Fernando del Paso muestra, orgulloso, el Premio Cervantes
Fernando del Paso muestra, orgulloso, el Premio Cervantes - EFE

Fernando del Paso, una catedral de letras mexicanas

Elena Poniatowska, premio Cervantes 2013, elogia a su compatriota, «uno de los mayores escritores mexicanos»

(ESCRITORA, PREMIO CERVANTES 2013)Actualizado:

Fernando del Paso es una catedral de letras, desde su primer libro, «José Trigo», publicado en México en 1966. En todas sus bien documentadas y extraordinarias novelas ha recibido la ayuda de su esposa, Socorro Gordillo, quién le hizo fichas y lo apoyó en cada momento, así como le ayudó a recuperar el habla después de su primer infarto. La literatura se convirtió, desde el primer momento, en su terapia intensiva y su vida entera ha girado en torno a la palabra. Autor de «José Trigo» (ferrocarrilero), «Palinuro de México» (estudiante de medicina), «Noticias del Imperio» (el amor de Maximiliano y Carlota, emperadores de México) y «Linda 67, historia de un crimen», Fernando del Paso ha escrito poesía y ha llenado todos sus textos de dibujos que llaman la atención de grafólogos y psiquiatras.

Siempre vestido como un dandi, con trajes estupendamente bien cortados, colores resplandecientes y cachemires notables, Fernando del Paso mantiene su crítica contra un gobierno inepto y corrupto que le ha quitado grandeza a nuestro país: México. En sus ensayos, en sus críticas políticas, Del Paso no deja títere con cabeza. Cada trabajo salido de su pluma causa impacto y se convierte en una guía moral ya que Del Paso habla de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y los asesinados de Tlatlaya y condena todos los actos de barbarie del actual gobierno mexicano.

Tuve el privilegio de entrevistar en muchas ocasiones a Fernando del Paso, que jamás soñó que «Noticias del Imperio», su novela sobre Maximiliano y Carlota, tuviera la respuesta que tuvo. A propósito de ello, Fernando Del Paso me dijo en alguna ocasión: «No relato o retrato sólo a un personaje. “Noticias del Imperio” no es el esbozo, por así decirlo, de un personaje, sino que trata de algo mucho más complicado. Mi novela es Carlota, es Maximiliano, es Benito Juárez, es todo lo que provocó la Intervención Francesa, es algo más que la vida de Maximiliano o la vida de Carlota, o la vida de Juárez. Yo podría escribir la historia de uno solo de ellos, quizá de Carlota, que es uno de los personajes que más me atrae, pero lo que pretendí hacer fue mucho más grande y mucho más complejo. De todos mis personajes, por quien siento verdadera compasión es por la Emperatriz que zarpó de Mirarmar. Pobre Carlota, cómo sufrió, cómo aguantó. Además, yo siento que Maximiliano y Carlota querían a los mexicanos, y fueron también víctimas de las potencias europeas, títeres ambiciosos (sobre todo Carlota era la ambiciosa), muñecos en las manos de los egoísmos de Napoleón III, muñecos de trapo que la historia hace picadillo. Nada es tan patético como ese retrato de Carlota a los ochenta y seis años sobre su lecho de muerte en el Castillo de Bouchot, abandonada por todos, en una mansión, en la cual no había cerradura y sólo la cuidaban sirvientes que no le tenían la menor simpatía. Tiene un rosario entrelazado en las manos y una horrible gorrita de esas que se usaban antes para dormir, y su expresión, sin embargo, es juvenil. Dicen que muchos locos conservan la juventud».

«Sabes, Elena, que si Carlota enloqueció muy joven, a los veintiséis años, murió sesenta años después, a los 86 años, en 1927, que es el año en que Al Jonson hace la primera película de habla, sí, la primera película hablada y Carlos Lindberg atraviesa el Atlántico».

–Por lo tanto, Fernando, (repuse) habría la posibilidad técnica de que Carlota, ya viejita, y toda envuelta en encajes, a los 86 años y con su gorrita de dormir, regresara a México en avión para deslumbrarnos a todos.

–Sí, (ríe), había esa posibilidad. Es increíble ¿verdad?

–¿Y no se te ha ocurrido escribirla?

–Yo no podría inventar más alrededor de eso porque le restaría valor a lo que de veras sucedió, porque en la propia «Historia del Imperio» hay anécdotas más truculentas, surrealistas, grotescas y fantásticas que el regreso de la Emperatriz Carlota en avión, en los veintes o los treintas...».

Fernando del Paso es uno de los mayores escritores mexicanos, un digno merecedor del Premio Cervantes, conferido antes a Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco y otros grandes que seguramente lo obtendrán en el futuro, como es el caso del extraordinario Juan Villoro.