con marido y mellizos. Y a la vista de la pinta que gasta parece que se haya leído «Elegancia», la anticuada pero encantadora guía de Genevieve Antoine Darriaux sobre qué hay que ponerse en la Costa Azul o en la Riviera para ir correctamente vestida. Otra posibilidad es que esté homenajeando a la familia principesca. Si lo que lleva en la cabeza es turbante, a la princesa Gracia. Si lo que lleva en la cabeza es pañuelo, a la princesa Carolina cuando era una calva infeliz en la Provenza.

En Mónaco, Fernando Alonso adelantó desde la última posición adonde le llevó estrellar el ferrari. En Madrid, Nadal también lo hizo (adelantar, no estrellarse). Otra vez segundo de la ATP y otra vez ganador en la final. Y viéndolo vencer a Roger Federer estaban ayer algunos de los habituales de los últimos días como Carmen Lomana, Paulina Rubio, siempre acompañada de Colate Vallejo-Nájera, José María Aznar (enchaquetado y encorbatado de domingo) o Cayetano Martínez de Irujo, prácticamente abonado al palco de Rolex.

Pero también había bichos nuevos. Así, Norma Duval con Matthias Kühn, su amigo hermoso y rubio como la cerveza. O Paula Echevarría con David Bustamante y los brazos de éste (los enseña tanto porque su trabajo les han costado). O Ana Obregón, que cruzaba los dedos de ambas manos detrás de Rafa cuando éste servía en el tie-break que le dio el segundo set y el partido contra el suizo. El mérito del triunfo de Nadal, de Anita.