Fragmento del retrato del Rey, obra de Hernán Cortés, que preside el Salón de Ministros del Congreso de los Diputados
Fragmento del retrato del Rey, obra de Hernán Cortés, que preside el Salón de Ministros del Congreso de los Diputados - ABC
V ANIVERSARIO DEL REINADO

El Rey, referencia de estabilidad en una España convulsa

Cataluña, la Comunidad con más actos de Don Felipe, si se excluye Madrid capital de la nación

MadridActualizado:

Con más canas y arrugas que hace cinco años, Don Felipe celebrará el próximo miércoles el quinto aniversario de su reinado. Y lo hará como empezó, buscando la cercanía de los ciudadanos y rodeándose de personas anónimas que reflejen lo mejor de España. A 40 de ellos les ha citado en el Palacio Real, donde les recibirá acompañado por la Reina, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía. Allí les condecorará con la Orden del Mérito Civil, porque Don Felipe considera que España no solo se engrandece desde las instituciones sino también con el trabajo diario y anónimo de muchos ciudadanos.

Ante todos ellos, y ante el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez -que se sumará al acto-, el Rey pronunciará unas palabras en las que previsiblemente hará públicas sus reflexiones sobre sus primeros cinco años de reinado, que arrancaron con una profunda renovación de la Monarquía para asegurar su continuidad en una España desencantada por la crisis, el desempleo, la corrupción y los comportamientos inmorales. La Corona, dijo entonces el Rey, debe «observar una conducta íntegra, honesta y transparente», porque «solo de esa manera se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones».

Hoja de ruta

A diferencia de los políticos, Don Felipe no necesitó cien días para elaborar la hoja de ruta de su reinado, porque llevaba toda la vida formándose para ese momento y tenía muy claro lo que debía hacer. Cuando tomó posesión del despacho que hasta entonces había utilizado Don Juan Carlos, el nuevo Rey retiró el cuadro del Infante Don Felipe de Borbón, futuro Duque de Parma, pintado por Jean Ranc, y lo sustituyó por un retrato de Carlos III, de Antonio Rafael Mengs. A partir de ese momento, el Monarca ilustrado de vida ejemplar, reformador, amante del trabajo y de la ciencia, presidió su despacho y marcó un camino.

Un mes y nueve días después de la proclamación, el Rey puso en marcha una serie de medidas para adaptar la Corona a los nuevos tiempos y evitar que en el futuro se repitieran los errores del pasado, como el caso Nóos. Dispuso que los miembros de la Familia Real no puedan trabajar en empresas públicas ni privadas, y que únicamente puedan desarrollar actividades institucionales. Reguló los regalos ofrecidos a la Familia Real, que no pueden superar los usos de cortesía o, en caso contrario, son incorporados a Patrimonio Nacional.

Sometió voluntariamente las cuentas de la Casa del Rey a la auditoría de la Intervención General del Estado y se comprometió a su publicación anual. Adoptó diversas reformas internas dirigidas a lograr una mayor transparencia y, en plena crisis, cuando dispuso de su primer presupuesto, se bajó el sueldo un 20 por ciento.

Emisiones cero

También aprobó un Código de Conducta para el personal de la Casa del Rey y adoptó diversas medidas en el Palacio de La Zarzuela para reducir las emisiones y proteger el medioambiente. Así, se instaló la climatización a través de geotermia, la energía térmica con paneles solares para el agua, la iluminación led y los detectores de presencia, y se dotó de vehículos eléctricos a los servicios de mantenimiento y de distribución interna de paquetería.

Además, el Rey apostó por incorporar las nuevas tecnologías a la Jefatura del Estado, a las que ha destinado un promedio de 991.053,64 euros anuales, es decir un 12,7 por ciento del presupuesto, para modernizar equipos, redes y sistemas.

Un tiempo nuevo

También renovó los actos de la Corona, con la incorporación de jóvenes talentos, escritores, científicos, investigadores, músicos, deportistas, cooperantes y representantes de las distintas confesiones religiosas. Convirtió la mesa del comedor de gala del Palacio Real en un escaparate internacional de la gastronomía española por el que empezaron a pasar los chefs con estrellas Michelín. Renovó la música con la que la Guardia Real ameniza las cenas de Estado, y los ecos de Joan Manuel Serrat, La Oreja de Van Gogh o Mecano empezaron a resonar por las galerías de Palacio.

En su primer Mensaje de Navidad, habló de lo que más preocupaba en aquel momento, la corrupción y el paro. «Desempeñar un cargo público no puede ser un medio para aprovecharse o enriquecerse», advirtió.

