Neil Gaiman en una reciente visita a España
Neil Gaiman en una reciente visita a España - ÓSCAR DEL POZO
ENTREVISTA

Neil Gaiman: «Usamos la fantasía desde hace miles de años para dar sentido a nuestro mundo»

Autor de culto para los amantes de la literatura fantástica, el creador de «Coraline» y del revolucionario cómic «The Sandman» presenta ahora una versión ilustrada de la que para muchos es su obra maestra, «American Gods»

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Neil Gaiman no se ha deshecho de los posos de asombro que quedan tras el final de la infancia, algo que habría sido casi normal después del éxito arrollador que ha tenido como autor de literatura fantástica en diferentes frentes, desde el cómic -género que contribuyó a revolucionar con la famosa serie The Sandman- a la novela infantil y de adultos, pasando por los guiones para el cine y la televisión. Nacido en Hampshire, Reino Unido, en 1960 (actualmente vive cerca de Mineápolis, Estados Unidos), casado con la cantante neoyorquina Amanda Palmer, el multipremiado Gaiman está en las oraciones de millones de aficionados a este tipo de literatura, ávidos por leer unas narraciones donde la mitología nórdica, el mundo onírico y el terror gótico se dan la mano en un ejercicio de imaginación sin límites. Se permite el asombro, sí, pero no la ingenuidad, para la que utiliza el antídoto de la ironía, y le molesta no tener el control sobre su universo -el real y el fruto de su invención-.

Establecer un vínculo

«¿Autor de culto? Es fantástico escuchar eso», comenta a ABC Cultural con cierto pudor. «Aunque no estoy seguro de que lo sea después de vender tantos libros», añade, como si el éxito comercial estuviera reñido con esa distinción. «Si el público me considera un autor de culto me parece genial, porque implica que la gente que conoce mi trabajo y se encuentra tendrá algo en común, algo de que hablar para establecer un vínculo, y eso es emocionante. Hace tiempo, en el mundo anglófono, no había término medio: o los lectores nunca habían oído hablar de Neil Gaiman o era su autor preferido. Cuando estos últimos se encontraban, decían: ‘‘No he conocido a nadie al que le guste este tipo, así que hablemos de él’’. Eso para mí es lo mejor de ser un autor de culto».

Acaba de reeditarse la que para muchos es su mejor novela, American Gods (Roca), esta vez en su versión definitiva y extendida, en un lujoso volumen ilustrado por Dave McKean. En este libro, que ganó todos los premios importantes del género (Hugo, Nebula, Locus y Bram Stoker), los viejos dioses, que viajaron a América junto al aluvión migratorio que se extendió durante milenios y cuyos poderes han menguado por el paso del tiempo y el abandono de los creyentes, libran una guerra sin cuartel contra los nuevos ídolos que forman parte de la tecnología moderna. En la misma editorial se han publicado Los hijos de Anansi, El océano al final del camino y, también, adaptaciones gráficas de El libro del cementerio o Coraline.

Para algunos críticos, la literatura fantástica sigue arrastrando el sambenito de género menor. Un mero entretenimiento para evadirse. ¿Qué opina al respecto?

Es como escuchar voces de un pasado lejano. Sería como preguntar: ¿era Jorge Luis Borges un escritor menor? ¿O Kipling? ¿O Shakespeare? ¿Los escritores de literatura fantástica son menores? No lo creo. Una de las cosas más bonitas de haber sido nominado para el Nobel de Literatura alternativo 2018 de The New Academy [organismo creado por figuras destacadas de la cultura en Suecia tras la suspensión del premio oficial por los escándalos sexuales y de corrupción] es que nadie decía que yo era un escritor de literatura fantástica y, por tanto, no debería recibir el premio. Cuando Kazuo Ishiguro -autor, no lo olvidemos, de El gigante enterrado- ganó el Nobel en 2017 nadie dijo «¡eh, un momento!, esa es una novela de fantasía, y la anterior -Nunca me abandones- era una distopía». Estamos en 2019 y vivimos en un mundo de ciencia ficción. Usamos la fantasía desde hace miles de años para dar sentido a nuestro mundo. Ya no me encuentro, al menos en el entorno anglosajón, críticas que afirmen que la ficción debe ser mimética para ser válida o que el realismo mágico no es una ficción formal legítima. ¿Se sigue hablando de eso en España?

Parte de la crítica, sí.

Me resulta extraño porque el español está progresando mucho y gran parte del realismo mágico está escrito en esta lengua.

«Cuando oigo que la fantasía es literatura menor, me pregunto: ¿Era Borges un escritor menor? ¿O Kipling? ¿O Shakespeare?»

Escritor de cómics, de novelas infantiles y para adultos, guionista... ¿En qué papel se encuentra más cómodo?

