Benjamín Prado (Madrid, 1961)
Benjamín Prado (Madrid, 1961) - Juan Manuel Serrano Arce
LIBROS

«Los treinta apellidos»: vuelve el Juan Urbano, de Benjamín Prado

El escritor madrileño recupera a su personaje más reconocido en la historia de una saga familiar presidida por la ambición y los negocios sucios desde sus inicios hasta hoy mismo

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La obra de Benjamín Prado (Madrid, 1961) es una de las más variadas y sugerentes de su generación. A su primera condición de poeta, adscrita en la órbita de Vicente Gallego, Amalia Bautista y Aurora Luque, con obras como «Un caso sencillo», «El corazón azul del alumbrado», «Cobijo de la tormenta», «Todos nosotros», «Iceberg», «Marea humana», «Ya no es tarde»... hay que considerar su curiosa producción como ensayista, donde abunda en temas muy variados y de largo alcance: desde «Siete maneras de decir manzana», que se yergue como una defensa del género lírico, lo que es de agradecer, a los bellos retratos que realizó de Carson McCullers, María Teresa León, Karen Blixen, Marina Tsvetáyeva y Anna Ajmátova en «Los nombres de Antígona», pasando por una biografía de Carmen Laforet, así como una autobiografía centrada en la relación que mantuvo conRafael Alberti, «A la sombra del ángel. 13 años con Alberti».

Crónica de actualidad

Y, desde luego, de lo más notable de su obra prosística, los libros de aforismos, «Pura Lógica», «Doble fondo» y «Más que palabras», género que le va muy bien, al modo de anillo al dedo y donde sigue la espléndida estela de predecesores suyos, como Ramón o el Eugenio d´Ors más luminoso y menos barroco. Letrista de canciones, colaborando con músicos como Joaquín Sabina o Coque Malla, Benjamín Prado alcanzó cierta notoriedad, sin embargo, con la novela, como por otra parte es lo habitual, con títulos tales como «Raro», su primera narración, que tuvo cierto eco en Latinoamérica, «Nunca le des la mano a un pistolero zurdo» y la muy interesante «Dónde crees que vas y quién te crees que eres», o «No sólo el fuego», que retoma la muy actual revisión de ciertos sucesos oscuros de la Historia más reciente de España y que proseguirá en libros como «Mala gente que camina», donde aparece su personaje Juan Urbano, o «La nieve está vacía».

«Los treinta apellidos», su última novela, vuelve a este personaje recurrente, que ya se había paseado en «Mala gente que camina», «Operación Gladio» y «Ajuste de cuentas». Juan Urbano, un personaje muy bien trazado, permite al autor mezclar, en feliz resolución, la ficción, la documentación periodística y la crónica de actualidad, géneros que interesan a Benjamín Prado: es un habitual de los medios de comunicación, prensa escrita, radio y televisión.

Rama perdida

Esa dedicación de Benjamín Prado otorga a estas novelas cierta calidad y verosimilitud de la que suelen carecer otras del mismo jaez, pues las narraciones de Prado suelen ajustar muy bien la información con la trama del «thriller» y, a la vez, la luminosa frase que debe mucho a su condición de poeta, pero donde, el autor, sabiamente, sabe prescindir de cualquier tentación lírica dando prioridad a aquello que deseaba Paul Valéry: convertir la palabra poética a la precisión de la prosa.

«Los treinta apellidos» es, además, una novela de impronta donde la sátira está presente de manera harto delicada: imaginemos una familia de alta alcurnia, con su rama perdida en ese maravilloso y presentable árbol genealógico, vale decir, su lado de bastardía, y que ese lado de bastardía, preterida de antemano, de pronto adquiere cierto interés por parte de los legítimos. Es decir, comienzan a interesarse por la hija esa que tuvo el abuelo, y que ese interés por aquella rama perdida -perdida por desidia y prejuicios de clase-, tiene que llevar a que un personaje como Juan Urbano sea contratado para investigar sobre esa rama perdida. Pero, claro, no toda la familia está de acuerdo con ello, hay una parte, los más prácticos, convencionales e implacables, que siguen en sus trece...

Ni que decir tiene que la trama le ha servido a Benjamín Prado para dar cuenta, una vez más, como ya hiciera en títulos anteriores, de los aspectos más oscuros, turbios y ocultos en las supuestas reverberaciones más luminosas de los ilustres apellidos y esto lo ha llevado a cabo con buena prosa, con una trama eficaz y una verosimilitud que tiene mucho de verdad histórica.