Las «embajadoras» de Iberdrola posan con las futbolistas de la selección española
Las «embajadoras» de Iberdrola posan con las futbolistas de la selección española - ABC

Mundial femenino«El deporte femenino siempre ha estado ahí, lo que pasa es que ahora estamos mirando»

Seis jugadoras de distintas disciplinas comparten los problemas, decisiones y sacrificios que exige la carrera deportiva a las mujeres que deciden dedicarse a su pasión

ValenciennesActualizado:

El furor que ha levantado la selección femenina de fútbol bien podría extenderse al resto de disciplinas. Y es que, aunque entrenan al máximo nivel y compiten en las categorías más exigentes, ellas no reciben el reconocimiento que merecen, bien porque practican un deporte minoritario, bien porque no son hombres.

En un pequeño restaurante en la localidad francesa de Valenciennes, apenas unas horas antes del encuentro entre España y Alemania en la primera fase del Mundial de fútbol femenino, seis jugadoras hablaron de los obstáculos que tienen que salvar para dedicarse a su pasión. Anabel Medina (tenis), Silvia Araco (voleibol), María López (hockey hierba), Sara Hurtado (danza sobre hielo), Nerea Pena (balonmano) y Bimba Delgado (rugby); estas «embajadoras» del deporte femenino fueron invitadas por Iberdrola a animar a sus compatriotas en tierras galas. De su complicidad se desprende que tan distintas son sus disciplinas como idénticos sus problemas.

«El deporte femenino siempre ha estado ahí, lo que pasa es que ahora estamos mirando», declara Sara Hurtado, bailarina sobre hielo con siete medallas de oro a su espalda, la última, la del Campeonato de España. Sin duda, el creciente empoderamiento de la mujer ha obligado a observar más de cerca a las deportistas de élite, históricamente a la sombra de sus compañeros del sexo opuesto.

Para Anabel Medina, extenista y capitana de la selección Copa Federación, «el cambio vino a partir de los Juegos Olímpicos de Londres, donde hubo muchas más medallas españolas femeninas que masculinas». Este punto de inflexión permitió que se tomara conciencia de la potencia del deporte femenino, hasta entonces «más escondido». Tercera del mundo en dobles, entre las quince primeras en categoría individual y con un total de 35 títulos; Medina es solo un ejemplo de la calidad de resultados de las deportistas españolas. «Lo que necesita el deporte femenino es visibilidad, porque los resultados están, tenemos campeonas del mundo desde hace diez años», asegura la medallista olímpica, que acentúa la importancia de que existan referentes para todas las que vienen detrás.

Una historia que atrapa

El primer paso parece obvio. El aficionado debe ver, conocer y descubrir el deporte femenino. En este sentido, los medios de comunicación son, en parte, responsables. «Tienen que buscar esas historias que siempre hay detrás de cada atleta, que es lo que realmente engancha a la gente», explica Medina. Sin ir más lejos, lo que sucede con la selección femenina de fútbol, una aventura con mayúsculas de superación, o con Carolina Marín, que está batiendo a las chinas en el bádminton, deporte por excelencia del gigante asiático. Y esa historia es el imán de los patrocinadores.

En España estamos malacostumbrados a que haya muy buenos deportistas con excelentes resultados. En palabras de Medina, hay que cambiar el rumbo hacia una «cultura polideportiva», en lugar de una «cultura de campeones». No solo valorar los resultados, sino el esfuerzo y las horas invertidas en esta profesión que apenas les dura media vida. «Somos rentables», afirma Hurtado, el problema es «encontrar gente valiente que apueste por ti, pues cuando necesitas la ayuda es cuando no tienes las medallas colgadas».

Porque en cualquier disciplina minoritaria, las fuentes de ingresos son insuficientes y los patrocinios escasos. María López, una de las jugadoras más veteranas de las RedSticks, la selección femenina de hockey sobre hierba, asegura que, aunque cada vez afrontan los torneos con más recursos y se equiparan a las selecciones que viven de este deporte, ellas, por desgracia, todavía no pueden.

