El arquitecto, en una imagen de archivo
El arquitecto, en una imagen de archivo - ABC

Muere, a los 87 años, el arquitecto Javier Carvajal

Entre sus obras más célebres se encuentra la polémica Torre de Valencia en la calle Alcalá de Madrid. Fue decano del Colegio de Arquitectos de Madrid y ejerció diversos cargos públicos

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La Torre de Valencia en Madrid o el Pabellón de España en la Exposición Internacional de Nueva York de 1964, por el que obtuvo el Primer Premio otorgado por el Instituto de Arquitectura Americano, son algunas de las obras del arquitecto Javier Carvajal, que ha fallecido hoy en Madrid. Considerado como uno de los arquitectos más destacados en la España del siglo XX, la capilla ardiente de Carvajal, nacido en Barcelona en 1926, quedará instalada en el Tanatorio de Pozuelo de Alarcón.

Javier Carvajal comenzó en Barcelona una carrera que finalizó en Madrid con Premio Extraordinario en 1953, cuando fue vicecomisario primero y comisario adjunto de Arquitectura en la II Bienal de Arte de Sao Paulo (Brasil). Entre 1972 y 1974 desempeñó la dirección de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, a petición del entonces ministro de Educación, Villar Palasí, y ese último año asumió la Cátedra de Proyectos en la Escuela de Arquitectura de Navarra.

Catedrático de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid y ex director de la de Barcelona, Carvajal Ferrer fue nombrado en 1968 decano del Colegio de Arquitectos de Madrid, cargo para el que salió reelegido en 1973. Ejerció además diversos cargos públicos, como la secretaría de la Comisión de Enseñanza del Consejo Superior de Arquitectos (1966), la Comisaría-Delegada del Ministerio de Educación y Ciencia para la Reforma de las Enseñanzas de Arquitectura en España (1968) y la Dirección General de Promoción del Turismo (1973).

Su mayor satisfacción, la docencia

A lo largo de su carrera recibió numerosos premios, como la Medalla de Bellas Artes (1960), la Cruz de Caballero de la Orden de Isabel la Católica (1964), el Premio a la Mejor Arquitectura Internacional de la Feria Mundial de Nueva York (1964), el Premio Fritz Schumacher de la Universidad de Hannover a la Mejor Arquitectura Europea (1968), la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (1973) o el Premio del Colegio de Arquitectos a la Mejor Arquitectura de Madrid (1980). En 2002 fue galardonado con el X Premio Antonio Camuñas de Arquitectura en reconocimiento al conjunto de su obra arquitectónica y su trayectoria docente y profesional.

Entonces se consideró que su obra era una referencia para entender la arquitectura española de la segunda mitad del siglo XX y se valoró también su labor docente, en la que «ha desarrollado un estilo de pensamiento». En esta labor docente, Carvajal creó escuela, siendo un profesor que, sobre todo, supo enseñar a pensar con independencia. Con motivo de la entrega del mencionado galardón, Javier Carvajal reconoció que a pesar de su intensa labor como arquitecto, «de todo lo que he hecho en mi vida lo que más satisfacción me ha dado, con gran diferencia, ha sido ser profesor de la Escuela».

Un humanista

Para Carvajal Ferrer, la arquitectura no era tanto arte o técnica «sino humanismo. Los arquitectos somos humanistas al servicio del hombre, al que queremos hacer feliz. Si sólo fuésemos técnicos o artistas, nos quedaríamos mancos. Nuestra mayor satisfacción es que las personas nos digan que son felices en las casas que hacemos. En la Escuela procuramos que se trabaje en ese espíritu de humanismo».

Enamorado de su profesión, reconoció entonces sentirse feliz por los proyectos que hizo a lo largo de su vida. Uno de estos proyectos, y sin duda el más polémico en su momento, fue la Torre de Valencia: «Nunca lo entendí demasiado. Uno se queda asombrado de que se creen estas situaciones. Fue un buen proyecto en su momento y ahí sigue».

La Biblioteca de la Facultad de Derecho (Madrid), la Biblioteca Central (Navarra), el Edificio Adriática (Madrid), la Escuela de Comercio (Barcelona), la Biblioteca Imperial de Teherán, la sede en Madrid de la Organización Mundial de Turismo o el colegio Cardenal Cisneros, también en Madrid, son algunos de sus numerosos trabajos, aunque de lo que más orgulloso se sentía era de las viviendas de niveles medios, «en las que piensas que la gente puede ser feliz».