Celebración del PP en su sede de Génova, de madrugada, tras finalizar el recuento de votos
Celebración del PP en su sede de Génova, de madrugada, tras finalizar el recuento de votos - IGNACIO GIL

Elecciones municipales y autonómicasLlanto y coplas en el «bibloquismo»

La izquierda no supo disimular el fracaso inesperado, mientras que sus rivales se mostraron exultantes

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MADRIDActualizado:

Un funeral o una feria. Eso es lo que parecían ayer los escenarios elegidos por los candidatos después de conocer los resultados de los comicios. Feria en la sede de Ciudadanos, con Albert Rivera de maestro de ceremonias y sus dos primeras espadas en la región, Begoña Villacís e Ignacio Aguado exultantes. También en la de Vox, donde Santiago Abascal compareció junto a los aspirantes Javier Ortega Smith (Ayuntamiento), de verbo marcial, y Rocío Monasterio (Comunidad), quien no llegó a tomar la palabra. Pero lo que era una fiesta en toda regla era el esquinazo de Génova con Zurbano, sede del Partido Popular. Parecía el metro en hora punta.

Vayamos de menos a más. Lo que parecía el principio de una noche feliz, con la creencia de que Manuela Carmena revalidaría la Alcaldía de la capital e Íñigo Errejón se convertiría en la llave para investir al socialista Ángel Gabilondo en la Comunidad, terminó por tornarse en un mar (literal, en algunos casos) de lágrimas, decepción e incredulidad. A medida que el escrutinio de votos anunciaba poco a poco la debacle en ambos escenarios, las caras de tristeza del cerca de medio centenar de simpatizantes de Más Madrid, congregados desde las nueve de la noche en la Cuesta de Moyano, comenzaron a reflejar una derrota que la gran mayoría justificaba por el impulso de la candidatura de Madrid en Pie, liderada por Carlos Sánchez-Mato, sin representación en el Pleno de Cibeles tras no alcanzar el mínimo de votos necesario.

«Yo no culpo a nadie, las personas que han impulsado una candidatura alternativa tendrán que valorar la incidencia que han tenido», señaló la exjuez poco después de que el horizonte del mapa político en la capital se decantara en favor del bloque de derechas. «Seguiré como alcaldesa en funciones hasta que se constituya el nuevo Ayuntamiento», anunció Carmena, que presentará su renuncia tras cuatro años de mandato. «La culpa es de los izquierdistas de salón, de Pablo Iglesias, Sánchez-Mato y todos los que han dividido a la izquierda», justificaban los partidarios de Más Madrid. «Cuatro años de exilio nos van a venir muy bien, no hay que venirse abajo», comentaban con sorna algunos de los congregados.

Íñigo Errejón
Íñigo Errejón- MAYA BALANYÀ

El paso de las horas fue diluyendo una «marea de ilusión», que acabó de la peor forma posible. Mientras Carmena no apareció para agradecer el apoyo de sus fieles, Errejón sí lo hizo para mandar un mensaje de ilusión y algún que otro dardo a su excompañero Pablo Iglesias. Cerca de las dos de la mañana, el que fuera número dos de Podemos dio las gracias a sus compañeros y añadió que en la Cuesta de Moyano es donde celebraron en 2015 y ahora, en 2019, «sin nada que festejar», han vuelto por los que están «en las buenas y en las malas».

«Tenemos muchísimos motivos para estar orgullosos. A nosotros nadie nos ha regalado nada. Nuestra campaña ha sido la campaña de los balcones, la de repartir panfletos en las bocas de Metro y Renfe», añadió el candidato regional, con un claro mensaje a sus antiguos compañeros de barco: «Cuando en 2014 y 2015 todo soplaba a favor y decían que había que cavar trincheras, nosotros dijimos que no, que había que mirar hacia adelante. La gente que se ilusionó entonces, ha sido convocada ahora a replegarase y a resignarse. Pero en Madrid no ha sido así. En Madrid ha nacido una izquierda diferente».

