José María Sánchez-Verdú
José María Sánchez-Verdú - ABC
CRÍTICA DE MÚSICA

Ensoñaciones en la Semana de Música Religiosa de Cuenca

El festival se inauguró con «Il giardino della vita», de José María Sánchez-Verdú

Actualizado:

La música de José María Sánchez-Verdú se ha hecho más sutil, más amable, más hechicera. Apenas comienza «Il giardino della vita» y el espectador se sorprende en un espacio en el que los significados se diluyen en una impresión. En el esqueleto está el persuasivo libreto del suizo Filberto Isella; sobre el escenario el teatro de sombras de Controluce; pero es la música la que dirige y arrastra. «Il giardino della vita» es la novena obra escénica de Sánchez-Verdú, se estrenó en Lugano, tras el encargo de 900presente, y acaba de verse en Cuenca inaugurando la Semana de Música Religiosa.

«Il giardino della vita» (****) José María Sánchez-Verdú / Gilberto Isella: «Il giardino della vita». Intérpretes: Rafa Núñez, Eva Higueras, Marga Rodríguez, M. Sánchez Puente. Escolanía Ciudad de Cuenca, Ensemble 900. Director de escena: Alberto Jona. Director musical: Arturo Tamayo. Lugar: Teatro Auditorio de Cuenca. Fecha: 8-IV

La historia hace referencia a Antonio Gaudí, a partir de sus propios temores e inquietudes artísticas, de la niñez a la senectud. El retrato es frágil, dubitativo, entrañable, según lo explica reposadamente el actor Rafa Nuñez. En el caso de la madre todo es más ingenuo porque la voz de Eva Higueras se aniña. El texto se habla mientras la música colorea. Y el argumento fluye horizontalmente, implicado en una estructura formal y una limpia sencillez particularmente encantadora gracias a la presencia de las voces infantiles de la Escolanía Ciudad de Cuenca.

Sería fácil caer en la tentación de la estética del «retorno», pero no es el caso. «Il giardino della vita» sólo es posible si se ha transitado mucho. Lo complejo y lo abstracto tienen peso importante en la obra de Sánchez-Verdú, también las referencias culturales, el explorar territorios nuevos. Esta ópera de cámara da un paso más, aun cuando se mantengan cuestiones de estilo: la espacialización de las voces e instrumentos, una escritura de aparente facilidad y extraordinaria complejidad interior, y la dificultad por encontrar el pulso vital, en Cuenca sensatamente marcado por el director Arturo Tamayo.

«Il giardino della vita» es una fantasmagoría construida escénicamente por el director Alberto Jona. Una sábana sirve para el teatro de sombras: lo negro y blanco vuelve al color de los mosaicos de Gaudí cuando asoma lo infantil. Las cuatro cuerdas que la sostienen son el gesto esencial de la Sagrada Familia. Es la obra inacabada, el gesto melancólico ante un descontento.