No llevaba un año como Rey cuando revocó el título de Duquesa de Palma de Mallorca a su hermana, Doña Cristina, que fue absuelta en el caso Nóos pero cuyo comportamiento no estuvo a la altura de lo que se esperaba de una Infanta de España y cuyo marido, Iñaki Urdangarín, fue condenado a cinco años y diez meses de prisión.

Hasta ahora, Don Felipe no ha concedido ningún título nobiliario. Únicamente, ha reconocido a su hija mayor con el Toisón de Oro, que se lo impuso en una solemne ceremonia en el Palacio Real el día que cumplió 50 años. Los únicos condecorados por el Rey son los ciudadanos anónimos que recibieron la Orden del Mérito Civil en el primer aniversario de su reinado y los que la recibirán el próximo miércoles.

Los Reyes también estrenaron con gran ilusión su papel de embajadores y realizaron sus primeras visitas de Estado a Francia y México, en cuyas Cámaras intervino Don Felipe. Y recibieron a sus primeros invitados con brillantes ceremonias, pero aquel ritmo alegre con el que avanzaba el reinado se vio frenado casi de golpe cuando se celebraron las primeras elecciones.

Empieza la complejidad

Por primera vez en la democracia, el voto se fraccionó en cuatro fuerzas, y ninguna de ellas obtuvo suficientes apoyos para formar gobierno. A partir de ese momento, la música de fondo del reinado ha sido el machacante run run de la refriega política. Desde entonces, ha habido tres elecciones generales, un abrupto cambio de Gobierno mediante moción de censura, un único presupuesto, once meses de bloqueo y seis rondas de consulta (Don Juan Carlos hizo diez en casi 39 años).

El Rey estrenó artículos de la Constitución que no se habían aplicado nunca antes, y la Carta Magna dejó ver un vacío legal que no se había advertido en las cuatro décadas anteriores. En cinco años, Don Felipe ha despachado con dos presidentes del Gobierno, ha conocido 36 ministros y ha sancionado muchos reales decretos y pocas leyes. A la enorme sensación de inestabilidad política e, incluso en algún momento, de vacío de poder, se ha sumado un implacable acoso de los separatistas catalanes, que se han mostrado mucho más envalentonados a la hora de vulnerar la ley que las autoridades para hacerla cumplir.

Atentados terroristas

El Rey también tuvo que afrontar los primeros atentados terroristas del reinado, perpetrados en agosto de 2017, cuando unos yihadistas asesinaron a dieciséis personas en Barcelona y Cambrils. Don Felipe y Doña Letizia suspendieron sus vacaciones para visitar a los heridos y decir a Barcelona que no estaba «sola ni nunca lo estará». El Jefe del Estado se sumó por primera vez a una manifestación, en protesta contra el terrorismo, pero el ambiente estaba ya tan contaminado por el sectarismo y la intolerancia de los separatistas, que su odio se impuso sobre cualquier sentimiento humano de solidaridad con las víctimas.

En aquellos días, la Generalitat ya se había instalado en la desobediencia y el separatismo, envalentonado, iba tomando las calles. Dos semanas después, el Parlamento autonómico aprobó las llamadas leyes de desconexión y el 1 de octubre se celebró el referéndum ilegal de independencia. Es muy probable que el Rey nunca se haya encontrado más solo que entonces en los pasillos del poder político.

Don Felipe contemplaba con preocupación el avance separatista y el repliegue del Estado, y lanzaba advertencias: «La Constitución prevalecerá, que nadie lo dude». Pero en aquel momento, aunque ahora resulte inexplicable, ninguno de los tres partidos constitucionales -PP, PSOE y Ciudadanos- era favorable a aplicar el artículo 155 de la Constitución, y el Gobierno de Mariano Rajoy no quería asumir en solitario su aplicación.

El Rey, que había jurado dos veces «guardar y hacer guardar la Constitución», tomó la decisión de intervenir, y así se lo comunicó al presidente del Gobierno cuando el 3 de octubre acudió a La Zarzuela para mantener un despacho ordinario en unas circunstancias extraordinarias. Don Felipe le estaba esperando con unos folios en la mano. Quería dirigirse esa misma noche a los españoles por televisión, y entregó al presidente del Gobierno el texto del mensaje que quería transmitir. Tras leerlo detenidamente, Rajoy asintió y lo refrendó. No le cambió ni una coma y lo único que le preguntó fue si no iba a leer alguna parte en catalán. Pero, en aquella ocasión, Don Felipe ya había valorado esa opción y tenía muy claro que quería dirigirse exclusivamente en castellano.

