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La ambición de los gigantes digitales pone en alerta a los sectores clásicos

La diversificación de empresas como Google o Facebook y el auge del comercio electrónico impulsan nuevos negocios en compañías tradicionales

MadridActualizado:

Internet no entiende de divisiones sectoriales. La flexibilidad de la Red ha permitido que las empresas nativas digitales puedan invertir (y en ocasiones desinvertir) en industrias que inicialmente les eran ajenas. Hace pocos años era impensable que Facebook ofreciera servicios financieros. Casi tanto como ver un supermercado físico de Amazon.

Las empresas «tradicionales» parecen haber aceptado el reto. Han modernizado sus automatismos, realizando una inmersión total en el mundo digital sin perder de vista sus negocios tradicionales.

España no escapa a esta tendencia. «Las compañías nacionales esperaron un poco para lanzarse al mercado digital, pero en los últimos años han realizado una conversión relevante, especialmente las más grandes», explica José Luis Zimmermann, presidente de la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital).

La economía digital crece a un ritmo de dos dígitos anuales en España. Según un informe de Competencia, el comercio electrónico creció un 16,3% interanual en el tercer trimestre de 2016, lo que le permitió alcanzar los 6.166,8 millones de euros. Agencias de viajes, transporte aéreo y prendas de vestir fueron las compras digitales preferidas por los españoles.

También las competencias de los trabajadores está cambiando. Cada vez son más requeridos nuevas habilidades adaptadas a este nuevo entorno. «Más que un cambio de soporte, internet está generando un cambio de perfil entre los trabajadores de las grandes empresas. Se está produciendo un cambio de mentalidad importante para lograr adaptarse y evitar quedarse atrás», añade Nacho de Pinedo, cofundador y presidente del Instituto Superior para el Desarrollo de Internet (ISDI).

El Corte Inglés planta cara al crecimiento de Amazon

Cuando fue fundada, hace ya casi un cuarto de siglo, Amazon no se llamaba Amazon y solo vendía libros. La plataforma, inicialmente bautizada como Cadabra por Jeff Bezos, comenzó a crecer cuando cambió su nombre y diversificó su negocio. Tras los libros llegó la música. Después las películas. Y tras ellas, cualquier tipo de producto.

Lo que inicialmente se constituyó como una amenaza para la industria cultural sacude actualmente sectores como la distribución o la logística. Ejemplo de ello ha sido el lanzamiento de «Amazon Prime Now» -un servicio de entregas a domicilio de alimentos frescos en menos de una hora- en Madrid el año pasado, que ha desencadenado la apuesta definitiva por la omnicanalidad de las grandes empresas del sector.

El «órdago» no tardó en ser respondido. El Corte Inglés extendió, en diciembre, el servicio «Click&Express» a todos sus centros comerciales. Este servicio permite la entrega a domicilio de una compra realizada por internet en menos de dos horas o en la franja de tiempo escogida, independientemente del lugar de origen.

Carrefour por su parte, incrementó el año pasado su oferta de productos frescos vendidos a través de su página web, que cuenta con más de 500.000 referencias. La cadena francesa completa, tras Amazon y El Corte Inglés, el podio de las tres empresas de distribución más utilizadas en España a la hora de hacer la compra por internet. Sin embargo, otras empresas como Mercadona, líder del mercado, ya han anunciado que reforzarán este segmento.

El presidente de la compañía valenciana, Juan Roig, ha escogido a su hija Juana para relanzar la estrategia de comercio electrónico del grupo. La empresa pretende revolucionar su página web y hacer rentable la venta por internet.

La entrada de nuevos «players» puede reforzar el crecimiento de un sector muy competitivo. Un informe de la consultora Statista constata que Amazon lidera el comercio electrónico en España tras generar 871 millones de euros en 2016. Sin embargo, El Corte Inglés sigue de cerca a la multinacional americana en segundo puesto con unos ingresos de 651 millones de euros.

Las «telecos» toman el mando de la televisión

La televisión de pago se ha convertido en el nuevo campo de batalla de las operadoras de telecomunicaciones, los gigantes estadounidenses de internet y los grupos audiovisuales. Para todos ellos, los contenidos representan además de un negocio para explotar, la mejor tarjeta de presentación para sus clientes. En España, es una realidad. En un evento con la plantilla a principios de octubre del año pasado, el presidente de Telefónica España, Luis Miguel Gilpérez, dejó claro un mensaje: «Nuestro producto estrella es la televisión». La operadora «per se» ha sabido desplazar su negocio desde las antiguas centrales telefónicas a los platós de televisión.

Lo cierto es que la evolución de la TV de pago en los últimos tiempos parece mostrar el creciente peso de este negocio en el conjunto de las operadoras. Así, las tres grandes «telecos», Telefónica, Vodafone y Orange cerraron 2016 con algo más de 5,50 millones de clientes de televisión de pago, alrededor de un 13% más que a la conclusión del año anterior.

Fuentes del sector destacan que buena parte de estos nuevos clientes están vinculados a las ofertas convergentes, que incluyen banda ancha, móvil y televisión de pago.

Tecnología «financiera»

Al presidente de BBVA, Francisco González, nadie le puede negar el haber sido el banquero más visionario del sector. De hecho, desde hace años insiste sobre la imperiosa necesidad de cambiar el modelo de negocio tradicional de una industria que «se ha quedado obsoleta». Es más, se ha dejado fagocitar por otras grandes empresas... no financieras. Y es que junto al temor por la aparición de las «fintech», los gigantes de la tecnología amenazan el negocio de entidades tradicionales con novedosos sistemas de pago, servicios de préstamos o sociedades de inversión.

Facebook, Apple o Google han mostrado desde hace años un mayor apetito por ampliar sus hasta hace nada tradicionales líneas de negocio aprovechando su gran imagen de marca, sus millones de seguidores alimentados por las redes sociales, y sus capacidades en cuanto a recursos tecnológicos y financieros.

Y los primeros movimientos ya se han dado, lo que prácticamente ha obligado a la banca a reaccionar también. Así, el año pasado se lanzó Bizum, un servicio de pago electrónico conjunto del sector español para hacer frente a la competencia del pago por móvil que llega por tierra, mar y aire: desde fabricantes de móviles (Samsung Pay o Apple Pay), operadores (Vodafone Wallet) o los gigantes de Internet (Android Pay, Google Pay o Facebook).

Si bien los expertos ven aún muy lejano un Facebook Bank o un Google Bank -ya que explican que ninguna de estas firmas estaría dispuesta a soportar el peso regulatorio actual del sector- las empresas han demostrado su clara intención de adentrarse en el mundo de las finanzas. Y mientras Facebook aspira a liderar los pagos entre particulares a través de Messenger (servicio por el que ya puede operar en España como entidad de dinero electrónico), Samsung pay o Apple Pay buscan liderar los pagos al comercio. También, con el servicio de pago Android Pay de Google, o su monedero virtual Google Wallet, es posible enviar y reclamar pagos a través del correo Gmail en EE.UU. y Reino Unido.

De momento, las empresas que han puesto un pie en las finanzas no han supuesto una gran amenaza para el sector. Sus funciones no son exactamente las mismas, ya que ahora sería imposible domiciliar la nómina en Facebook, por ejemplo. Sin embargo, esta amenaza se está dando dentro de un contexto en el que convive la operativa digital con la tradicional, por lo que habría que esperar a ver qué ocurre si la tecnología se acaba imponiendo.