Contando historias. Eso es una alegría para mí. Nunca me he considerado un autor de cómics que, a veces, se permite escribir novelas, o un novelista para adultos que se permite escribir libros para niños. Me considero un narrador de historias. En la cocina de un restaurante puede haber varios tipos de chef, y también hay cocineros que les gusta guisar, en general, y alimentar a la gente. Yo soy de los segundos.

Las referencias literarias son constantes en su obra. ¿Cuáles son sus escritores favoritos? ¿Qué impronta han dejado en usted autores como J. R. R. Tolkien, C. S. Lewis o Chesterton, por ejemplo?

Creo que, probablemente, Chesterton y C. S. Lewis tienen una mayor influencia en mi obra que Tolkien. El autor de Las crónicas de Narnia porque era una obsesión, sin duda mi escritor favorito cuando tenía siete u ocho años. Admiraba cómo unía las frases y pensaba: «Es fantástico, mira cómo escribe, quiero hacerlo así algún día». Chesterton, por su parte, influyó en mi manera de pensar, en las cosas que puedo hacer con el lenguaje. Me encanta la obra de Tolkien, pero nunca he deseado hacer eso. Sería como querer ser una cascada o una montaña. Leo El Señor de los Anillos y me digo: «Esto es un fenómeno natural».

Alan Moore, el guionista de «Watchmen», «From Hell» y «V de Vendetta», y usted son dos escritores ingleses que han revolucionado el lenguaje de los cómics. ¿Qué piensa del trabajo de Moore y de la huella que ha podido dejar en su novela gráfica icónica, «The Sandman»?

Lo que hizo Alan fue increíble. Me enseñó que es posible tratar cualquier cosa que hagas con respeto e inteligencia. Y también cómo se escribe el argumento de un cómic. De joven leía la obra de Will Eisner -historietista estadounidense, creador de The Spirit-, pero eso era todo. Hasta que descubrí el trabajo de Alan, y pensé: «Esto es hermoso, es brillante». Creo que hay partes de Alan en Orquídea negra, mi primer cómic, y estoy seguro de que encontrará su huella en la primera historia de The Sandman, pero cuando terminé esa novela gráfica estaba disfrutando el hecho de explorar mi propio universo.

La mitología nórdica es una de las claves de bóveda de sus escritos. De hecho, en su obra «Mitos nórdicos» la abordó de forma directa.

Me encanta desde que era niño y disfrutaba de los cómics de Jack Kirby. De ahí pasé a leer Myths of the Norsemen de Roger Lancelyn Green. Cuando me preguntaron si me gustaría hacer mi propia versión, reflexioné mucho sobre ello, pero finalmente acepté. No esperaba que fuera un éxito de ventas internacional. Fue una sorpresa muy agradable. Eso demuestra que la gente tiene hambre de mitología, hambre de historias.

En el sur de Europa conocemos mejor la mitología griega y romana. Usted ha explorado esos caminos en «The Sandman», pero ¿ha pensado en un libro específico sobre la mitología clásica mediterránea?

Un poco, aunque ya hay excelentes estudios. Ese territorio siempre forma parte de la diversión para mí, es un fantástico lugar en el que estar. Stephen Fry, por ejemplo, ha publicado recientemente dos obras: Mythos: The Greek Myths Retold y Heroes: Mortals and Monsters, Quests and Adventures.

«Me fascina lo dispuesta que está la gente a dejar de pensar y dedicar su tiempo y su culto a cosas que no lo merecen»

«Somos viejos dioses en este mundo sin dioses», dice uno de los protagonistas de «American Gods». ¿Vivimos hoy en un mundo en el que los dioses de plástico, internet, las tarjetas de crédito, etcétera, han sustituido a los dioses tradicionales?

Me fascina lo dispuesta que está la gente a dejar de pensar y dedicar su tiempo, su atención y su culto a cosas que, probablemente, no lo merezcan. Deberíamos reflexionar sobre eso.

¿El hombre como ser espiritual está desapareciendo?

Es difícil saberlo. La espiritualidad es algo muy personal. Parece que la religión organizada pierde ventaja, pero no estoy seguro de que las cosas que la están sustituyendo sean mejores.

Los sueños también forman parte de sus relatos. Están muy presentes en «American Gods» y, por supuesto, en «The Sandman». No se confunden con la realidad: a veces parecen más importantes que la propia realidad. ¿Por qué decidió meterlos en su equipaje literario?

Me encantan los sueños. Me parece mágico pensar que vivimos cada día en la realidad y cada noche, en nuestros sueños, en silencio, hablamos con los muertos, viajamos a lugares donde nunca hemos estado, nos convertimos en personas que no somos y hacemos cosas que no podemos. Si dejas las experiencias oníricas fuera de la ficción, estás prescindiendo de una parte enorme de la condición humana.

