«Regiones de España» (Sorolla) en la Hispanic Society
«Regiones de España» (Sorolla) en la Hispanic Society - J. Pinlac
LIBROS

Archer M. Huntington contra los clichés tóxicos sobre España

Una excelente biografía del filántropo, hispanista y poeta Archer M. Huntington, fundador de la Hispanic Society of America

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El exotismo ha hecho y hace tanto daño a España y a los españoles que pocos se atreven a estudiar los orígenes y trayectorias de quienes han fabricado la imagen de la anomalía española. La colección de frases rimbombantes que todavía algunos estúpidos celebran, desde «el país meridional donde las pasiones multiplican los delitos» ( Montesquieu), a «el último buen país» (Hemingway), da para una antología de chistes, si no fuera por las consecuencias dramáticas que acarrean. Entre ellas, autocolonialismo y negacionismo de la nación española.

El componente tóxico de estas ideas de anomalía de España no se puede desdeñar. Por eso, darle la vuelta al espejo, retratar al fotógrafo, quitarle el velo al mirón, resulta un ejercicio de normalización y coherencia. La autora de esta formidable biografía no solo lo ha logrado, sino que ha escrito un capítulo de historia cultural que nos faltaba. Nada será como antes, en la medida en que saber que Archer M. Huntington (Nueva York, 1870 - Bethel, Connecticut, 1955) fue hijo natural y único en una familia disfuncional, que fue educado por tutores y no fue a la universidad, o que su pasión por España surgió como emanación de una personalidad brillante, pero desocupada, es relevante.

Arte y mecenazgo

Nada resulta gratuito o casual. El nicho en el cual se desarrolló la inicial hispanofilia de Huntington fue el romanticismo orientalista de los Prescott, Borrow y compañía, pero él se acercó tanto a la llama de España que, a diferencia de otros, desde curiosos impertinentes a bobos de solemnidad, acabó por quemarse. Como prueba este libro, muy bien escrito, Huntington relegó el catecismo romántico y no solo le interesó el paisaje, sino sus habitantes. La pasión dirigida a edificar un museo en mitad de Nueva York, la futura «Hispanic Society», abierta en 1904, fue consecuencia natural del impulso coleccionista. Desde cierto momento, este dio paso al mecenazgo y a la búsqueda de una versión nueva del objeto amado. La extraordinaria relación de Huntington con su amigo Sorolla, al que encargó la famosa «Visión de España», una serie de 14 lienzos pintados entre 1912 y 1919, merece colocarse al lado de otras fundamentales de la historia del arte, como la del papa Julio II y Miguel Ángel, solo que en versión laica y orientada a un optimismo vivencial que, sospechamos, era la compensación de Huntington por su amor a España.

Huntington relegó el romanticismo y no solo le interesó el paisaje español, sino sus habitantes

Ese episodio central de su vida y obra se trata en la segunda parte de las cuatro en que está dividido el volumen. De 1870 a 1898, «Huntington in-Progress», abarca sus primeros veintiocho años de vida, hasta la guerra hispano-estadounidense. La segunda, «Huntington in-Motion», en movimiento, hasta 1930, apunta su encaje con el regeneracionismo y la Generación del 14. La tercera, «Huntington in-Crisis», presenta a un hombre maduro, entre 1930 y 1947, inerme ante las convulsiones bélicas y la desaparición de su mundo de belleza y equilibrio.

Finalmente, «Huntington in-Memory», que concluye con su muerte en 1955, se aproxima a un anciano achacoso y aislado que unos y otros intentan manipular sin éxito. En la negativa de Huntington a dejarse identificar con una de las dos Españas, prestó su último servicio al país que fue su razón de vivir.