Ánimos caídos en el Círculo

«La voluntad popular se expresa en las urnas, no en las encuestas». Ángel Gabilondo tiró de cautela en los primeros compases de la noche electoral. Mientras en la cuarta planta del Círculo de Bellas Artes la sonrisa se instalaba en el equipo de campaña, los pajaros de mal agüero sobrevolaban la cabeza del que, a esa hora, era el favorito a presidir el Ejecutivo regional. Esas sonrisas se transformaron, lentamente, en una tortura china para los pocos militantes que arropaban anoche a los dos candidatos al Ayuntamiento y la Comunidad. La gota que derrumbó sus ánimos llegó a las 00.30 horas. El bloque de derechas, con el PP, Cs y Vox, sumaba los 67 escaños –uno más al final del recuento– que alejaban de golpe al PSOE de la Real Casa de Correos, 24 años después de que abandonara su despacho presidencial el último socialista que lo pisó, Joaquín Leguina. No hubo el vuelco que deseaban. El desenlace estuvo en las antípodas de lo esperado.

Isabel Serra
Isabel Serra- ISABEL PERMUY

Una planta más arriba todo estaba preparado para la fiesta. Allí se resguardaron durante todo el recuento los dos candidatos socialistas. Abajo, el escenario, con retratos de Pepu Hernández y Ángel Gabilondo, se quedó vacío hasta bien entrada la madrugada. Ni siquiera cuando en su pantalla gigante Pedro Sánchez celebraba el triunfo del PSOE en las Europeas, subió nadie. A sus pies, pocas caras conocidas –Puri Causapié, Mar Espinar o Carla Antonelli, entre otros ediles y diputados regionales– para aliviar el ambiente de luto por no haber logrado cambiar las tornas en la Asamblea. «Otra vez, menuda cagada», se escuchó con claridad en la Sala de Columnas del Círculo. En los corrillos, críticas, lecturas de futuro y lamentos.

«Adiós, Carmena, adiós»

Lo que parecía la crónica de una muerte anunciada en la sede del PP se tornó en euforia. Ninguno de los aspirantes a la Alcaldía de Madrid y a la Comunidad, José Luis Martínez-Almeida e Isabel Díaz Ayuso, respectivamente, se dejaron ver en toda la tarde. Tampoco el presidente nacional del partido, Pablo Casado. Los rostros de preocupación entre sus colaboradores eran la tónica, mientras apelaban a la prudencia y aventuraban que la noche sería «muy larga» y «que no había que hacer caso a las encuestas».

«El cambio ha llegado. Te la jugaste por Isabel (Díaz Ayuso) y por mí y no lo hemos hecho nada mal», le dijo Almeida a Casado en la puerta de Génova

No les faltó razón. Los gritos de «Alcalde, alcalde» que retumbaron en Génova, 13, a partir de las 23.30 horas hicieron a los populares recuperar las esperanzas de que gobernar era posible, aunque necesitaran apoyos, al ser la fuerza más votada. La remontada culminó cuando Díaz Ayuso sobrepasó el empate entre los dos bloques en liza y los aplausos, vítores y botes de alegría, justo una hora después. La primera planta de la sede del PP era una fiesta. En privado coreaban: «Oé, oé, oé», «Alcalde, alcalde» y «Presidenta, presidenta. Estuvieron más de media hora celebrando en privado la inesperada victoria, entre cánticos, botes y palmas, tras un escrutinio de infarto que deparó muchas sorpresas y que les permitirá formar gobierno con ayuda de Ciudadanos y Vox.

Los candidatos se asomaron, emocionados, a la ventana. Cuando bajaron a la calle y se subieron a la tarima, junto a los líderes del partido, fueron recibidos al grito de: «¡Sí, se puede!» y «Oh, Carmena, Adiós, Carmena» por los simpatizantes y militantes que se congregaron. Martínez-Almeida manifestó, exultante: «El cambio ha llegado. Y (a Casado) te la jugaste por Isabel y por mí y no lo hemos hecho nada mal. El Palacio de la Moncloa se gana desde Madrid».

Ayuso, visiblemente emocionada, recalcó: «Con trabajo y tesón todo se consigue. Hemos recorrido los 179 municipios y todos los distritos. Empieza una nueva época. Hablaremos con todos para que no nos quiten la libertad. Con quienes la defienden. No os vamos a defraudar». Un Casado pletórico y aliviado, concluyó: «Hemos vuelto y lo hacemos recuperando el Kilómetro O. Los madrileños han decidido volver al original. Este es el nuevo PP».