Ha tratado el tema de la infancia en algunas de sus novelas, como «El libro del cementerio» y «El océano al final del camino». ¿Siente nostalgia de ese tiempo?

Me gusta recordar mi infancia, aunque eso no significa que quiera regresar allí. Echo de menos algunas cosas, pero no la sensación de impotencia. No echo de menos la evidencia de que, siendo niño, es imposible tener poder sobre tu mundo, y me gusta tener poder sobre mi mundo.

«Si apartas las experiencias oníricas de la ficción, estás prescindiendo de una parte enorme de la condición humana»

«Coraline», que fue adaptada al cine por Henry Selick (experto en dirigir películas de «stop motion» como «Pesadilla antes de Navidad») es un cuento de hadas bastante tenebroso. Ese lado oscuro abunda en las narraciones infantiles, tanto en novelas como en el cine (los filmes de Tim Burton, por ejemplo).

Me parece que si hablamos de «cuentos de hadas con un lado oscuro» hablamos, propiamente, de cuentos de hadas, sin más apellidos. Si lees los relatos de los hermanos Grimm o cualquiera de las historias infantiles clásicas, siempre corres el riesgo de morir o de que te coman, siempre hay un precio que pagar, o un monstruo, o una bruja. Hay una princesa que huye del reino de su padre vestida con una piel de asno para evitar un matrimonio incestuoso. Y mire, sin ir más lejos, lo mal que lo pasan Hansel y Gretel.

También podríamos incluir las películas de Disney.

Walt Disney solía ser criticado por ser aterrador. No intentó «limpiar» Blancanieves ni Pinocho, hizo su propia versión y, desde luego, son películas muy oscuras. Si no hay un lado oscuro, no tienes historia, o tienes una historia que nadie se va a tomar en serio, sobre todo los niños. Los niños son mucho más perspicaces en lo que se refiere al mal que nosotros.

Tiene 2,5 millones de seguidores en Twitter y se muestra muy activo en las redes sociales. Hay quien piensa que constituyen una manifestación de auténtica democracia, pero en ellas también hay un «lado oscuro» en forma de manipulación o de noticias falsas, ¿no es cierto?

No creo que las redes sociales sean una democracia. La democracia representa, básicamente, la idea de que alguien tiene un voto para cambiar las cosas. Todas esas redes son empresas privadas gestionadas para que la gente se ponga en contacto y para conseguir beneficios. Twitter no es más una democracia que Tinder, Cupid o Facebook. Me gusta tener acceso a 2,5 millones de personas, porque si estoy haciendo algo interesante, se lo puedo decir. Cuando era un escritor joven, si participaba en una firma de libros dependía totalmente de la capacidad de la librería para organizar el evento. Era posible encontrarme con 300 personas esperando o con una única persona. Y no podía hacer nada al respecto. Ahora me entusiasma informar a mis fans a través de Twitter. La tienda ya no tiene que promocionar la firma de ejemplares. Se lo puedo decir a la gente directamente, y acudirá.

Imagen de «Coraline», la adaptación al cine de la novela de Gaiman
Imagen de «Coraline», la adaptación al cine de la novela de Gaiman

Algunas de sus obras más emblemáticas, como «Stardust» o las ya mencionadas «Coraline» y «American Gods», han sido adaptadas al cine o a la televisión. ¿Está satisfecho con el resultado?

A veces. Son lenguajes diferentes. Estoy muy satisfecho con la adaptación de Buenos presagios [la primera novela publicada por Neil Gaiman junto a Terry Pratchett, fallecido en 2015], en la que he ejercido de showrunner, es decir, de productor ejecutivo y guionista principal. Es diferente cuando lo único que puedes hacer es escribir el guion, porque no tienes opinión con respecto a otras cosas. El arte tampoco es una democracia. Creo que tuve mucha suerte con Coraline. Henry Selick hizo un gran trabajo.

¿En qué ha cambiado Neil Gaiman desde que escribió «The Sandman» a finales de la década de 1980?

¿Me está preguntando si una versión de Neil Gaiman de 58 años es diferente de una versión de 27 años? Sí. Comparten el mismo nombre y algunas de las mismas partes del cuerpo. Pero estoy seguro de que pensamos y nos interesan cosas diferentes. He vivido más tiempo de lo que ha vivido aquel joven, he tenido más experiencias... Aunque echo la vista atrás, le miro y le admiro, porque sigue teniendo razón en muchas cosas.

¿En qué está trabajando actualmente?

Ahora mismo sigo trabajando en Buenos presagios, haciendo televisión de la manera que quiero, para que cuando en una próxima entrevista me pregunte sobre la adaptación de mis obras a ese medio, pueda decirle por fin: «Lo he escrito, estuve en el plató todos los días y estoy muy orgulloso de ello».