Ana Velasco recoge en 2015 la Medalla de la Orden del Mérito Constitucional a título póstumo para su madre, Ana María Vidal-Abarca, quien fuera propulsora de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT)
Ana Velasco recoge en 2015 la Medalla de la Orden del Mérito Constitucional a título póstumo para su madre, Ana María Vidal-Abarca, quien fuera propulsora de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) - Ignacio Gil

La Audiencia Nacional cierra una causa por enaltecimiento sin oír a las víctimas

La juez no ve ningún delito en el tributo al etarra Lopez Abechuco celebrado en Vitoria

MadridActualizado:

Por primera vez, dos víctimas del terrorismo etarra iban a expresar a la Justicia qué sienten cuando la izquierda abertzale homenajea a un etarra del comando que asesinó a sus padres. Ese testimonio iba a ser considerado antes de concluir si el acto fue o no delito, pero sus voces no se han escuchado finalmente. La Audiencia Nacional ha archivado la causa por el tributo al etarra de los años de plomo José Ramón López Abechuco, sin llegar a interrogar a las víctimas, cuya declaración como testigos llegó a estar prevista y señalada dos veces.

A ellos –Ana Velasco Vidal Abarca y Eduardo Lázaro– les cuesta creerlo. Lamentan la «falta de sensibilidad» de la Justicia y sostienen que ese tributo público, en las mismas calles donde Eduardo había paseado «de pequeñito» con su padre, es humillante para las víctimas, su familia y toda la sociedad.

La juez María Tardón cerró el pasado 21 de junio la investigación por el homenaje al histórico etarra López de Abechuco, que recibió un tributo de la izquierda abertzale justo hace un año, el 5 de julio de 2018, después de cumplir 29 años en prisión. El etarra fue recibido en Vitoria, donde tuvo lugar lo que se conoce como un «ongi etorri», un acto para rendirle homenaje.

El terrorista, de 68 años, fue condenado por participar en los asesinatos de los padres de Ana y Eduardo –el jefe del Cuerpo de Miñones de Álava Jesús Velasco, y el comandante del Ejército y jefe de la Policía Municipal de Vitoria Eugenio Lázaro–, ambos en 1980. Los dos crímenes tuvieron lugar en Vitoria. El cierre del caso ha sido recurrido en apelación por la asociación de víctimas Covite, quien presentó la denuncia que originó la investigación.

Cava, flores y un «aurresku»

En el auto de archivo, al que ha accedido ABC, la magistrada considera que el homenaje no cumple los requisitos que exige el delito de apología y humillación a las víctimas. Asumiendo la tesis de la Fiscalía, que pidió el sobreseimiento del caso, la juez sostiene que las acciones del homenaje son «expresiones de satisfacción, solidaridad y deseo de política penitenciaria favorable, así como recuerdo a los presos».

La magistrada explica que el Tribunal Supremo ha marcado un criterio que impide que un homenaje sea delito si no genera un riesgo añadido de que puedan cometerse actos terroristas. Es decir, que es necesario que los homenajeadores pretendan, aunque sea de forma indirecta, mover a otros a cometer delitos de terrorismo. La juez tampoco aprecia que el recibimiento supusiera un descrédito, menosprecio o humillación a las víctimas, necesario para este delito, y alega que no fue un acto preparado, citando informes de la Ertzaintza y la Guardia Civil.

Covite ha recurrido el archivo en apelación y las víctimas denuncian no haber sido escuchadas después de que la Justicia les convocara en dos ocasionesLa juez se apoya en el Supremo para cerrar el caso, al alegar que el homenaje no genera un riesgo de que otras personas quieren cometer actos de terrorismo

¿Qué sucedió aquel 5 de julio? El etarra López Abechuco fue recibido con la consigna que reivindica que los etarras sean llevados «a casa». Tras formarse un paseíllo con ikurriñas y banderas a favor del acercamiento de los presos de ETA, se bailó un «aurresku». Los militantes de la izquierda abertzale le aplaudieron y abrazaron a su paso, al grito de «presos a la calle, amnistía total». Tras recibir una botella de cava y un ramo de flores, el propio etarra manifestó unas palabras. «Todavía hay un montón dentro, ¡a trabajar todos!», dijo.

Las dos víctimas han expresado en conversación telefónica con ABC su tristeza e indignación por esta decisión. «Que decidan archivar un acto de enaltecimiento sin escuchar a los familiares de las personas asesinadas por ese terrorista es una falta de respeto, un desprecio por la Justicia española», considera Ana Velasco Vidal Abarca. Ella era una niña cuando ETA asesinó a su padre, que tenía 47 años y fue tiroteado cuando llevaba a otras dos de sus cuatro hijas al colegio.

En aquel asesinato, López Abechuco participó al confirmar la información recopilada por otros dos etarras al seguir la pista al militar asesinado. Así lo consideró probado la Audiencia Nacional, que le condenó en 1994. Ana lamenta que la Justicia no les haya avisado del cierre, cuando estaban a la espera de la fecha para expresar su testimonio, y denuncia que los archivos están provocando que la sociedad «acepte» estos homenajes».

Eduardo Lázaro, hijo de Eugenio Lázaro, comandante del Ejército y jefe de la Policía Municipal de Vitoria, que fue asesinado por ETA en abril de 1980
Eduardo Lázaro, hijo de Eugenio Lázaro, comandante del Ejército y jefe de la Policía Municipal de Vitoria, que fue asesinado por ETA en abril de 1980 - ABC

Eduardo Lázaro no comprende por qué la magistrada consideró oportuno citarles en calidad de testigos/perjudicados, y luego ha concluido que no hay delito sin escucharles. «Claro que humilla a las víctimas ver a los asesinos de tu padre en público por las calles por donde yo iba con él», reflexiona, tras recordar que el homenaje al etarra (que aportó la información necesaria para asesinar a su padre, al descubrir que solía tomar algo al salir de trabajar) tuvo lugar cerca de la casa de sus familiares. Considera que la Justicia debe poner límites a estos actos en público y alega que el homenaje fue preparado, en contra del criterio de la juez. «Yo me siento herido en mi amor propio», expresa al reflexionar sobre lo sucedido.