El Rey, en Marín, en el 300 aniversario de la Real Compañía de Guardamarinas, en 2017
El Rey, en Marín, en el 300 aniversario de la Real Compañía de Guardamarinas, en 2017 - ABC

La forja de un Rey que sigue sintiéndose soldado

Hace 30 años terminó la formación castrense de Don Felipe, y hace 60 años la de Don Juan Carlos

MadridActualizado:

Hace 30 años que terminó su formación castrense, pero Don Felipe sigue sintiéndose un militar. Su paso por las academias de Tierra, Mar y Aire no fue rutinario ni de trámite, sino que le marcó para siempre. Durante casi cuatro años, un jovencísimo Príncipe de Asturias -empezó con 17 años y terminó con 21- pasó por las tres academias militares y estuvo en cada una de ellas el tiempo que se consideró suficiente para conocerlas a fondo, adquirir la formación castrense, convivir con sus compañeros e impregnarse de los valores militares.

Fueron cuatro años en los que Don Felipe quiso ser uno más y se mostró inflexible a recibir trato de favor: compartió dormitorio con otros compañeros, hizo guardias, cumplió arrestos, trepó a los mástiles del buque escuela y fregó la cubierta, como los demás. De esta forma, se ganó el respeto de sus compañeros y algunos de ellos siguen formando parte de su círculo más estrecho.

Vuelta a las academias

En estos días, Don Felipe está visitando como Rey las tres academias en las que se formó, para entregar los despachos de empleo a los nuevos oficiales. El pasado miércoles estuvo en la Academia General Militar (Zaragoza), el viernes en la Academia General del Aire de San Javier (Murcia) y el próximo martes irá a la Escuela Naval Militar de Marín (Pontevedra).

En las dos primeras academias, Don Felipe se reencontró con viejos compañeros de promoción y en Marín le espera el buque Juan Sebastián Elcano, donde él se formó como guardiamarina en 1987, igual que hizo su padre, Don Juan Carlos, en 1958, y como habría hecho su abuelo, Don Juan de Borbón, si no se hubiera proclamado la República en 1931. Aunque, ya restablecida la democracia, el Conde de Barcelona pudo cumplir su sueño y en 1979 embarcó en un crucero de instrucción en el buque escuela que había inaugurado su padre, Alfonso XIII.

Tanto en su visita de Zaragoza como en la de Murcia, el Rey ha recordado estos días que él recibió los despachos hace 30 años. En concreto, el Rey Don Juan Carlos le entregó el 10 de julio de 1989 el despacho de teniente del arma de Aviación y el 13 el de teniente de Infantería, mientras que el despacho de alférez de navío lo recibió el día 16 de manos de su abuelo, Don Juan de Borbón, por un gesto de deferencia del Rey. También a finales de año se cumplirán 60 desde que Don Juan Carlos terminó su formación militar y recibió los tres despachos en una ceremonia única celebrada en Zaragoza el 12 de diciembre de 1959.

Don Juan Carlos tuvo que vencer en su día la resistencia del Gobierno de entonces -lo presidía Felipe González- a que el Príncipe recibiera formación militar. Es más, hasta el último momento, el Ejecutivo socialista intentó eliminar o reducir al mínimo la formación castrense del Heredero y puso obstáculos a que jurara bandera en la Academia General de Zaragoza. En aquellos tiempos, ocho años después de la restauración de la democracia y cuatro del intento del golpe de Estado de Tejero, el Ejército levantaba sospechas en algunos sectores políticos.

Sin embargo, Don Juan Carlos estaba convencido de que un futuro Rey debía recibir una formación castrense sólida y, además, tenía muy presente lo valiosa y eficaz que fue para él su relación con el Ejército para parar el intento de golpe de Estado del 23-F. Con estos argumentos, logró convencer al Gobierno.

Don Felipe siempre ha mantenido una estrecha relación con las Fuerzas Armadas. Nada más ser proclamado Rey, quiso que uno de sus primeros actos fuera con los militares y la Guardia Civil. «Durante estos casi 30 años he querido ser un compañero más entre vosostros, y así me lo habéis hecho sentir con vuestro apoyo, afecto y lealtad», les dijo.

También en su primera Pascua Militar como Rey, se refirió a su formación militar. «Me presento ante vosotros con el orgullo de vestir el uniforme que os, y que nos, identifica; no importa el color. Así lo he sentido siempre desde que hace casi 30 años lo comencé a hacer de manera efectiva cuando tuvo el privilegio de comenzar mi formación castrense». Y, al referirse a la responsabilidad de asumir el mando supremo de las Fuerzas Armadas, añadió: «Como muchos bien me enseñaron, mandar es servir, y no habrá día en el que deje de recordar este principio, ni deje de sentir una inmensa gratitud y admiración hacia los hombres y mujeres que eligen servir a su patria, a sus conciudadanos».