Lou Reed, durante su última visita a Madrid en 2012
Lou Reed, durante su última visita a Madrid en 2012 - Isabel B Permuy

Lou Reed, de la tumba al panteón de la inmortalidad

El neoyorquino, fallecido en 2013, ingresa hoy en el Salón de la Fama del Rock mientras su familia reescribe su biografía

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En 1996, pocos meses después de que Sterling Morrison falleciese a causa de un cáncer del sistema linfático, Lou Reed sublimó el ingreso de la Velvet Underground en el Rock And Roll Hall Of Fame de Cleveland descorchando los versos temblorosos de «Last Night I Said Goodbye To My Friend». Le acompañaban John Cale y Maureen Tucker y, entre los tres, sellaron su ingreso en ese panteón de la celebridad llorando la pérdida del cuarto miembro de su antigua banda.

Casi una década después, las tornas han cambiado y Reed, fallecido el 27 de octubre de 2013, será el homenajeado en una nueva ceremonia con la que se quiere reconocer su carrera en solitario. Él será, después de todo, el amigo al que despedirá por última vez Patti Smith, madrina de la Velvet en el acto de 1996 y albacea del autor de «New York» en su ingreso como solista, previsto para esta noche.

Así, cumplidos los rocambolescos criterios del salón de la fama estadounidense, el neoyorquino renueva votos con la inmortalidad y añade un nueva línea de estudio a la historia institucional del rock. Un capítulo repleto de pasión, electricidad y devastación; de cabaret, desolación y canciones memorables protagonizadas por personajes magullados y seres maltratados. Un capítulo que, sin embargo, no escribirá sólo Reed: junto a él también ingresan Green Day, Stevie Ray Vaughan, Ringo Starr y Bill Withers.

Gasolina para la historia

Ah, el viejo Bill. Seguro que a Reed le hubiese agradado ingresar al lado de ese soulman ardoroso que pasó de instalar lavabos en aviones militares a recorrer la cima del estrellato para, acto seguido, esfumarse. La antiestrella por definición, compartiendo protagonismo con el hombre que esculpió en granito el imaginario del rock. Una buena pareja, sin duda.

Casi tanto como la que parece que formaron, al menos en sus inicios, Reed y Betty Kronstad, quien fuera su primera esposa. Y es que, aprovechando la Semana Grande del rockero neoyorquino, Kronstad ha relatado en «The Independent» alguno detalles de su relación. No todos, claro, ya que está escribiendo un libro sobre el tema, pero sí los suficientes como para saber que Reed pasó de «escritor dulce y tranquilo» a «monstruo» en ese abrir y cerrar de ojos que fueron «Transformer» (72) y «Berlin» (73); y que fue ella quien inspiró «Perfect Day» y él quien se acabó perdiendo por el «walk side» vencido por las drogas y el desánimo. «Él quería hacer baladas y canciones de amor, pero el público no quería escucharlas. Si quería ser una estrella, tenía que dar al mundo lo que este quería», escribe.

Pánico y fobias

Un puñado de acotaciones a la biografía de Reed a las que se ha sumado, también esta semana, la hermana del rockero, Merrill Reed Weiner, con una jugosa y reveladora carta sobre la personalidad del músico. «Los ataques de pánico y las fobias sociales lo acosaban. Tenía un temperamento frágil», escribe Weiner en un texto que ahonda en uno de los puntos oscuros de la biografía de Reed: la terapia de electrochoque a la que fue sometido y que el propio artista musicó en «Kill Your Sons».

«Algunos autores han sugerido que la terapia fue aprobada por mis padres, porque Lou había confesado impulsos homosexuales. Demasiado simplista. Estaba deprimido, raro, ansioso y huraño. Mis padres eran muchas cosas, pero no homófobos. No tengo ninguna duda de que lo lamentaron hasta el día de su muerte», explica sobre un turbio «secreto de familia».

«Sorprendentemente, Lou logró vivir sus completos y vibrantes 71 años, a pesar de los muchos problemas emocionales que lo perseguían, aunque fuera su vida. Su carisma, su encanto, su ingenio, su intelecto era innegable. Y, sí, su rabia era letal e implacable», concluye Weiner en una definición que bien podría imprimirse en tamaño pancarta para ilustrar su ingreso en la inmortalidad.