África González y Mikel Rama, participantes del programa Mentor
África González y Mikel Rama, participantes del programa Mentor - MIGUEL MUÑIZ
Menores contra el estigma

«Aún hay gente que cree que hicimos algo malo para vivir en un centro»

Cerca de dos mil jóvenes crecen en Galicia bajo la guarda o tutela de la Administración autonómica. África y Mikel ponen voz a la campaña para que los prejuicios no añadan peso a la fragilidad de su red de apoyo

SantiagoActualizado:

En sólo dos meses África y Mikel darán el salto a la independencia. Tienen 18 años, han crecido dentro del sistema de protección de menores y han tenido que prepararse a un ritmo mucho más exigente que el de otros chicos de su misma edad para enfrentarse al mundo de forma autónoma. No les da miedo el salto, se han entrenado para ello. Han seguido un itinerario de inclusión consensuado con los educadores del programa Mentor –«una vez que no tienes apoyo familiar sabes que te tienes que buscar la vida», expone África–, pero piden que los prejuicios que todavía pesan sobre los menores extutelados no añadan obstáculos a la dificultad de su carrera. «Aún hay gente que piensa que vivimos en un centro porque hicimos algo malo; vivimos en un centro porque no tuvimos un hogar adecuado», explica Mikel Rama para la campaña #NoNosJuzgues, lanzada esta semana por Igaxes 3 (organización del tercer sector responsable en Galicia del programa de acompañamiento a la emancipación de menores extutelados Mentor) para combatir el estigma que en demasiadas ocasiones todavía acompaña a los chicos que han tenido que crecer fuera de su entorno familiar.

Las ideas erróneas sobre las razones que motivan la separación de un menor de su núcleo, coinciden, son menos intrusivas durante la infancia, y se manifiestan con más fuerza en el mundo adulto. Las entrevistas de trabajo –a sus 18 años África y Mikel han empezado esta semana en su segundo y tercer empleo– son un espacio en el que, indican, habitualmente se cuelan muchas preguntas personales que requieren aclaraciones a veces dolorosas. «Ah, pero vives en un centro de menores ¿hiciste algo malo? Esa pregunta siempre está», apunta África González. A ella, como a otros muchos chicos empujados a construir su futuro desde muy corta edad, también le ha tocado dar explicaciones sobre su temprano acceso al mundo laboral: «Siempre me preguntan por qué busco trabajo tan joven... Pues porque me tengo que pagar yo mis estudios porque no tengo apoyo familiar. Luego me preguntan dónde vivo, y explico que no vivo con mis padres, sino con unos compañeros de piso. Les cuento cómo nos apoyamos mutuamente y que tenemos a unos educadores con nosotros, algo parecido a unos padres de acogida, pero que no viven contigo las 24 horas del día, sino que rotan».

África acaba de terminar 1º de Bachillerato y está decidida a continuar trabajando y formándose. Quiere ir a la universidad para titularse en Educación Social. Mikel completó un ciclo de Diseño Gráfico. También ha tenido que derribar prejuicios. «Volvía del entrenamiento con otro chaval con el que compartía posición en el campo. Nos habían dejado salir antes porque lo habíamos hecho bien. Íbamos andando y me dice: «Y entonces tú, tío, ¿a quién mataste para estar ahí? Estaba bebiendo un trago de agua y recuerdo que tuve que escupir por el asombro».

La administración gallega ejerce en la actualidad la guarda o tutela de cerca de dos mil menores. Todos, precisa la Consellería de Política Social, han llegado al sistema tras haberse constatado una causa de desprotección, riesgo o desamparo. Una vez alcanzada la mayoría de edad, deben tomar las riendas de su vida sin el respaldo de una red familiar sólida.

Golpeados por la crisis

En Galicia –con la financiación del Fondo Social Europeo (80%) y la Xunta (20%)–, el acompañamiento puede extenderse hasta los 25 años, a través de los equipos del programa Mentor y sus nueve viviendas tuteladas, en las que los jóvenes ensayan la vida adulta y adquieren herramientas básicas para la emancipación. Pero el riesgo es alto, y el escenario, tremendamente adverso. Los últimos datos de la EPA sitúan el paro en menores de 25 años por encima del 40% y la Red Española de Lucha contra la Pobreza identifica la franja de edad de 16 a 29 años como la más maltratada por el riesgo de exclusión (38,2%). Además, recuerda Igaxes 3, el mercado de trabajo ha sido especialmente duro con los jóvenes con un menor nivel formativo (el caso de la mayor parte de los chicos en riesgo de exclusión), recortando su tasa de empleo entre 20 y 30 puntos desde el inicio de la crisis en 2008.

Cinco universidades españolas –entre ellas la USC– y seis organizaciones que trabajan con jóvenes en situación vulnerable –coordinadas por Igaxes 3– completaron en 2016 el estudio «Jóvenes que construyen futuros. De la exclusión a la inclusión social», que cifra en un 46,9% el porcentaje de chicos extutelados que da el salto a la vida adulta en situación precaria.

Los altos índices de abandono educativo temprano y las enormes desigualdades territoriales en la cobertura de los sistemas de protección autonómicos son otros de los hándicaps identificados en el estudio. El 75% de los jóvenes de 16 o más años que en Galicia residen en algún centro de menores o vivienda tutelada no han completado la educación obligatoria, «un círculo vicioso», en palabras del director de Igaxes 3, Carlos Rosón, «que es preciso romper».