Manuel Vilas
Manuel Vilas - José Ramón Ladra
LIBROS

«Ordesa», la verdad de Manuel Vilas

El novelista y poeta nos entrega su trabajo más personal. Un libro de familia, en el que repasa su vida y nos sumerge en la España del desarrollo, del «Un, dos, tres», del tergal

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Manuel Vilas ha escrito «Ordesa» en estado de gracia. De muchos modos la literatura puede conectar con la verdad. Y, curiosamente, aunque pueda parecer lo contrario, la escritura autobiográfica no suele facilitar que ese encuentro funcione. Hay varios autores que han entregado recientemente libros que sí lo han logrado. « El joven sin alma» de Molina Foix, «Clavícula» de Marta Sanz, «La mirada de los peces» de Sergio del Molino, «Duelo» de Halfon, por citar los que más me han impresionado.

Vivimos muy buen momento de la escritura memorialista. «Ordesa» impone además una originalidad que es muy rara y que radica, con independencia de que esté soberbiamente escrita, en que no es una verdad ensimismada, es decir, que Vilas habla de la vida. Aunque lo haga de su vida, ésta termina siendo menos importante que la vida de los otros. Ha convertido el suyo en un libro que tiene a la muerte como arranque y auténtico «leitmotiv». La muerte de sus padres, de sus tíos, un libro de familia amarillento, que sin embargo le trasciende, y consigue ser también la muerte de aquella España a la que creemos no pertenecer. Es la España de los pueblos, de la clase media baja, de quienes sufrían viendo a sus padres disfrutar con «Un, dos, tres», y Kiko Ledgard. La España del desarrollo, de Telefunken o el tergal, la de la máquina de juegos del millón. La muerte de los padres ha tenido en la literatura una presencia sobre todo judía. Son los que mejor lo han sabido hacer. Albert Cohen, Amos Oz, Philip Roth.

Héroe sin atributos

Es raro en un escritor en español no judío (Halfon lo es). Vilas ha alcanzado una curiosa manera de abordar el asunto de la elegía, que tiene en la ironía judía su fuente. Se ríe, trata la muerte con una mirada mediterránea, sureña, casi sarcástica, que por un momento parece irreverente y termina arrancando poesía de la cotidianidad. Hay mucha cotidianidad en este libro, cuyas confesiones le ocurren a un héroe sin atributos, casi avergonzado de decirse vulgar. Quizá lo haga porque sepa que la manera más directa de arrancarle verdad a las cosas es aceptarlas en su lado no heroico. Y que lo más poético pasa en la calle. Puesto que cito a ese otro poeta que lo advirtió, diré que se nota mucho y para bien que Vilas es poeta.

Hay mucha cotidianidad en este libro, escrito por su autor en estado de gracia

Y no lo digo por los poemas que incluye al final o porque sea conocido en ese género, sino porque su mirada sobre todo lo que cuenta no es la del realismo de lo evidente, sino la de quien busca el lado paradójico, que se desenvuelve también en un estilo en que el ritmo de los sucesos se acompasa no a lo que ocurre sino a lo que dice sobre lo que le sucede. Es como si Vilas hubiera hecho un comentario exento de angustia sobre la angustia de las influencias, que también puede justificarse a la manera de exorcismo. Quizá porque este libro haya querido contar ese puente insalvable entre padres e hijos que solo pueden ver los padres y alcanza a los hijos únicamente cuando han dejado de serlo.

«Ordesa» me ha parecido por tanto una obra sobre la frontera de la vida o al menos ese momento en que uno sabe que tiene que entregar a los otros el testigo en una carrera de relevos. Aparte de su mirada paradójica otro logro tiene que ver con su estructura aparentemente desatada. Va hacia atrás y hacia adelante, se mueve por impulsos que no dejan de ser narrativos, pero que parecen provenir del encuentro con las cosas, bien sea de niño tímido, de adulto divorciado, de borracho no melancólico, de padre que no sabe qué hacer (con la acertada exclusión del papel de amante o de marido).

Y ese encuentro es el de quien alcanza a ver la vida como no solía hacerlo. Eso es visión de poeta. «Ordesa» es un libro de familia donde importan las filiaciones, aunque también haya que decir que se deben a haber nacido en un hogar pobre, de pueblo casi grande, donde lo social es una red nunca protectora. Otros libros escribirá Vilas, pero para mí será por mucho tiempo el autor de «Ordesa».