También se trata de salvar la barrera más alta de todas: la televisión. El hockey hierba se retransmite cada cuatro años con los Juegos. «El resto del año desaparece por completo», dice López. Al margen del evento olímpico, en el que la mera pelea por la medalla española atrapa la atención del espectador, sea cual sea la disciplina, el resto de deportes minoritarios apenas existen en la pequeña pantalla. «Si ves a Sara [Hurtado] patinando, te quedas horas mirando, el problema es, ¿cuándo la vemos patinar?», es la pregunta retórica de Medina. «Suele ser en Teledeporte, entre las 3 y las 6 de la mañana, para los desvelados», bromea Hurtado.

Fuga de talento español

Otro problema que bien podría quitarles el sueño es el futuro, esto es, la vida profesional que sigue al final de su trayectoria deportiva. «Nos retiramos con 30 años, sin experiencia en la carrera que hemos estudiado, y las empresas no te dan la oportunidad de seguir ganándote la vida», cuenta Nerea Pena, que ha vestido la camiseta de la selección de balonmano en cuatro campeonatos del mundo y tres europeos, y ahora milita en la Liga húngara. Varios proyectos del Consejo Superior de Deportes están encaminados a que las atletas desarrollen su vida laboral, pero queda mucho camino por recorrer. En Hungría, por ejemplo, las empresas que patrocinan el deporte gozan de un beneficio fiscal y pueden destinar sus impuestos a cualquier deporte. Así es como el balonmano recibe mucho dinero.

No preocupa solo el futuro, sino el presente. «Dedico mis 24 horas del día al rugby, también tengo dos carreras y dos másteres, y no encuentro un trabajo para compatibilizarlo», lamenta Bimba Delgado, segunda capitana de la selección Rugby XV. Porque es complicado que una compañía contrate un empleado que se ausentará dos semanas para competir. «Estoy en la tesitura de que termino la temporada y no sé qué va a ser de mí el año que viene», afirma la andaluza, que ha decidido quedarse en su tierra para fomentar allí el rugby, a pesar de no recibir ninguna ayuda. El panorama de Hurtado tampoco es alentador: «Sobrevivo los principios de temporada gracias a la beca de la Comunidad de Madrid, con alrededor de 4.000 euros», afirma la bailarina sobre hielo.

Ellas quieren competir al máximo nivel, jugar entre las mejores y aprender con excelentes técnicos. Para ello, es común que tengan que marcharse fuera de España. «Nos vamos porque no nos podemos quedar, no solo a nivel económico sino deportivo», asegura Pena, afincada en Hungría. Hurtado, que entrena en las pistas de hielo de Moscú con su compañero de baile ruso Kirill Khaliavin, destaca la falta de preparadores españoles en su disciplina. Por su parte, Delgado rechaza tentadoras ofertas del extranjero: «Estoy diciendo "no" a crecer por aportar en mi tierra, pero esa responsabilidad no debería ser nuestra». Todas coinciden en que partir al extranjero debería ser una opción y no una necesidad.

Faltan mujeres

Hay jugadoras, y muy buenas, pero siguen faltando mujeres en los equipos de trabajo que las arropan, sobre todo, entrenadoras. Pena asegura que las mujeres ocuparán cargos de responsabilidad cuando decidan hacerlo: «Conciliar una vida familiar es complicado, algunas no están dispuestas a hacer ese sacrificio». Otras sí, como Cristina Mayo, quien fuera seleccionadora de balonmano, Amélie Mauresmo, entrenadora del tenista Andy Murray, e incluso Anabel Medina, que preparó a la joven Jelena Ostapenko, dueña de un Grand Slam. «Es importante que entren y que no sea una imposición por el hecho de ser mujer, porque al final nos estamos tirando piedras contra nuestro propio tejado», señala Medina, que ahora ocupa una capitanía.

Que en unos años se hable tan solo de los resultados de los deportistas, en lugar de hablar en femenino y masculino, que las atletas puedan dedicar todo su tiempo a la competición, que tengan oportunidades laborales una vez decidan retirarse… Estas seis deportistas, que comparten anécdotas, problemas, decisiones y sacrificios, reconocen que el progreso lleva tiempo en marcha, pero aún queda un buen trecho por recorrer.