La vida eterna de Lou Reed
Lou Reed en el Festival de Benicassim, en 2004 - abc

La vida eterna de Lou Reed

El músico fallecido completó con The Velvet Underground, desde la Costa Este, Una segunda historia del rock

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En torno a la imagen de Lou Reed y de los ecos de The Velvet Underground, se fue constituyendo una segunda historia del rock en las décadas de los años 60 y 70. La primera, producto de los hallazgos de los grandes de la psicodelia de la Costa Oeste –Doors, Grateful Dead, Jefferson Airplane...- quedaba incompleta hasta que, finalmente, caló la contribución intelectual de las canciones de The Velvet Underground; un preparado sonoro a mitad de camino entre el rock y la música contemporánea.

Aquellas composiciones alimentaron en adelante el desarrollo de una poesía apocalíptica que hizo del artista una torre de alta tensión captando el sentido del rock urbano, como reflejo de su tiempo. En "Berlin", de 1973, halló definitivamente el tono y el espacio de su naturaleza como compositor y como poeta. Y ya no se detuvo nunca. No fue su último viaje a los infiernos, pero sí abandonó definitivamente aquellos paseos primeros por el lado más salvaje de la vida.

El tiempo cambió a Lou Reed. Él, que había probado en sus inicios con el concepto rock-art, fue depurándose en busca de aquello que Jimi Hendrix llamó "The Experience". Cada grabación, cada gira, una experiencia diferente, irrepetible. Mucho más que Frank Zappa en la portada del disco "The man from Utopia", su imagen perdurará como una copia del cuerpo y el rostro del héroe del comic Ranxerox. Se ha ido una pieza seminal en la historia del rock.

LUIS MARTÍN