Fin de la ensoñación

Aquella noche, bastaron seis minutos de discurso para que Don Felipe cortara de un plumazo la ensoñación separatista que había cruzado la línea roja de la ley. Con sus palabras borró también la sensación de vacío de poder y dejó claro a la comunidad internacional que España seguía considerando a Cataluña parte de su territorio. El mensaje de aquel Rey serio, severo y enérgico, como no se le había visto nunca antes, devolvió el ánimo y la esperanza a muchos españoles, y también a muchos catalanes que cinco días después desbordaron por primera vez las calles de Barcelona con banderas españolas y demostraron que hay otra Cataluña posible.

A pesar de la complejidad política que ha acompañado el reinado, el Monarca ha conseguido mantener una buena velocidad de crucero. Todo ello con una Familia Real reducida a seis miembros, y ahora con solo cinco activos -dos de ellos aún menores de edad-, tras la reciente retirada de Don Juan Carlos de la vida institucional. Una salida que ha coincidido en el tiempo con una mayor presencia de la Heredera de la Corona y la Infanta Sofía, que debutarán este año en los premios Princesa de Asturias y Princesa de Girona.

Don Felipe ha asistido a 1.434 actividades en estos últimos cinco años (una media de 287 anuales), ha concedido 1.391 audiencias (278 al año) y ha recibido a 11.623 personas (2.324 al año). La mayor parte de sus actos han sido de carácter institucional (39 por ciento), de relaciones internacionales (19 por ciento), de Economía (11) o Cultura (11).

Si se excluyen los actividades celebradas en Madrid capital de la nación (523), la Comunidad autónoma que ha acumulado más actos del Rey ha sido Cataluña, con 36; seguida de la Comunidad de Madrid, con 35, y de Andalucía, con 32. Cataluña será también el destino de la segunda visita oficial de la Heredera de la Corona, que irá el próximo noviembre a Barcelona a entregar los premios de la Fundación Princesa de Girona.

Además, Don Felipe ha realizado 62 viajes en su reinado, ocho de los cuales han sido de Estado (además de Francia y México, Portugal, Japón, Reino Unido, Perú, Marruecosy Argentina) y ha recibido la visita de 48 jefes de Estado, ocho de ellos también en visita de Estado (Chile, Colombia, Argentina, Israel, Portugal, China y las dos de mandatarios de Perú).

A su lado, la Reina ha asistido a 999 actos (200 de media cada año), ha concedido 160 audiencias (32 anuales) y ha recibido a 3.267 personas (654 cada año). El 39 por ciento de los actos de Doña Letizia han sido institucionales, el 16 por ciento culturales y el 12 por ciento de solidaridad. La Reina ha realizado 53 viajes (cuatro de ellos de Cooperación) y ha participado en 32 de las visitas recibidas de Jefes de Estado. En el caso de Doña Letizia, la Comunidad autónoma que ha visitado en más ocasiones ha sido Castilla y León, con 19 actos, excluidos los celebrados en Madrid como capital de la nación.

El apoyo de Doña Sofía

Aunque cada vez son menos visibles sus actos, Don Felipe sigue contando con el gran activo que supone su madre. A sus 80 años, Doña Sofía sigue dedicada a las causas solidarias, pero ahora lo hace desde su propia fundación. Ayer mismo se plantó unos pantalones vaqueros y unas botas, se fue a Colmenarejo y estuvo limpiando de basura el campo con Seo/BirdLife.

Hija, hermana, esposa, sobrina, nieta y madre de Reyes, Doña Sofía no sabe vivir de otra manera y, aunque ahora no asista a las grandes ceremonias del Estado -sigue acudiendo a la entrega de los premios Princesa de Asturias-, ella continúa yendo de forma privada a actos sencillos, que apenas salen en la prensa y que no figuran en la agenda de la Familia Real que Zarzuela envía todas las semanas a los medios de comunicación. La retirada de Don Juan Carlos de la vida institucional no ha afectado a Doña Sofía, que seguirá representando a la Corona siempre que lo considere el Rey.

Serenidad en la tormenta

Aunque Don Felipe ha mantenido un buen ritmo de actividad institucional, ha sido en esa España agitada y convulsa, en la que los acontecimientos se suceden a un ritmo frenético, en la que el Rey se ha consolidado en apenas cinco años como una garantía de estabilidad, como la referencia que aporta serenidad en la tormentosa vida política y como la autoridad moral a la que el propio Don Felipe se refería el día de su proclamación.

Así se desprende de la encuesta realizada por Gad3 para ABC el pasado verano, según la cual, el Rey ha conseguido la mejor valoración de la Monarquía desde su restauración. La encuesta otorgaba un 75,3 por ciento de popularidad a Don Felipe. Un resultado que supera incluso, en décimas, a los registrados en los mejores tiempos del reinado anterior. Ya lo dijo Don Juan Carlos el día que anunció su deseo de abdicar: «Mi hijo Felipe encarna la estabilidad, que es seña de identidad de la institución monárquica».