Pedro Sánchez, líder del PSOE
Pedro Sánchez, líder del PSOE - Isabel Permuy

Sánchez defendió durante la presidencia de Zapatero la austeridad que ahora critica

El nuevo líder del PSOE, que negó su apoyo a Juncker por ser el «padre» del «austericidio», justificó los recortes del Gobierno socialista

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Pedro Sánchez, en su etapa como diputado de José Luis Rodríguez Zapatero, justificó los recortes del Ejecutivo socialista por la necesidad de cumplir con las políticas de austeridad impuestas por Bruselas. Las mismas directrices que ahora, como líder del PSOE, le han llevado a negar el apoyo de sus sus eurodiputados a Jean-Claude Juncker para la presidencia de la Comisión Europea bajo el argumento de que es el «padre» del «austericidio» que se ha aplicado en «los últimos cinco años» para hacer frente a la crisis económica.

Es en octubre de 2010 cuando se encuentra la primera referencia de Sánchez a la política económica de Zapatero. En aquel «momento complejo», el Gobierno socialista había aprobado un plan de austeridad que contemplaba retrasar la edad de jubilación a los 67 años, una rebaja del salario de los empleados públicos en un 5 por ciento, la congelación de las pensiones, una supresión de la deducción de 400 euros en el IRPF y una subida del IVA. Estos recortes, obligados por las presiones de dirigentes como Angela Merkel y Barack Obama, fueron el origen de una crisis de la que el PSOE aún no se ha recuperado.

El hoy «número uno» del PSOE, en una intervención ante la Comisión de Presupuestos, dijo que las medidas del Ejecutivo socialista eran «creíbles», «como están señalando todos los organismos internacionales». A juicio del diputado, los presupuestos cumplían con «ese requisito de austeridad necesario para reducir el déficit público, para recuperar la senda de la estabilidad presupuestaria y alcanzar en el año 2011 ese 6 por ciento de déficit del producto interior bruto».

Esos presupuestos «austeros», «creíbles» y «coherentes», según Pedro Sánchez, estaban «inscritos en las decisiones de la Unión Europea». Así, calificaba como «muy creíbles para los organismos internacionales y para la Comisión Europea» medidas como el Plan de austeridad de 2011-2013.

«Compartido por los países europeos»

Un mes más tarde, el diputado socialista, que accedió a la Cámara Baja en septiembre de 2009 para ocupar la vacante dejada por el exministro Pedro Solbes, insistía en que el objetivo de reducir el déficit al 6 por ciento era un «objetivo común, no solamente del Gobierno de España, no solamente de las administraciones territoriales, sino también compartido por el conjunto de países europeos».

«Es verdad que para llegar a Roma hay distintos caminos -añadía Sánchez durante su intervención en la Comisión de Presupuestos el 4 de noviembre-. Los defensores por ejemplo del señor Cameron -que también los hay en España- creen que es muchísimo mejor recortar el gasto público en España a golpe de despido, de despido de 500.000 empleados públicos, y otros, como es el caso del Gobierno socialista del señor Zapatero, lo que intentan es ajustar, en un ejercicio de responsabilidad, el sueldo de los empleados públicos para no optar por esa decisión mucho más fácil».

En diciembre de ese mismo año el Gobierno de Zapatero aprobó un nuevo paquete de medidas anticrisis que contemplaba subidas de impuestos al tabaco y el fin de la prestación de 426 euros a los parados de larga duración. Más tarde, en julio de 2011 el Congreso dio luz verde a elevar en dos años la edad de jubilación y, en agosto, el Ejecutivo socialista promovió una reforma exprés de la Constitución para que recogiera la limitación del déficit con el fin de lograr el equilibrio presupuestario, una medida muy criticada por los grupos de izquierda. En este contexto, Sánchez siguió defendiendo la política económica de Zapatero. En un Pleno celebrado el 20 de septiembre, el diputado socialista acusó al PP de «desprestigiar sistemáticamente la situación económica española» y de «difamar al Gobierno».

«No» a Juncker

Sánchez era por entonces un parlamentario desconocido. Accedió a su escaño por la renuncia de Solbes y fue, durante la novena legislatura, vocal en la Comisión de Asuntos Exteriores y de la Mixta para la Unión Europea, así como portavoz adjunto de la Comisión de Política Territorial. En poco más de tres años su discurso ha cambiado radicalmente. La primera decisión de Sánchez tras ganar la secretaría general del PSOE fue obligar a sus eurodiputados a votar en contra del nombramiento de Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea, una decisión criticada en el seno del PSOE.

Ramón Jáuregui, «número dos» en las listas europeas, manifestó públicamente su malestar por la «controvertida» orden de Sánchez, puesto que el grupo socialista europeo había pactado apoyar al candidato de los conservadores. Los socialistas, dijo, tenían «poderosas razones para votar a favor de Juncker», pero finalmente optó por obedecer al nuevo líder del PSOE. Sánchez criticó a Juncker por ser el «padre de las políticas austericidas», y recalcó que los militantes y los votantes socialistas están «en desacuerdo» con lo que se ha hecho los últimos cinco años en Bruselas. El secretario general electo cuestiona ahora que la respuesta a la crisis económica «venga de un candidato que fue presidente del Eurogrupo durante los años duros de la crisis y defendió la austeridad», que resultaron «nocivas» para los países del sur de Europa. La política, mantiene Sánchez, «tiene que recuperar su coherencia».