Sofi Oksanen: «Hasta ahora, la historia siempre la han escrito los hombres»
La escritora Sofi Oksanen, en Madrid, poco antes de la entrevista - ANGEL DE ANTONIO

Sofi Oksanen: «Hasta ahora, la historia siempre la han escrito los hombres»

La aclamada autora finlandesa presenta en España su nueva novela, «Cuando las palomas cayeron del cielo», ambientada en la Estonia ocupada durante la Segunda Guerra Mundial

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En la literatura, como en la vida, no es fácil dar voz a las personas que no la tienen. Mucho más difícil es que esa voz se escuche y llegue a trascender en el día a día de los lectores, personas al fin y al cabo. Pero la escritora Sofi Oksanen (Jyväskylä, 1977) ha conseguido superar ambos desafíos gracias a una obra cuidada, inteligente y poderosa. Como ya demostró con «Purga» (Salamandra), novela que ha vendido más de un millón de ejemplares en cuarenta países, la autora finlandesa siente debilidad por los personajes maltratados por la dura historia que vivió Europa en la segunda mitad del siglo XX.

De ahí que en «Cuando las palomas cayeron del cielo» (Salamandra), la novela que estos días presenta en España, vuelva a echar la vista atrás para poner el foco narrativo en la Estonia ocupada entre 1940 y 1960. Tres personajes (entre ellos Edgar Meos, un oscuro personaje histórico) ven sus vidas arrastradas por el demoledor pulso que los nazis y la Unión Soviética mantuvieron por controlar los países bálticos. Una novela sobre cómo la Historia, la que fue, la que se escribió y la que trascendió, termina convertida en una poderosa arma política.

- ¿De dónde surge la historia de «Cuando las palomas cayeron del cielo»?

- Forma parte de un cuarteto de libros sobre la historia reciente de Estonia. El tema principal de la novela es la época de la ocupación alemana y los cambios que esto produjo en la sociedad, un ámbito que había tratado de forma secundaria en el resto de obras.

- ¿Qué le atrajo de un personaje histórico como Edgar Meos, que llegó estar a las órdenes de cinco agencias de espionaje distintas?

- Tengo que reconocer que hubo un momento en el que pensé que Juudith (la protagonista femenina) fuera el personaje principal. De hecho, el nombre del libro al terminarlo fue «La victoria de Juudith», pero luego volví a mi plan inicial de narrar la historia de los que escribieron la historia oficial de su época.

- De hecho, el libro que pone en evidencia cómo la historia, en función de quién la escribe y cómo se cuenta, puede ser utilizada como arma política.

- Por supuesto que sí.

- ¿Esa historia oficial está escrita siempre por hombres?

- Por supuesto. Estamos hablando de la ocupación soviética y de la historia que se ha escrito sobre ella. Eran hombres quienes escribieron esa historia y, por obligación, el protagonista de esta novela tenía que ser un hombre. Pero, ¿qué puede pasar en el futuro, en los próximos cien años? Yo espero que esa situación cambie, porque hoy en día, la propaganda la escriben tanto hombres como mujeres. Si dentro de cincuenta años alguien se pone a estudiar quién escribe hoy en día la propaganda de la Rusia actual, pues es posible que sean mujeres.

- ¿Cuál es la herencia más amarga que la ocupación soviética dejó en los países bálticos?

- En realidad, no se puede destacar una sola cosa. Hablamos del sufrimiento de una sociedad entera, de lo que sufrieron todos sus habitantes, tanto como personas como desde el punto de vista material, con la pérdida de todas sus posesiones. No se puede separar lo individual del conjunto. Es como si nos preguntáramos cuál fue la consecuencia más grave del nazismo… es imposible. Si comparamos una y otra ocupación, efectivamente podemos hablar de números y los destrozos de la ocupación soviética, tanto en número de víctimas como de propiedades, fueron muchos mayores porque duró cincuenta años.

- Hábleme del arquetipo de la Judith bíblica, en el que se inspira el personaje femenino del libro.

- Desde pequeña, me ha interesado el libro de Judith en la Biblia. Es un personaje muy peculiar y diferente a otras mujeres de la Biblia. Es una mujer independiente, una viuda joven que, con su actuación, salva a su pueblo de la ocupación de las tropas invasoras. También está representada en la época del Renacimiento barroco de una forma muy activa, e incluso agresiva. Hoy en día, los investigadores de la Biblia aseguran que el libro de Judith es, en realidad, la primera novela histórica que existe porque incluye hechos y ficción.

- ¿Se considera una autora feminista? ¿Le molesta la categorización?

- Soy feminista, pero no me considero una escritora feminista.

- ¿Debe trascender la ideología de un escritor a la esfera pública?

- En realidad, mis opiniones políticas no trascienden del texto, igual que no trasciende mi opinión sobre el feminismo. Luego, fuera de mi obra, yo puedo haber expresado opiniones e, incluso, los lectores pueden interpretar mis libros de una forma determinada. El escritor tiene una posición privilegiada, sin jefes, sin cultura de empresa, sin disciplina de partidos, y, por ello, tiene la obligación de defender la libertad de palabra y, a través de ella, todas las libertades que la hacen posible.

- Después de haber escrito de episodios tan dolorosos de la historia reciente europea como la invasión soviética y el nazismo, ¿cómo ve usted a la Europa actual?

- Desgraciadamente, la historia se repite y no aprendemos de ella. En la Europa de hoy, vemos cómo los valores conservadores se están desarrollando de forma extrema. En distintos países, estamos llegando cada vez más a ultranacionalismos. Hay países en la antigua Europa oriental como, Bielorrusia, Hungría o Ucrania, que se están convirtiendo en dictaduras.

- A través de su obra, intenta dar voz a los que no la tienen. ¿No tiene la sensación de que en nuestra sociedad cada vez hay más gente que tiene menos voz?

- El mundo está cambiando. Antes, teníamos una especie de historia común y consensuada, todo el mundo contaba la misma historia. Ahora, estamos yendo cada vez a una mayor diversificación. Tenemos el problema de la ultraderecha, que de algún modo intenta cambiar la historia y busca medios para negar los hechos. Un buen ejemplo es quienes aún niegan el Holocausto. Otro ejemplo, no tan drástico, es lo que sucede en Finlandia, donde se habla de actitud crítica contra la inmigración, contra la raza, las etnias, en vez de hablar de racismo, que es lo que realmente es. Por tanto, hay una verdad distinta, diversificada.