CRÍTICA DE MÚSICA CLÁSICA

El «Réquiem» de Verdi, por la OCNE: fe y compromiso

La formación concluye su temporada bajo la dirección de David Afkham

David Afkham
David Afkham - Ignacio Gil
ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE - Actualizado: Guardado en: Cultura Música

Concluye la temporada de la Orquesta y Coro Nacionales de España con la «Messa da Requiem» de Giuseppe Verdi, que aún se interpretará el miércoles en el Festival de Granada. Aunque en Madrid se ha presentado este fin de semana bajo el título «Una misa, no una ópera», todo es dudoso ante una obra que no se integra en la liturgia, que no acaba de materializar una narración y que extraña a la continuidad sinfónica: «hablo por hablar», dijo Verdi, convencido de la ambigüedad de los géneros y tras conocer «Le Villi», la primera ópera del joven Puccini.

«Réquiem» de VerdiIntérpretes: Aga Mikolaj, Marina Prudenskaya, Saimir Pirgu, Christopher Purves, Orquesta y Coro Nacionales de España. Dirección: David Afkham. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. Fecha: 30-V
Desde esa perspectiva desapasionada crece en importancia la interpretación dirigida por David Afkham: limpia, clara, ordenada, dotada de una muy interesante cohesión formal (frente a una obra tan propensa a la fragmentación), una robusta certeza rítmica y un comedido acento dramático. La complicidad de la Orquesta Nacional se hizo notar en la intimidad del arranque y en el crecimiento hacia los momentos culminantes. También la calidad del coro, en una tarde, la del viernes, especialmente afortunada.

Pero la complejidad del «Requiem» va más allá de la voluntad personal del director. Anunciadas las cantantes Camilla Nylund y Veronica Simeoni, fueron sustituidas por la soprano Aga Mikolaj y la mezzo Marina Prudenskaya. La primera cantó resuelta en lo lírico y corta en el «squillo»; la segunda, de voz grave y arrestos, atacó el «Lacrimosa» con exceso de inacción. El tenor Saimir Pirgu trae de nuevo a Verdi y su sentencia ante el trabajo de un cantante: «le falta ser actor». Su elemental propuesta musical destacó, sin embargo, sobre la irregular contribución del barítono Christopher Purves, la voz no siempre homogénea y el mensaje descomprometido. Hubo que esperar al «Sanctus» y su relevante intervención coral para que la obra volviera a remontar el camino hacia un final brillante.

Y aún cabe observar el espectáculo desde otra perspectiva en un día con móviles, toses, un cierto y extraño nerviosismo entre el público, incluyendo a una espectadora abandonando el asiento de tribuna al borde del desmayo. Circunstancias adversas que, más allá de la anécdota, añaden mérito a la sólida propuesta de Afkham y la OCNE.

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