Vicente Molina Foix (Elche, 1946)
Vicente Molina Foix (Elche, 1946) - AAron
LIBROS

«El joven sin alma»: Molina Foix, felices y desdichados novísimos

Los años de formación de un hombre que amó y de un buen escritor. Así se define la última novela de Molina Foix

Actualizado:

Con la novela epistolar «El abrecartas» alcanzó Vicente Molina Foix la cumbre de su carrera como prosista. Y «El joven sin alma» podía haber significado otra cima. Esta vez de una obra autobiográfica que quiere su literatura ir pergeñando, sin atreverse del todo al riesgo de ese género. Lo de menos resulta el juego del yo como otro con el que comienza su libro. Ya sabemos que el yo es una máscara y que su verdad esconde siempre pliegues imaginarios. Pero Vicente Molina Foix, que es escritor de talento, y que en esta obra ha dejado variadas muestras de él, debería haberse atrevido con la autobiografía, que es lo que finalmente termina siendo su falsa novela. Tanto la novela de formación, el «bildungsroman» que su libro acaba siendo, como la autobiografía comparten la necesidad de seleccionar de una vida aquello que permanece en el recuerdo personal, bien del personaje, bien de la persona que escribe, que aquí coinciden. Y puesto que coinciden, ¿qué necesidad había de una ficción que no es?

Terenci Moix, que con su nombre verdadero de Ramón es coprotagonista de este libro (muy a pesar del propio libro, por lo que luego diré), dejó escritas muchas novelas, pero quedará en la historia de la literatura mucho más que por ellas, como autor de una autobiografía que dio en el «El peso del paja» su grito más cálido. «El joven sin alma» es la autobiografía de los años de infancia y de formación como escritor de Molina Foix. Y todo lo que tiene de ambos lados es bueno, diría que muy bueno. Me han parecido excelentes las páginas de la niñez y los años escolares en el colegio de jesuitas La Inmaculada en Alicante.

El lujo de una generación como no hubo otra en España, con Barcelona de buque insignia

Es magnífico el descubrimiento del cine en los cines, la indefinición de la sexualidad, ese pasmo ante la vida de un joven sin atributos que va percibiendo solo lo que no quiere ser, sin saber realmente quién quiere ser. Y el descubrimiento del mundo por la vía del grupo de amigos catalanes, pero antes de las células comunistas madrileñas, en sus primeros años de estudiante. El lujo de una generación como quizá no haya habido otra en España, con Barcelona de buque insignia, porque era en cierto modo el París peninsular, lo que más se parecía al futuro.

Pálpito magnífico

Todo lo que ese libro tiene de ese pálpito es magnífico. También la liberalidad sexual, el comportamiento desinhibido en lo particular siendo así que en lo social era prohibido y tenía que esconderse hasta tener que quemar las cartas del amante en 1969, con los placeres prohibidos en años de excepción política, pero de efervescencia vital y cultural. Por haber contado muy bien todas estas cosas la obra es señera. No lo es en la menudencia, cuando se pierde en los dimes y diretes, los celos de amantes, las proximidades y lejanías con Ramón y unas cartas reproducidas que lastran la novela, porque no van más allá de la anécdota de rivalidades y de amantes que se reprochan.

Igual ocurre con las sesiones y lances poéticos del Grupo de los Seis prenovísimos, junto con Ramón (Terenci Moix) con Pedro (Gimferrer) Ana María (Moix) Guillermo (Carnero), Leopoldo (Panero), que harán felices a los historiadores de la literatura, pero ¿cuántos somos? y ¿qué queda realmente? Eso a pesar de las soberbias páginas de la evocación final de Ana María, que han logrado el tono literario adecuado, cuando olvidados quedan los mohines de Ramón. Tenemos los años de formación de un hombre que amó y de un buen escritor. En muchos momentos las dos vetas se unen. Y cuando ocurre el libro es espléndido.